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El cineasta francés Robert Guédiguian cambia la ciudad de Marsella por el Bamako de los años 60 en su última película, "Mali Twist", pero sus preocupaciones políticas son las de siempre: "El reparto de la riqueza sigue siendo una cuestión crucial en el mundo en que vivimos", dice en una entrevista con Efe.

Nacido en 1953 en un barrio humilde de Marsella, Guédiguian ha utilizado el cine para retratar a la clase obrera de su ciudad. Esta vez se traslada al Mali poscolonial, recién conquistada su independencia de Francia para radiografiar el auge y frustración del sueño revolucionario africano.

"Creo que es necesario reflexionar sobre lo que pasó en los años 60 en Mali y en el resto de África, fue una época prometedora frente al desastre actual", dice. "Mali no estaría en esta situación hoy si no hubiera sido colonizada durante decenas de años".

Desde hace una década Mali vive inmersa en un conflicto yihadista que ha dejado más de 25.000 muertos y 2,5 millones de desplazados. Con un gobierno militar, fruto de dos golpes de Estado en 2020 y 2021, en los últimos meses se ha convertido además en un escenario del enfrentamiento entre la UE y Rusia.

El origen de "Mali Twist" se remonta a una visita que hizo el director de "Marius y Jeannette" (1997) a una exposición del fotógrafo maliense Malick Sidibé en la Fundación Cartier en otoño de 2017.

La explosión de vitalidad que desprendían los cuerpos de los jóvenes bailarines que aparecían en las fotos llamó poderosamente su atención, y empezó a indagar en la época y en los sueños de aquellos jóvenes idealistas, que por el día luchaban por la creación de un estado socialista y por la noche se reunían en clubes donde bailaban twist y rock'n'roll.

"Me di cuenta de que esos personajes se parecían mucho a los de mi entorno y mi juventud, tenían las mismas esperanzas universalistas de revolución socialista"

El protagonista de su filme es Samba, el hijo de un rico comerciante que vive entregado al ideal revolucionario y viaja por todo el país para explicar a los campesinos las virtudes del socialismo. Así conoce a Lara, una joven casada a la fuerza de quien se enamora.

A la vez que narra la desilusión política, Guédiguian cuenta la historia de un amor imposible y aborda la trágica situación de las mujeres en un país que sigue encabezando las clasificaciones de mayor desigualdad de género del mundo.

Pese a todo, Guédiguian rechaza hablar de socialismo como utopía. "Es la única solución para el futuro del mundo, el reparto de la riqueza y de la propiedad de la riqueza, hoy aún es más necesario", sostiene.

Y matiza: "Creo que las formas que adopte pueden ser muy diferentes de lo que hemos visto históricamente y de lo que plantearon los revolucionarios del siglo XIX; de hecho hay formas de comunismo presentes en el mundo capitalista, en determinados pueblos, empresas o barrios".

Sobre el panorama político en Francia tras las últimas elecciones legislativas, valora la unión de la izquierda a la vez que reconoce que la derecha "es muy fuerte", pero insiste en que la Agrupación Nacional de Marine Le Pen es muy distinta del Frente Nacional que lideró su padre.

"Sigue siendo una derecha fuerte pero se parece más al gaullismo de los años 60 que al Frente Nacional" de Jean Marie Le Pen, afirma.

Rodada en Senegal, con un reparto que mezcla actores franceses de origen africano y otros de Mali y de otros países africanos, para Guédiguian fue emocionante constatar su entusiasmo ante la posibilidad de revisitar su historia.

Magdalena Tsanis