EFELa Paz

La celebración del Día Internacional de la Mujer Indígena en La Paz ha tenido como eje a quince artistas que han resucitado la figura de Bartolina Sisa, icono de la rebelión aimara de 1780 contra la conquista española, con varias esculturas presentadas en esa ciudad boliviana.

Este año se cumplen 237 años de la ejecución de Sisa, condenada a morir arrastrada por un caballo tras liderar un cerco a La Paz en 1780 junto a su esposo, el también indígena Túpac Katari, un suceso que sirvió de inspiración para los participantes en el Segundo Encuentro de Escultura en Piedra.

El evento fue patrocinado por el Ministerio de Culturas y Turismo a través del Viceministerio de Descolonización, organismos que dotaron a los participantes de la piedra comanche en la que están talladas las diecisiete esculturas presentadas, dos de ellas realizadas por estudiantes universitarios.

Si en su primera edición, celebrada en 2018 en la población de Peñas, en el Altiplano paceño, el evento adoptó como temática la figura de Túpac Katari, este año la protagonista de las obras fue su esposa.

El encuentro comenzó su andadura el pasado 26 de agosto, cuando la quincena de participantes empezó a esculpir sus obras en la Estación Central de La Paz, lugar donde se exponen las creaciones en esta jornada.

Unas esculturas a las que cada autor dotó de una personalidad diferente y en las que la imagen de Bartolina Sisa siempre aparece rodeada de una aureola de coraje y dignidad.

"Cuando agarraron a Bartolina tenía una soga en el cuello y la sacaron a la Plaza Murillo desnuda. He querido reflejar esa humillación y ese sufrimiento, pero también su temple y su alma luchadora, siempre con la cabeza arriba", dijo a Efe Wilfredo Gutiérrez, ganador de la mención a "mejor obra".

El 5 de septiembre de 1782, la corona española condenó a Bartolina Sisa a ser arrastrada por las calles paceñas por un caballo, un año después de ser obligada a presenciar la ejecución de sus esposo, para ser posteriormente ahorcada y descuartizada.

La escultura ganadora incluye la cabeza de un caballo en uno de sus vértices, en un guiño al miedo que infundían "aquellas bestias salvajes que traían los españoles y que los indígenas nunca habían visto", relata Gutiérrez.

Otros, como Cristóbal Aldana, apostaron por un enfoque más original, pues su escultura dibuja a una Bartolina que señala al cielo con un dedo, mientras que en la parte posterior de la piedra se encuentra un satélite, trabajado en metal, incrustado en la roca.

"La idea que tenía Bartolina era liberarse de la esclavitud y la opresión mirando hacia adelante. El satélite es una referencia a que ella pensaba en el futuro", apunta Aldana, que ya ha participado antes en otros certámenes de escultura, como la Bienal de Escultura en Piedra Comanche 2018.

Una visión metafórica que también aparece en la escultura de José Ariel Mamani, premiado con la mención a "tercera mejor obra".

Mamani esculpió una Bartolina simulando un abrazo, una imagen que representa "una caricia a lo nuestro, a nuestra tierra y nuestra cultura", porque "la revolución empezó por preservar lo que teníamos", asegura Mammani.

Al acto, que comenzó con un tradicional sahumerio andino en ofrenda a la "Pachamama" o Madre Tierra, acudieron diferentes colectivos y personalidades.

Entre ellos, las representantes de la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia "Bartolina Sisa", el viceministro de Descolonización, Cancio Mamani, y el gerente de la Empresa Estatal de Transporte por Cable Mi Teleférico, César Dockweiler.

Las diecisiete esculturas acabarán expuestas en varias zonas del país, entre ellas, la emblemática Plaza Murillo, que acoge las sedes del Gobierno y el Legislativo, además de diferentes estaciones de teleférico o el pueblo de Peñas.

Pablo Gracia