EFEBogotá

Las águilas cuaresmeras comienzan por esta época del año su viaje de regreso a Norteamérica desde el Cañón del Combeima, un enclave natural ubicado en plena Cordillera Central de Colombia, a donde llegan para descansar procedentes del sur del continente.

La travesía de estos gavilanes (Buteo platypterus y Buteo swainson), oriundos de Canadá y Estados Unidos, abarca 13 países en un recorrido de entre 10.000 y 12.000 kilómetros.

En Argentina, en donde las conocen como águilas corbateras, es común verlas surcar el cielo de Mendoza, Salta y Neuquén para comenzar su regreso.

Cuando se acerca el invierno en el sur, las cuaresmeras despliegan sus alas, que miden hasta un metro, y llegan a Colombia entre marzo y abril.

A diario, el recorrido por las montañas del país cafetero es de unos 200 kilómetros y varía de los 375 a los 2.500 metros sobre el nivel del mar.

Al Cañón del Combeima, considerada una zona de amortiguación del Parque Nacional Natural Los Nevados, en el central departamento del Tolima, arriban en la época de la Cuaresma, de donde viene el nombre con el que fueron bautizadas localmente.

En esa parte del país, cuna del oso de anteojos, el lorito cadillero y la danta de montaña, una de las cuatro especies de tapir existentes en América, descansan tras pasar por los municipios de Planadas, Rioblanco, Chaparral y San Antonio, escenarios en el pasado de los episodios más cruentos del conflicto armado colombiano.

"En lo que se denomina 'Ruta Migratoria Otoñal' estas aves van a Bolivia, Chile, Brasil y Argentina, en donde encuentran unas mejores condiciones climatológicas y alimento", dijo a Efe el director ejecutivo de la Fundación Río Cocora, Pedro Álvaro Bahamón.

De septiembre a octubre se les ve en los departamentos colombianos de Cundinamarca y Boyacá, también en el centro del país, y siguen su camino al sur planeando para consumir menos energía.

Posteriormente, estas aves rapaces, que se alimentan principalmente de insectos, serpientes, lagartos, sapos y roedores, empiezan el regreso a Norteamérica.

El espectáculo que ofrecen en el Cañón del Combeima es admirado por lugareños y turistas que viajan desde Alemania, Francia y Holanda para ver la riqueza de fauna de la zona.

Sin embargo, las águilas cuaresmeras, de las que en 2005 llegaron un millón al Tolima, enfrentan una gran amenaza por cuenta de los cazadores.

"Hemos tenido reportes de que las cazan para comerlas y que, incluso, ahora hay competencias para saber qué cazador logra matar más", denunció Bahamón, que es médico veterinario.

Estos "depredadores" humanos las cazan en la noche, linterna en mano, cuando descansan de su largo viaje en las copas de los árboles.

Por este motivo, dijo Bahamón, también director de la Estación Biológica Águila Cuaresmera, "ya no pueden arrimar a los sitios a donde llegaban porque o la gente ha destruido los bosques, o les dispara o aplican agroquímicos que también las acaban".

Es tal la problemática que la Corporación Autónoma Regional del Tolima (Cortolima) ha manifestado que "la forma de cometer el acto consiste en alumbrar las pupilas para identificarlas y luego dispararle al grupo" con escopetas de perdigones.

Las que están en el radio de acción del disparo "mueren inmediatamente y las demás quedan heridas entre los cultivos", explicó la entidad en un comunicado, en el que señaló que las águilas por lo general sufren fracturas en alas y patas o la perforación de sus intestinos.

No es de extrañar entonces que el número de animales esté descendiendo dramáticamente hasta el punto de que la estimación que tienen en la región es que este año en el mejor de los días llegaron unas 150.000.

Para concienciar a la comunidad sobre la importancia de estos "visitantes extranjeros" como controladores biológicos, la Fundación Río Cocora, la Policía Ambiental y Cortolima, entre otras entidades, llevaron a cabo recientemente la "Fiesta de las Aves".

Como parte de esta iniciativa 700 niños de las instituciones educativas del Cañón del Combeima fueron sensibilizados sobre los motivos por los cuales se debe permitir en Colombia que las águilas cuaresmeras sigan el viaje de vuelta a casa.

Claudia Polanco Yermanos