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  • Manuel Retamero, de Libia a Mongolia con un salvoconducto llamado Clemente
  • Madrid, 4 ene (EFE).- Manuel Retamero comenzará en abril un nuevo reto al frente de un equipo de fútbol. En febrero viajará a Mongolia para sentarse en el banquillo del Ulaanbaatar City, un club por el que ha firmado después de trabajar en Libia, Bahreim, India y Estados Unidos. Pero, hasta llegar a Mongolia, Retamero ha pasado por muchas experiencias inolvidables.

    El técnico vallisoletano fue futbolista antes que entrenador. Jugó en categorías menores del fútbol español antes de iniciar un trabajo en el que se califica como un "obrero de los banquillos". Desde abajo, poco a poco, fue escalando desde las inferiores del Valladolid hasta el Cuéllar, el Arces, el Simancas, el Betis Vallisoletano y el Íscar. Y, después, hizo las maletas, para marcharse fuera de España.

    LIBIA: ARMAS, CONTRASTES Y JAVIER CLEMENTE

    Su lista de viajes comenzó en 2014, cuando aterrizó en Trípoli para convertirse en el director técnico de la cantera del Al-Ittihad, el club más laureado de Libia. Con 39 años, y lejos de su casa, comenzó una historia en la que sufrió algunos sobresaltos pero muchas satisfacciones. De hecho, de todos los países en los que trabajado, dice que de Libia guarda muy buenos recuerdos.

    Después de la muerte de Muamar Gadafi en 2011, justo en 2014 comenzó una guerra que aún hoy continúa. Y, en medio de esa guerra, también había fútbol. De hecho, Javier Clemente, por aquella época, era el seleccionador nacional de Libia, que le trató como a un auténtico Dios porque dio un vuelco positivo a la dinámica de un equipo deprimido.

    En Trípoli, Manuel Retamero se encontró en una ciudad en la que las armas estaban casi en cada esquina. Incluso en su hotel, ubicado en el centro de la capital, había siempre un kalashnikov en la recepción. Y, el ruido de las armas se escuchaba de vez en cuando para que no se olvidara que Libia estaba viviendo un conflicto.

    "Nuestro club estaba justo al lado el parlamento, donde estaban todos los problemas del país. Durante un partido, escuché dos o tres tiros y de repente cruzaron el campo tres personas huyendo. Una, estaba coja con un disparo en la pierna. Y el partido, jugándose", relata a EFE.

    Los despistes también podían salir caros. Por ejemplo, un paseo nocturno, un hábito que podía ser normal en muchos países, no lo es en Trípoli. Hacerlo es arriesgado y, por eso, Retamero siempre procuraba andar por la ciudad a la luz del día. Pero, un día, se le hizo tarde en una cafetería y tuvo que regresar de noche al hotel.

    "Volví andando -recuerda- porque los taxis son peligrosos. Hay que tener cuidado. Si llevan las lunas tintadas no había que montar porque te secuestraban, así que caminé hasta el hotel. Una persona me llamó en árabe con una voz agresiva y eché a correr. Te aconsejan que no corras, porque si lo haces, piensan que has hecho algo. Me siguió y conseguí perderle de vista hasta el hotel. Salía mucho a pasear y desde ese día, no salí en un tiempo".

    También fue testigo de una reyerta en la que se vieron pistolas, estuvo en un complejo que días después fue bombardeado, corrió por la misma playa por la que fueron asesinados 21 egipcios y, sobre todo, tuvo que aguantar muchos controles de policías oficiales y no oficiales con ganas de obtener algo a cambio para permitir el paso de los vehículos en los que viajaba Retamero.

    Para esos sobresaltos, había tres palabras clave que abrían puertas: español y Javier Clemente. "Veían español en el pasaporte y primero preguntaban Barcelona o Real Madrid. Y después me hablaban de Clemente. Decían 'mia mia', que en árabe quiere decir cien por cien, que todo estaba bien y me ponía el pulgar hacia arriba. Era un salvoconducto, sin duda. Allí Clemente es como un Dios".

