EFESao Paulo

La respiración de Sebastiao está descontrolada, pero de repente el sonido de una flauta travesera apacigua su desasosiego. Son los acordes de una canción de su pasado interpretada por uno de los músicos dedicados a aliviar el dolor de enfermos sometidos a cuidados paliativos en un hospital de Brasil.

"Cuando llegué había unas trece personas en el cuarto. Él estaba con máscara de oxígeno y respiraba con mucha dificultad, muy rápido. Fue comenzar a tocar y la respiración se calmó en diez segundos. Todo el mundo comenzó a llorar y yo me aseguré para no llorar también", recuerda a Efe el flautista brasileño Antonio Carrasqueira.

La de Antonio es una emocionante historia de las muchas que guardan un grupo de músicos que semanalmente se pasean por las habitaciones del hospital Premier de Sao Paulo, no para ofrecer su repertorio, sino para evocar el de los propios pacientes.

Hace varios años Samir Salman, director de esta clínica para enfermos terminales, con dolencias degenerativas o para ancianos que precisan cuidados paliativos, decidió incluir la música dentro de la "estrategia del hospital, como una propuesta terapéutica más".

"La idea es que el músico se preocupe en rescatar la memoria musical del paciente con la ayuda del equipo médico y su biografía", explica en una entrevista con Efe.

Las notas de "Carinhoso", del célebre Pixinguinha, inundan los pasillos de la segunda planta, donde se empiezan a asomar las cabezas de algunos pacientes como Joao, nombre supuesto de un fotógrafo jubilado, quien, pese a sus dificultades para moverse, no duda en acercarse con su bastón hasta Antonio para darle las gracias.

En opinión del flautista, "la música tiene un poder enorme", que "trae otro sentimiento, otras memorias y otra sensación".

"Ahora estaba tocando para José, él fue saxofonista, e interpreto para él músicas que forman parte de su universo, que le despiertan un recuerdo alegre", comenta.

Antonio reconoce la dificultad que tiene dominar las emociones en este tipo de situaciones, algo para lo que fueron preparados en el curso de unas cien horas por el que pasan los músicos que se quieren sumar a este iniciativa, como es el caso de Juárez Travassos Jr. y Giba Donato.

Estos dos ingenieros de profesión curiosamente participaron en la construcción del centro y a partir de ahí crearon un vínculo especial que les llevó a realizar el curso y contribuir en este proyecto en dúo con Juárez en la guitarra y Giba afinando la voz.

Los dos suben las escaleras en dirección a la habitación de Guiomar, una enferma de alzheimer que es apasionada de Benito di Paula y consigue recordar, con un brillo intenso en sus ojos, algunas de las estrofas de los conocidos temas "Retalhos de Cetim" y "Meu Amigo Charlie Brown".

"Esto es una terapia que no tiene precio, es algo que viene del corazón", exclama Luiz, su marido desde hace 59 años.

No hay evidencias científicas de que la música incida de una manera cuantitativa en la recuperación del paciente, pero la psiquiatra Manuela Salman dice a Efe que consigue percibir efectos positivos en ellos "por sus expresiones" y "por su sonrisa".

"Son percepciones subjetivas", aclara la especialista y añade que desde su punto de vista la medicina debería abrirse "a estrategias no farmacológicas para lidiar" especialmente con enfermedades cerebrovasculares y aquellas relacionadas con la demencia.

"Tuvimos varias experiencias de pacientes que estaban sin poder comunicarse verbalmente y que, a través de la música y de explorar su historia, evidenciamos innumerables casos en los que el paciente acaba cantando con nosotros", afirma Juárez.

Giba complementa que para descubrir el repertorio personal de cada hospitalizado preguntan a familiares y también al equipo de médicos y enfermeros, quienes les dan "toda esa información" para acertar de lleno.

No obstante, en los cinco años en los que estos dos artistas han llenado de música las habitaciones de la clínica también se han percatado de lo dura que es "la brevedad de la vida" a través de las partidas de enfermos con los que tenían ya cierto hilo afectivo.

"Pero al mismo tiempo uno siente una felicidad por saber que participó en rescatar cosas buenas de la persona. Por eso continuamos este tren de alegría por los pasillos del hospital", reconoce Juárez.

Carlos Meneses Sánchez