EFESan Sebastián

La directora Dea Kulumbegashvili ha dedicado cinco años de su vida a preparar "Dasatskisi" (Begining), una cinta dura y hermosa, por momentos, desconcertante, que nació de la "rabia" que le produjo comprobar, cuando escribía el guion, lo poco que sabía de su personaje femenino.

"Quería hacer una película acerca de una mujer que, en la narrativa clásica, se le hubiera considera un personaje secundario, porque es 'la mujer de', en este caso de un líder religioso, alguien que, por definición, está siempre en el trasfondo", ha explicado la cineasta en una rueda de prensa tras la proyección de su película, a competición en la Sección Oficial del Festival Internacional de cine de San Sebastián.

"Trabajando en el guion me surgían muchas preguntas acerca del personaje, así que, en un momento determinado, noté que la rabia se acumulaba dentro de mi. Así -explica la realizadora- me di cuenta de que eso era exactamente lo que quería: que la gente mirara a esta mujer, que no era una mujer convencional en cuanto a lo que se puede esperar de un personaje principal".

"Begining" ocurre en un tranquilo pueblo de provincias de la Georgia profunda, el mismo donde nació la directora, que ofrece una naturaleza salvaje y dulce, bellísima como escenario, y que, sin embargo, arropa algunos de los más atroces comportamientos humanos.

El entorno en el que Kulumbegashvili sitúa la acción es una comunidad de Testigos de Jehová, que el espectador conoce cuando es atacada por un grupo extremista; simultáneamente, en la casa del líder de la comunidad, Yana (Ia Sukhitashvili), su esposa, se desmorona lentamente, entre grandes silencios, mientras crece su insatisfacción interior y lucha por encontrar sentido a sus deseos.

La Biblia, los extremismos, el fanatismo religioso se mezclan en esta pausada historia, de planos eternos, donde el amor a Dios y las diversas formas de expresarlo, entran en conflicto con lo carnal, el deseo y los remordimientos.

"Para mí, más que del fundamentalismo la película trata de la condición humana", afirma la georgiana, a la que acompañaron en San Sebastián los productores francés, Ilan Amouyal, y georgiano David Zedat, y vía satélite los principales personajes, además del productor, coguionista y actor debutante en esta película Rati Oneli.

La directora sabe que "hablar de religión es difícil", por eso, explica, "no quería hablar de un grupo religioso en particular, sino que quería examinar la estructura que, por definición, establece las normas y el escenario para los papeles que deben llevar a cabo las personas y no permiten elecciones personales".

"Pero como seres humanos, tengamos o no tengamos religión, todo se reduce a ver las decisiones que toman las personas", resume Kulumbegashvili.

La joven debutante nacida en Georgia en 1986, que estudió en la Universidad de Columbia, en Nueva York, no aparta la cámara en uno de los momentos más delicados de la cinta, la violación de Yana.

"Este ha sido uno de los puntos claves de mi investigación, hablé con terapeutas, grupos de mujeres y víctimas de ataques sexuales para saber cómo abordar una cuestión de tanta violencia. No puedes dramatizarlo -explica Dea-, es que no quería ni mover la cámara, es tan terrorífico que es imposible no sentir nada. Y quería que cada uno sintiera algo propio".

La mujer, sin embargo, no habla de ello, no puede. "La idea es cuánto hay que saber para empatizar; su marido, su madre, nunca hacen las preguntas correctas. La madre no quiere saber, como la sociedad, y para él es imposible asumir su parte de culpa", señala.

Dea Kulumbegashvili confiesa que no cree en "un estilo" en el cine, sino que "cada cinta es un ente propio que trae consigo algo diferente", quizá por ello desvela que su próximo proyecto será "muy diferente".

En "Begining" tiene todo que ver con "los puntos de no retorno donde los personajes deben pararse y reflexionar, pero no lo hacen.

"Y es la pregunta también para nosotros, para el público: por qué no lo hacen", lanza la directora de esta cinta que el Festival Internacional de Cine de San Sebastián recogió del Festival de Cannes 2020, cancelado por la covid-19.

El productor Rati Oneli explica desde Georgia por qué asumieron el riesgo de financiar esta ópera prima: "Nunca he visto algo como esta película, sea georgiana o no". EFE

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