EFETimbiquí (Colombia)

En lo más denso de la selva colombiana emerge Timbiquí, un pueblo donde la paz sigue siendo un sueño lejano y al que por sorpresa llegó una imagen peregrina de la Virgen de Fátima que llama a silenciar por fin las balas.

Para sorpresa de propios y extraños, la imagen peregrina de Fátima apareció como por arte de magia, escoltada por monseñor Carlos Alberto Correa, vicario apostólico de Guapi, cuya atenta mirada apenas se alejaba del icono.

Como si fueran los pastores portugueses Lucía, Francisco y Jacinta que vieron por primera vez a la Virgen de Fátima en 1917 en Cova da Iria, los timbiquireños se asomaron al río que da nombre al pueblo para recibirla.

No es Timbiquí un municipio cualquiera. Apenas mencionarlo levanta dolores de cabeza en autoridades militares y políticas de Colombia que no han sido capaces de erradicar de su suelo las guerrillas, grupos paramilitares y sus respectivos acólitos que roban el sueño de esta población.

Tal vez por eso, rodearon a la Virgen, la acompañaron entre cánticos y sones africanos que son himnos para la población mayoritariamente negra de este rincón del Pacífico.

Entre el ritmo de la marimba, instrumento típico del Pacífico, la Virgen de Fátima se abrió paso hasta la iglesia del pueblo, donde los sones más propios de una misa tomaron el testigo.

"La Virgen de Fátima nos recuerda este gran mensaje de orar para detener tantas guerras y tantas violencias que se dan entre hermanos", explica a Efe monseñor Correa, todavía emocionado por la visita de uno de los mayores iconos del mundo católico.

La imagen ya había visitado Colombia una vez, hace 63 años, pero el recorrido fue entonces muy distinto, por las calles bien asfaltadas de las principales ciudades y no por los caminos selváticos en los que el sudor de sus salvaguardas queda incólume.

No es precisamente el momento más fácil para la región.

Apenas hace una semana en el cercano municipio de López de Micay fueron asesinadas seis personas en lo que parece ser un nuevo coletazo del conflicto colombiano que se recicla.

"Es doloroso estar viviendo lo que Colombia está padeciendo porque se ha hablado mucho de diálogos de paz, Colombia tiene mucha esperanza en estos diálogos (...) pero parece que no se logra finiquitar porque parece que falta responsabilidad tanto por parte del Estado como por parte de las FARC", asegura monseñor Correa.

Para él está claro: "Mientras (los colombianos) no nos reconciliemos y no creamos el uno en el otro será muy difícil esta paz. Estos territorios que gozan de un paisaje y una biodiversidad (enorme) se vuelven el escenario doloroso de sangre fratricida".

"Nuestro territorio vive momentos de secuestro y masacres porque hay una codicia en el interior (de los hombres)", comenta.

Esa codicia se mueve y la mueve el oro que se oculta en el corazón selvático de Timbiquí y la mata verde que perla toda la región: la coca.

Acaso más rentable el primero, aunque menos conocido en el exterior, genera imágenes chocantes como maquinaria pesada "amarilla" en una zona de imposible acceso.

También ha comenzado a envenenar los ríos, el más extraordinario tesoro de la selva, sus autopistas y único camino viable.

Tal vez por eso, muchos de los feligreses de Timbiquí como Eide Hernández aprecian la visita de la Virgen de Fátima y no es difícil comprender por qué ven en su llegada una señal divina.

"Significa mucho, es una gran alegría, algo espectacular, es un milagro de Dios encontrarnos visitados por la virgen peregrina", asegura Hernández, que espera que la estancia de dos días marque un hito de cambio en Timbiquí y sus pueblos aledaños.

Por eso agrega que la Virgen trae el mensaje de "el amor por el hermano, que merme esa violencia y el desalojo de las personas de sus tierras".

Selva adentro, ocultos ante la fuerte presencia militar que garantiza la llegada de la Misión de Fátima, la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y los grupos disidentes de las FARC se parapetan tras la muralla de la coca y la minería ilegal.

Si escuchan o no el mensaje lo dirán los timbiquireños.

Gonzalo Domínguez Loeda