EFERío de Janeiro

La Policía Federal de Río de Janeiro concluyó este lunes la investigación sobre el voraz incendio que acabó con gran parte de las instalaciones y el acervo del Museo Nacional, en 2018, y descartó que las llamas fueran producto de la omisión de la administración el espacio.

El Museo Nacional de Río de Janeiro, el más antiguo de Brasil y que albergaba unos 20 millones de piezas de diferentes períodos históricos, fue arrasado el 2 de septiembre de 2018 por las llamas, que acabaron con parte de la historia de Brasil y uno de los acervos más importantes de Latinoamérica.

De acuerdo con las investigaciones, el incendio tampoco fue provocado por manos criminales y tuvo su origen en el auditorio del primer piso, cerca de la entrada principal al museo, al parecer en un aire acondicionado.

El siniestro ocurrió antes de que se iniciaran las obras de restauración de las instalaciones del museo, las cuales iban a ser adecuadas a las normas contra incendios establecidas por ley.

Tras una inspección del cuerpo de Bomberos en agosto de 2015, que nunca fue terminada y que dio paso a una sanción, la directiva del museo pidió un crédito al Banco de Desarrollo de Brasil para hacer la adecuación de las instalaciones contra incendios.

Aunque el contrato fue firmado en 2018, hasta la fecha del siniestro el dinero no había sido desembolsado por el banco.

Por eso, para la Policía Federal, la conducta de los administradores del museo no fue de omisión, pues a pesar de que las obras de restauración no habían comenzado, el presupuesto ya había sido definido con antelación.

El incendio de hace dos años destruyó total o parcialmente el 46 % de las 37 colecciones del Museo Nacional, propiedad de la Universidad Federal de Río de Janeiro, lo cual incluyó momias egipcias y el cráneo de "Luzia", el fósil humano más antiguo del continente con 12.000 años.

El museo, el más antiguo de Brasil, perdió parte de la historia natural del país y de uno de los acervos más importantes de Latinoamérica.

El fuego, sin embargo, no afectó la estructura del Palacio Imperial de Sao Cristovao, una edificación de 1803 que albergaba al Museo Nacional y que fue la residencia de la familia imperial brasileña hasta 1889, por lo que sus administradores planean reabrir la institución el próximo año.