EFELa Habana

No recuerda cuántas veces ha leído "El Conde de Montecristo", pero Gricel Valdés-Hombillo sí está convencida de que sus páginas son las favoritas de los trabajadores de la fábrica de puros habanos H.Upmann, donde trabaja como lectora de tabaquería desde hace 25 años.

Su labor -Patrimonio Cultural de la nación, que aspira ser declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco- sirve para amenizar el trabajo de los torcedores de puros, que se elaboran hoy de la misma manera que hace 200 años, totalmente a mano, y que hacen que sean artículos de lujo muy codiciados fuera de la isla.

Así lo demuestra la expectación que cada año despierta el Festival del Habano, cuya XIX edición tiene lugar esta semana en la capital cubana y cuenta con más de 2.000 asistentes de 50 países.

La tradición de la lectura en las salas de torcido se remonta al siglo XIX, cuando un español ideó la fórmula para que los tabaqueros, que entonces eran esclavos que realizaban jornadas maratonianas, aprendieran nuevas técnicas.

"Este es un trabajo muy especial. No voy a ser inmodesta, me siento muy orgullosa de ser lectora", confesó a Efe Gricel, formada como profesora de historia en secundaria, pero reconvertida en lectora de tabaquería de manera casual.

Su tío, torcedor en una de las fábricas de Habanos -empresa que en la actualidad comercializa en 150 países 27 marcas de puros premium-, le dijo que había una vacante en el puesto: "Al principio era un desastre porque leía muy rápido, traía la técnica más dinámica de profesor. A veces me iba llorando porque no me entendían", recuerda hoy entre risas.

Ahora, transformada en una de las decanas de esa profesión, no se le seca la garganta cuando pasa horas leyendo la prensa del día, en dos turnos por la mañana, y novelas y otras obras literarias en la tarde, seleccionadas de manera democrática.

Una comisión de lectura elige varios títulos, Grisel lee en la tribuna las sinopsis y después, uno por uno, consulta a los 150 trabajadores cuál prefieren.

"A mí me gusta que se lea el periódico, las noticias nacionales e internacionales porque así estamos más documentados de lo que sucede en el mundo", señaló a Efe Silvia Rosa Rosabal, una de las torcedoras más experimentadas de la fábrica, con casi 50 años de experiencia a sus espaldas.

Recuerda perfectamente que el 22 de abril de 1968 comenzó a trabajar en la fábrica H.Upmann, donde confecciona exclusivamente la vitola de los famosos puros Montecristo Nº2 desde el año 1969.

"Para mí hacer tabacos es un placer. Yo me jubilé y tuve que volver porque me sentía mal en mi casa. Esto es mi vida", contó Silvia Rosa, que proviene de una familia de tabaqueros de Granma (oriente del país), donde ya desde niña su madre le enseñó a torcer tabaquitos.

De la veterana Silvia Rosa a Yaumarileidy Rodríguez, que con solo 28 años lleva ya siete dedicada a este oficio, aprecian la belleza de su trabajo. "Muy bonito porque es un arte, en el que todo se hace a mano", cuenta Rodríguez desde su puesto de trabajo, donde se encuentra en familia, flanqueada por su hermana Yamina a un lado y a su esposo al otro.

Los tres confiesan que la jornada laboral, en la que tuercen de media 120 puros, no sería igual sin la presencia de la lectora Grisel, que les instruye con todo tipo de contenidos didácticos e informaciones, aunque su elección predilecta es también "El Conde de Montecristo", el clásico que Alejandro Dumas editó en 1845.

La aventuras del conde también son las preferidas de Liu Terreiro, un torcedor de 40 años que domina el arte de confeccionar todas las vitolas que comercializa Habanos, y hasta inventó una a la que ha bautizado como butifarra por la forma que adopta.

"Es una satisfacción que Habanos fabrique una vitola que yo mismo inventé. A mí me encanta mi trabajo y me pienso seguir dedicando a él toda mi vida", indicó Liu, que con 18 años en este oficio no recuerda cuántas veces ha escuchado las historias de "El Conde de Montecristo".

Sara Gómez Armas