EFEParís

El crecimiento de la violencia en América Latina, amparado en los discursos políticos demagogos que proliferan en el mundo, ha motivado que se levanten "muros" a las libertades, simbolizados en el que quiere construir el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con México.

Así lo denunció hoy la organización Amnistía Internacional (AI) en la presentación de su informe anual, en la que afirmó que América Latina es "una de las regiones con más desigualdades y violencia", en palabras de su responsable para esa región, Geneviève Garrigos.

"La retórica de la discriminación, la misoginia, la xenofobia,... no ha sido utilizada solo por Trump. También otros están protagonizando esos discursos, que van a convertir a los refugiados y a otras minorías en el blanco de la violencia", dijo Garrigos a Efe tras la presentación del informe en París.

AI considera que los riesgos de división que genera la retórica del "nosotros contra ellos" tiene consecuencias particularmente graves en América Latina, donde los sistemas judiciales son frágiles y de difícil acceso y donde hay un "uso desproporcionado de la fuerza" contra todos aquellos que se oponen al poder.

La región es una de las que registra el mayor número de homicidios del mundo: 108 por cada 100.000 habitantes en El Salvador, por ejemplo, o 30.000 en los once primeros meses del año pasado en México, un 10 % más que en el anterior, indicó.

A ello se suman, según Garrigos, "los arrestos arbitrarios y la tortura generalizada en casi todos los países", que sirven por un lado para "mantener a los partidos en el poder, pero, por el otro, favorecen al crimen organizado".

En ese contexto, el muro que anuncia Trump en la frontera sur de su país no hará más que "agravar una situación que ya existe".

"Cada vez que se construye un muro, no se impide a la gente que pase al otro lado, lo dificulta y hace que su aventura sea más peligrosa y más cara, lo que alienta el tráfico de seres humanos", señaló Garrigos.

La responsable de AI para América Latina auguró una situación similar a la que actualmente se vive en el Mediterráneo y que ya se registra en México.

Según sus datos, en la frontera sur mexicana se han contabilizado 400.000 personas, de las que la mitad tendrían derecho al asilo por proceder de zonas en conflicto donde sus vidas corren peligro, pero que son "detenidas en situaciones dramáticas" o expulsadas a sus países tanto por las autoridades mexicanas como por las estadounidenses cuando logran pasar la frontera.

El muro no será, para Garrigos, un antídoto contra la inmigración irregular, pero sí servirá para estigmatizar a esa población y situarla en el centro de la violencia.

La responsable indicó que "los Gobierno no están mejorando los derechos humanos de los ciudadanos" y, por contra, ha reculado mucho la situación de los defensores de esos derechos en América Latina.

"Por ejemplo, es la región más peligrosa del mundo para los defensores de los derechos humanos ambientales", indicó Garrigos, que recordó el caso de Berta Cáceres, asesinada en Honduras el 3 de marzo pasado, o de la argentina Milagros Salas, encarcelada en su país desde principios de 2016.

Las mujeres, los colectivos homosexuales o transexuales, las minorías indígenas o los descendientes de africanos son algunos de los que más sufren el deterioro de los derechos en la región.

Pese al pesimismo generalizado, el informe de AI recoge dos hechos positivos, el acuerdo de paz con la guerrilla en Colombia y el restablecimiento de las relaciones entre EEUU y Cuba impulsado por el anterior inquilino de la Casa Blanca, Barack Obama.

Pero ambos hechos no están exentos de problemas, puesto que en el caso cubano se mantienen los ataques a la libertad de expresión y asociación, mientras que en Colombia no se ha afrontado el de la impunidad de aquellos que cometieron violaciones graves de los derechos humanos.

En este segundo país, Garrigos afirmó que el año pasado fueron asesinados 75 defensores de los derechos humanos y líderes comunitarios.

Luis Miguel Pascual