    Una oferta de Bahrein acabó con una aventura en Libia en la que ejerció de maestro con chavales que no tenían ni botas para jugar y que vivían en casas fabricadas con palos y chapas. Se veía la pobreza, se olía el peligro, pero Retamero aprendió una lección de vida que siempre lleva consigo allá por donde va.

    LUJO Y DECEPCIÓN EN BAHREIN, TRIUNFO EN LA INDIA

    En Bahrein vivió dos etapas. La primera, como seleccionador sub-19 y director deportivo de la federación de ese país. La segunda, después de una escala en Estados Unidos y en la India, como entrenador de un equipo de Segunda División, el Budaiya. Y, de nuevo, vivió el contraste de un país que aparentemente brillaba como el oro.

    "El lujo existe, pero hay diferencias. La del árabe con mucho dinero y luego la clase social baja, gente que escapa de países por lograr una vida mejor y que tienen sueldos bajísimos, unos 100 euros por trabajar muchísimas horas. Son de Tailandia, Bangladesh, países africanos... creen que encuentran la felicidad en un país muy rico pero optan a puestos muy bajos con muchísimas horas y no tienen ni un día libre".

    En su segunda etapa, ya en 2016, Retamero salió de Bahrein cuando comprobó que las condiciones que había pactado en un principio no se cumplían. En diciembre se fue del Budaiya y enseguida tuvo una oferta para entrenar en Mongolia que no dudó en aceptar.

    Entre medias, vivió una época en la India al frente del Aizawl, un club que pertenece a la región de Mizoram, al noroeste del país asiático, y al que consiguió ascender a la Liga I ganando el campeonato. Su trabajo allí fue muy agradecido en una hinchada que nunca dejó de quererle. Aún le piden que vuelva. Pero, de la India, se llevó otra experiencia vital llena de anécdotas.

    "El 90 por ciento de esa región eran cristianos. Había iglesias a patadas. No son como las nuestras, muchas están sin acabar, se nota la pobreza. Son muy creyentes. Me invitaron a la iglesia y alguna vez iba. Era como un famoso, me pedían fotos sin parar. Y pedían que no hubiera partidos en domingo porque estaban todo el día en la iglesia", comenta.

    "El domingo la misa duraba todo el día, pero se hacían más cosas, como comer o merendar. Si ibas a misa era para estar todo el día. Al final, cuando sales fuera, el sentimiento está a flor de piel. Te quedas con las experiencias que te llegan al corazón".

    MONGOLIA, PRÓXIMO DESTINO

    Ahora, Retamero afronta con ilusión su próximo destino, a 10.000 kilómetros de distancia. En Ulan Bator, la capital de Mongolia, tendrá su nueva casa. Aún no sabe si se marchará con su hija, que ya pasó algunas temporadas en alguno de sus anteriores destinos. Su niña, de 5 años, aparte de romper en ocasiones su soledad, absorbe conocimientos. Ya habla prácticamente tres idiomas.

    En Mongolia, donde entrenará gracias a la ayuda de su agente Ángel Ruiz, Retamero se encontrará un país desconocido. Hasta marzo, no empezará el campeonato. Tiene tiempo para prepararlo. Los equipos del torneo, salvo tres, son de la capital. Y, su club, con apenas dos años de historia, tiene un presidente ambicioso.

    "Quiere hacer un equipo campeón. A ver qué herramientas me da. Han firmado jugadores de los mejores de allí. Luego quiero ver el clima. En Mongolia ahora hay -25 grados. Estuve en Polonia en invierno y viví a -15 con mucha nieve, pero la sensación térmica es peor que la de Valladolid. Tuve menos sensación de frío en Polonia. Espero tener menos sensación de frío en Mongolia".

    El hombre que disfrutó y sobrevivió en Libia, que fue un héroe en la India y un maestro en Estados Unidos y Bahrein, ya se frota las manos con la próxima aventura que se le avecina. Seguro que Mongolia no defrauda las expectativas de un entrenador que nunca duda en hacer las maletas para ganarse las habichuelas. "No lo cambiaría por nada. Lo que estoy viviendo nunca lo viviría en España. Es la esencia de la vida. Sólo tenemos una y hay que disfrutarla".

    Juan José Lahuerta

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