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Russian Red llegó a la música por amor a un hombre, usando sus canciones para conquistarlo, y por amor a otro la abandonó en mitad de una gira internacional hasta que, unos años después, ha retornado con "Karaoke", un nuevo disco en el que reencuentra su voz a través de voces ajenas.

"Me había desencantado un poco de la música", reconoce a la primera de cambio Lourdes Hernández, la mujer detrás del pseudónimo artístico de uno de los valores más pujantes de la música alternativa española, en una charla con Efe por el lanzamiento de su cuarto trabajo de estudio.

Su fuga del negocio, explica, llegó cuando conoció a su marido, el empresario inmobiliario Zach Leigh, y decidió "comprometerse con esa verdad". Con una vida laboral y emocionalmente estable ya no daba para más aquel manantial compositivo de la "chiquilla con el corazón roto" que alumbró "I love your glasses" (2008), "Fuerteventura" (2011) y "Agent Cooper" (2013).

En aquel entonces la música "era todo lo que hacía y podía cumplir los plazos de entrega". Pero después, en una exploración de sí misma, empezó a dividir su tiempo entre otras facetas, como la de actriz (a la espera de proyectos) o, sobre todo, la de gestora de una antigua iglesia de Los Angeles reconvertida en espacio para eventos.

"Para mí la música ahora es mucho más impulso y necesidad que oficio. Esa también ha sido mi búsqueda en este impás: qué quiero hacer en la música y cómo", cuenta Hernández, quien considera que "de vez en cuando hay que cuestionarse las cosas para volver con más fuerza".

Sin una multinacional encima que le marcara los tiempos, han sido dos años los que ha necesitado para fraguar "Karaoke" (Holy Cuervo), autoeditado, producido por su cuñado, Aaron Leigh, y por su expareja, Brian Hunt, e integrado por versiones de temas que componen su ADN musical, del "Shout" de Tears for fears" a "Don't you want me" de The Human League.

"Cumplí 30 años y de repente me cuestionaba la necesidad de contar mis historias. Estas canciones me ayudaban a canalizar las emociones, la energía y necesidad de cantar como si fuesen mis propias composiciones", indica.

El título es "un guiño irónico" a una estética que "le quita importancia al hecho de ponerse delante de una canción de Queen, por ejemplo", explica la artista, que también se llevó a su terreno el "I want to break freak" de la exbanda de Freddie Mercury.

Un karaoke fue, además, el lugar donde comenzaron a forjarse estas canciones y el espacio que empezó frecuentar cuando hace años fijó su residencia en Los Angeles. "No conocía a nadie y ese era un sitio donde me podía encontrar a menudo con la misma gente haciendo algo que era mío, cantar, como un elemento de arraigo", rememora.

En sus nuevos temas puede apreciarse el "refrito" de todas las influencias de juventud, sobre todo las directas, en composiciones de los años 80 y 90 (como "All that she wants" de Ace of Base), y las heredadas de las escuchas de otros, por ejemplo las maternas, de ahí que en su "I'll stand by you" de Pretenders se perciba cierto influjo de Mina.

"Ya no se escuchan estribillos así. Cuando te haces mayor, experimentas la música de otra manera y no se aprende lo mismo de una canción en cuanto a sentimientos. Esto era como un intento desesperado de recuperar esas sensaciones", añade.

El próximo 25 de mayo volverá a subirse a unas tablas para cantar. Será en la sala Barts de Barcelona y, unos días después, el 2 de junio, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Javier Herrero