EFESanto Domingo

Después de 40 años el español Juan Manuel Díaz Burgos continúa, cámara a cuestas, desentrañando historias sobre el ser humano que, de mil maneras y sin excusas para el descanso, le permitan dar sentido al motivo de su oficio: la vida.

A días de cumplir 67 años, varias veces premiado y con decenas de exposiciones en otros tantos países, este investigador -que rechaza el calificativo de artista- extrapola en la fotografía su mirada del mundo y de la cotidianeidad de su gente.

"Aunque cada vez es más difícil encontrar esa foto, aún la vida me sigue sorprendiendo, sigo buscando, escarbando por ahí, viendo (...) me fastidia cuando no puedo captar una imagen, soy algo masoquista en esto", dice a Efe Díaz Burgos, de vuelta en Santo Domingo para presentar su más reciente trabajo, "Trópico de cáncer".

Una obra que realizó casi por completo en República Dominicana, pero que refleja, según su visión, la vida en este país, en Cuba y Haití, y que forma parte de la edición 2018 del festival Photoimagen.

"Me creo, con la temeridad y el respeto lo digo, con la suficiencia de saber, o al menos para mi, cómo vive el caribeño, cuáles son sus anhelos, sus ilusiones, por qué suspira en el sentido del deseo, en el sexo, la belleza, en la religión, incluso, en lo banal", explica con una locuacidad convincente.

Con un amplísimo catálogo sobre América Latina, a la que entró por Perú en 1990, junto a "mi grandísimo amigo" Juan Manuel Castro Prieto, Díaz Burgos no duda en afirmar que para él el trabajo del peruano Martín Chambi (1891-1973) es superior al de los "grandes de la fotografía", en el que se incluyen a franceses, estadounidenses y alemanes.

Habla, ¡cómo no!, de sus inicios, cuando en España no había escuelas de fotografía, cuando todos se apoyaron en los concursos para intentar sobresalir, hasta los grandes maestros.

"Hoy los concursos están denostados en España, aunque no me avergüenza decir que apelé a ellos, es más lo digo con orgullo, pero hoy en día los concursos no son necesarios, en mi país han caído mucho (...) ese afán por la 'concursística' que había antes ya no. Ahora hay un tipo de fotografía 'maniqueista'; no hablo en menoscabo de nada ni de nadie, pero la fotografía tiene una serie de escalones, cada quien se queda en el que le gusta", asegura.

Una de sus tantas anécdotas se refiere, precisamente, a los concursos. Narra que en una oportunidad estuvo, junto a otros colegas, realizando un trabajo en unos astilleros en Bilbao (norte de España) y que un obrero se le acercó y le manifestó que hacía fotos y las enviaba a concursos, pero que nunca ganaba "porque había tres cabrones que siempre lo ganaban todo". Él era uno de ellos.

"Llegó un momento en que estaba hastiado de concursos, de alguna manera me encontraba prisionero de esa dinámica y decidí hacer una obra personal que me ha dado grandes satisfacciones", reflexiona.

La conversación regresa a Latinoamérica y rememora Díaz Burgos que en 1991 de camino a México descubre de manera circunstancial a La Habana (Cuba), la ciudad que se convirtió en el punto central de su trabajo por la cantidad de fotos y proyectos que le ha dedicado.

"Al año siguiente vengo, también de manera circunstancial, a República Dominicana donde hago mi primer trabajo en América Latina, que es 'Raíz de sueños'. Hice seis viajes en tres años y ese proyecto lo hice en la ciudad de Puerto Plata (norte), donde también espero terminar otro: 'Chapa, madera y block', sobre un barrio formado por humildes, en su mayoría haitianos", dice a Efe.

También recuerda su proyecto "Diario de seis días", sobre el tiempo transcurrido entre la muerte del exlíder cubano Fidel Castro y su sepelio.

"La muerte de Fidel me pilló en Cuba; a partir de ahí, más que el comandante (Castro), me interesaba captar al pueblo, de cómo el pueblo aceptaba el suceso (...) el fotógrafo tiene que tener formación, cuando vaya a hacer un trabajo tiene que documentarse, no se puede hacer fotos de algo sin buscarle un buen pretexto", recomienda.

Su opinión sobre la fotografía "modernista" la emite sin tapujos. "Hay unos intereses económicos enormes detrás de esto. Las galerías lo que quieren es vender (...) tiene que haber gente que sea capaz de pensar por si sola. Desgraciadamente, hoy en día esto es un logro difícil de conseguir".

A su juicio, ahora en las escuelas de fotografía se enseña un conceptualismo "puro y duro" que reduce a la imagen a una especie de "apéndice".

Ramón Santos Lantigua