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"Todo el ritmo de la vida pasa por este cristal de mi ventana...Y la muerte también pasa", recita Héctor Alterio en el espectáculo "Como hace 3000 años", que da al verso de León Felipe un nuevo significado porque a sus 90 años, que cumple mañana, sigue actuando sin que haya indicios de vencimiento.

Es consciente de que "la pelota está pegando en el poste" pero "nunca" se ha entretenido en imaginarse que llegaría a esa edad "ni tampoco cuándo ni cómo va a ser el final", dijo el actor argentino en una entrevista con EFE el pasado mes de junio, cuando estrenó en el Bellas Artes de Madrid "Como hace 3000 años", basado en poemas de León Felipe y que llevará a partir del 2 de octubre a Teatros del Canal de Madrid.

El espectáculo, que no toma su nombre de las composiciones del español León Felipe (1884-1968), sino de la única que han incorporado del argentino Antonio Esteban Agüero (1917-1970), lleva en escena desde 2004 y con el pretende, junto al guitarrista José Luis Merlín, recuperar el amor por la poesía como sucedía en tiempos de Homero.

"Quizá nosotros no reunimos tanta gente como Homero en nuestro espectáculo pero en este tiempo hemos nucleado un interés genuino por León Felipe", aseguró Alterio sobre el trabajo del zamorano, víctima del exilio y fallecido en México.

Merlín y él representan "Como hace 3000 años" tres o cuatro veces al mes por distintas ciudades, con una estrategia calculada para permitirles volver a casa a dormir.

"Me cuesta más ahora subir una escalera y bajarla pero mientras pueda hacerlo, la subiré y la bajaré", explicó en alusión a su futuro en la escena, en la que empezó fundando en Buenos Aires el grupo Nuevo Teatro, con el que actuó hasta 1968.

Italiano por parte de padres -Giovanni Andrea Alfredo Alterio y Elvira Onorato-, argentino por su nacimiento y español por exilio, Alterio tuvo que salir de su país en 1974 para eludir a la dictadura militar argentina y las amenazas de muerte de la Triple A.

Llegó con su mujer, la psicoanalista Ángela Bacaicoa, y sus dos hijos, Ernesto (1970) y Malena (1974), los dos también actores, y no volvió a su país hasta que terminaron los ocho años de dictadura militar.

En España lo acogieron colegas como la fallecida directora de cine Pilar Miró o actores como Nuria Espert -con la que hizo "Divinas palabras"- y Juan Diego que le dieron, como él ha recordado en varias ocasiones, la oportunidad de trabajar y le ayudaron en todo lo que precisó.

Nunca ha dejado de ser argentino a la vez que, "por inmenso agradecimiento", español y ha gozado siempre de un gran prestigio por su hondura y capacidad de síntesis que "transmite" ya sea en teatro, cine o televisión, un medio que le hizo muy popular con series como "Santa Teresa", "Segunda enseñanza", "El Quijote" o "La Regenta".

Ha participado en más de cien películas, entre ellas "La mafia", "La tregua", "El hijo de la novia, "A un dios desconocido", "El último tren" o "La historia oficial"), que recibió el Oscar a mejor película extranjera, y en teatro ha protagonizado montajes como "El túnel", "Edipo Rey", "Dos menos" o "En el estanque dorado".

En sus primeras películas, "Cría cuervos" o "El crimen de Cuenca", se empeñó en trabajar su acento y su español es más que aceptable.

Prepara todos sus trabajos con una calidad y compromiso que le hacen único, a juicio de la crítica, de la que posee varios premios tanto en Argentina como en España, donde además ha recibido el Goya de Honor (2004) o el Max de teatro por "Yo, Claudio".

Sigue con apetito de vida "y de fideos", discutiendo de política y de fútbol y entregado a su profesión sin pensar en que "esto" se puede acabar porque, dice, "¿para qué arruinarse la vida antes de tiempo?".

Concha Barrigós.