EFE NewsWashington

Fogueado en la Administración durante la era de Barack Obama (2009-2017) y con una amplia experiencia en el campo legal, Alejandro Mayorkas, el cubano-estadounidense nominado como secretario de Seguridad Nacional, representa un guiño del presidente electo, Joe Biden, a la inmigración tras cuatro años de mano dura del mandatario saliente Donald Trump.

Nacido en La Habana el 24 de noviembre de 1959, Mayorkas llegó con su hermana y sus padres -un judío cubano de origen sefardí y una judía rumana cuya familia huyó del Holocausto- a este país en 1960 tras el triunfo de la revolución cubana encabezada por Fidel Castro.

Su primer destino fue Miami y luego Los Ángeles, donde transcurrió su infancia y se formó el ahora candidato a liderar el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, en inglés), una agencia con cerca de 300.000 empleados que tiene a cargo, entre otras funciones, la seguridad fronteriza y la ejecución de la política de inmigración.

En California, Mayorkas se graduó con honores en la Universidad de Berkeley y la Escuela de Derecho de la Universidad Loyola Marymount.

También fue en ese estado donde comenzó su carrera legal, primero en el ámbito privado y poco después como fiscal federal auxiliar hasta convertirse, después de ocupar una serie de cargos en los persiguió delitos como el fraude y otras causas federales, en fiscal del distrito central de California.

UN TAREA GIGANTESCA

"No es una tarea pequeña dirigir el Departamento de Seguridad Nacional", escribió en su cuenta de Twitter Mayorkas, quien ya fue subsecretario adjunto de esa dependencia entre 2013 y 2016, y que dirigió de 2009 a 2013 el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS, en inglés).

De ser confirmado por el Senado, Mayorkas, quien en su tiempo libre disfruta de correr, jugar al tenis y más recientemente de squash, según el diario The New York Times, volverá a la vida pública después de un periodo de práctica privada en la firma legal WilmerHale.

"Ha visto todos los efectos de la covid-19 en todos los segmentos de la economía y el efecto en todo tipo de personas, y ha estado inmerso en esto durante meses", dijo Jamie Gorelick, socia de WilmerHale, al periódico neoyorquino.

Mayorkas recibirá un DHS que, bajo las órdenes de Trump, lideró una serie de medidas que prácticamente han remodelado el sistema migratorio, en busca de desalentar la inmigración y prácticamente cerrar las puertas al asilo y el refugio en el país.

UN ORGULLO PARA BIDEN

Al presentarlo oficialmente, Biden se mostró "orgulloso" de haberlo elegido para liderar el DHS.

"Mientras que el DHS afecta a todo el mundo, dado su papel crucial en asuntos de inmigración, estoy orgulloso de que por primera vez el Departamento recaiga en un inmigrante, un latino, que sabe que somos una nación de leyes y valores", afirmó Biden.

Y Mayorkas respondió expresando su orgullo de ser ciudadano estadounidense.

"Las palabras 'en nombre de los Estados Unidos de América' significan todo para mí y para mis padres (...) Mi padre y mi madre me trajeron a este país escapando del comunismo. Valoran nuestra democracia, y estamos intensamente orgullosos de convertirnos ciudadanos de EE.UU.", dijo.

Su nominación aún deberá pasar el examen en el Senado, un camino que no le es ajeno. Ya en 2013, cuando aspiraba a ser subsecretario de Seguridad Nacional, Mayorkas salió airoso de una investigación por supuestamente haber utilizado su posición al frente del USCIS para dar preferencia determinados individuos dentro de un programa de visados de entrada a EE.UU., acusaciones que él calificó de "inequívocamente falsas".

Organizaciones defensoras de los inmigrantes han recibido con entusiasmo su designación, ya que lo consideran el arquitecto del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, en inglés), diseñado por la Administración de Obama para proteger de la deportación a los "soñadores", como se conoce a los miles jóvenes traídos por sus padres indocumentados a EE.UU. cuando eran niños.

Sus detractores recuerdan, sin embargo, que precisamente el Gobierno de Obama deportó más indocumentados que la actual Administración de Trump.