EFEOviedo (España)

El escritor chileno Luis Sepúlveda, un insaciable luchador por la democracia e incansable viajero que alcanzó el reconocimiento internacional con "Un viejo que leía novelas de amor", su novela más aplaudida, falleció este jueves en España a los 70 años, tras mes y medio batallando contra el coronavirus.

Sepúlveda fue el primer diagnosticado de COVID-19 en la comunidad autónoma de Asturias (norte de España) y desde el 29 de febrero permanecía ingresado en la unidad de cuidados intensivos de complejo hospitalario de la capital, Oviedo, a consecuencia de una neumonía asociada a este coronavirus que finalmente acabó con su vida a las 10:18 horas de hoy.

El estado de salud de este chileno universal, asentado desde hace más de dos décadas en la localidad asturiana de Gijón, se había ido deteriorando en las últimas semanas al no responder a los tratamientos sucesivos y haber sumado a la neumonía inicial otras patologías que finalmente no pudo remontar.

Sepúlveda empezó a sentirse mal el 25 de febrero, dos días después de haber asistido al festival literario Correntes d'Escritas, celebrado en Póvoa de Varzim, en el norte de Portugal, en el que participaban un centenar de ponentes de distintos países, ninguno de ellos considerado entonces de riesgo por la incidencia del coronavirus.

Tras ser diagnosticado de una neumonía en un centro privado y de que diese positivo en el test de la Covid-19, Sepúlveda fue trasladado a una zona de aislamiento hospitalario el 29 de febrero junto a su mujer, la poetisa Carmen Yáñez, que también presentaba un cuadro febril.

El Servicio de Vigilancia Epidemiológica no pudo determinar dónde pudo contagiarse ya que ningún otro participante en el festival literario portugués se vio afectado por el coronavirus.

Su mujer, que también estuvo ingresada en el mismo centro hospitalario hasta el 18 de marzo, y su hijo Carlos agradecieron hoy públicamente la entrega del equipo médico que le atendió durante 48 días y las muestras de cariño recibidas, apoyos a los que se sumaron condolencias de políticos, escritores y muchos lectores.

Ciudadanos anónimos, sobre todo latinoamericanos, italianos y españoles, amigos y compañeros usaron las redes sociales para despedirse del creador de historias tan fabulosas como la del gato que enseñó a volar a una gaviota, para decir adiós a "Lucho, amigo y gran escritor, vencido por este mal bicho", en palabras de la escritora española Rosa Montero.

El mundo de la literatura y la política de su país natal también ha lamentado su muerte y, en palabras de la ministra chilena de las Culturas, Consuelo Valdés, su partida les deja "en silencio, tratando de asimilar la magnitud de esta pandemia y la enorme pérdida para las letras en Chile e Iberoamérica".

Desde Italia, donde era un autor muy reconocido, también se lamentó la muerte de un genio "comprometido políticamente contra las dictaduras", como señalaban desde el Movimiento 5 Estrellas, y de un hombre que contó al mundo "valores fundamentales como la libertad, la igualdad y el compromiso", como se hacía eco el expresidente del Senado Pietro Grasso.

Nacido el 4 de octubre de 1949 en la ciudad de Ovalle, 400 kilómetros al norte de la capital chilena, Sepúlveda estuvo desde joven fascinado por las artes, pero también por la política, y solía decir que le habían concebido "rojo, profundamente rojo".

Hijo de un militante comunista y de una enfermera mapuche, su militancia política comenzó bien joven cuando se afilió a "La Jota", nombre popular con el que se conoce a las Juventudes Comunistas de Chile y, tras ser expulsado en 1968, militó en una escisión del Partido Socialista.

Profundo admirador del expresidente socialista Salvador Allende, Sepúlveda fue detenido por el régimen de Augusto Pinochet tras el golpe de Estado de septiembre de 1973.

Tras ser liberado, comprendió que debía rehacer su vida lejos de Chile y en 1977 abandonó el país rumbo a Buenos Aires. Pasó por Uruguay, Brasil, Paraguay y Perú, y en Ecuador conoció a los shuar, un pueblo indígena que vive en la selva amazónica.

Su convivencia con los shuar le inspiró "Un viejo que leía novelas de amor" (1988), que tuvo un rotundo éxito internacional, con más de 18 millones de ejemplares vendidos, y fue traducida a más de 60 idiomas.

La novela, que se alzó con el Premio Tigre Juan un año después de su publicación, narra la historia de Antonio José Bolívar Proaño, un indígena shuar que decide enfrentarse a la vejez y pasar las solitarias noches amazónicas leyendo las novelas de amor que dos veces al año le lleva un dentista.

Tras pasar por la selva, viajar a Nicaragua, para participar en la Revolución Sandinista que en 1979 derrocó al exdictador Anastasio Somoza y Alemania, donde vivió más de 15 años, en 1997 se instaló en Gijón, ciudad en la que era muy conocido por su implicación con la Semana Negra y por haber impulsado y dirigido, entre otros proyectos, el Salón del Libro Iberoamericano.

El autor, que cosechó más éxito en el extranjero que en Chile, donde solo se alzó con el Premio Gabriela Mistral de Poesía en 1976, publicó otras obras a lo largo de su carrera como "Mundo del fin del mundo", "Nombre de torero", "Patagonia Express", "Desencuentros", "Diario de un killer sentimental" o "Historia de un perro llamado Leal"

Pero este integrante del grupo de escritores latinoamericanos posteriores al "boom" del realismo mágico también hizo incursiones en el cine al intervenir como actor de la película italiana "Desnudo para siempre" y dirigir poco después la película "Nowhere", una coproducción española, italiana y argentina, de la que también escribió el guión y en la que narra con ironía la tragedia de los presos políticos en las dictaduras latinoamericanas.