EFENueva York

Después de 40 años retratando los rostros de las guerras y otras tragedias, el estadounidense James Nachtwey cree que en su trabajo hay que mantener el sentido común y tener una "mente abierta", pero también los ojos y el corazón.

Nachtwey fue galardonado este jueves con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades como reconocimiento a una carrera que le ha convertido en un "lúcido testigo del sufrimiento humano", según consideró el jurado.

El jueves, cuando fue contactado inicialmente por Efe, reveló escuetamente que se había enterado de que había sido galardonado horas después de que se hiciera público el premio porque había extraviado su teléfono móvil.

Pidió más tiempo para preparar una reacción, y hoy respondió a un cuestionario escrito, como había pedido, aportando algunas pinceladas de su larga labor y del momento que vive el fotoperiodismo mundial.

Nachtwey, uno de los nombres más respetados mundialmente en la cobertura gráfica de conflictos armados o de catástrofes, ha ganado dos veces el World Press Photo (1992 y 1994) y cinco Medallas de Oro Robert Capa (1992, 1993, 1998, 2001 y 2008).

De 68 años, Nachtwey recibió la noticia en su casa de New Hampshire, donde había llegado después un viaje que le llevó a Europa, para documentar la crisis de refugiados, y también a Nepal, un año después del terremoto que causó casi 9.000 muertos.

Nachtwey, que está trabajando actualmente para una exposición en Milán, a fin de año, afirmó que las nuevas tecnologías han generado importantes cambios en el trabajo del fotoperiodismo porque, entre otras cosas, han sumado el trabajo de ciudadanos comunes.

La red de "internet y los teléfonos móviles con cámara han hecho que la censura de los poderes opresores sea mucho más difícil de controlar, y los ciudadanos ordinarios pueden ayudarnos a informarnos de lo que está pasando", dijo.

A la vez, a causa de internet, y a diferencia del periodismo profesional, ese trabajo "no está sujeto a códigos de ética profesional y de integridad", por lo que el público "inteligente" debe mantener "un sano escepticismo sobre lo que contempla".

"Los ciudadanos que quieren mostrar al mundo lo que está pasando en sus comunidades y los periodistas profesionales no se excluyen mutuamente: hay lugar para los dos", insistió.

Nachtwey recordó que cuando comenzó su carrera era fuerte el despliegue de la prensa escrita, y los periódicos y revistas tenían oficinas por todo el mundo "y grandes presupuestos para la fotografía", lo que daba muchas oportunidades a la profesión.

"Pude haber encaminado mi carrera en muchas direcciones, pero adopté a conciencia la decisión de comprometerme para documentar los conflictos y temas sociales críticos", agregó.

"No estaba interesado en la fotografía en sí -insistió-, sino en la forma en que podría ser usada con la intención de crear conciencia social y que se convirtiera en un elemento en el proceso de cambio".

A comienzos de este siglo, sin embargo, las condiciones económicas han forzado en los medios impresos tradicionales "dramáticos recortes" en su apoyo al fotoperiodismo, "e internet se ha convertido en la fuente primaria de información masiva".

"No soy un nostálgico de los viejos tiempos. Hoy en día hay más oportunidades, pero los 'freelance' tienen que ser más independientes y emprendedores".

Nachtwey dice que su carrera le ha llevado por todo el mundo, lo que le ha permitido ser testigo de un amplio rango de culturas, condiciones sociales y realidades políticas.

Pero, agrega, "es importante mantener el corazón abierto, la mente abierta y los ojos abiertos, para ejercer el sentido común y mostrar respeto con la gente que conoces".

Al hacer un recuento de los momentos que le han marcado más, recordó su experiencia para documentar la última fase de la lucha contra la opresión racial en la Sudáfrica de 1994, donde uno de sus colegas, Ken Oosterbroek, murió por un disparo justo a su lado.

"Las tragedias que estaban experimentando los ciudadanos de Sudáfrica incluían a periodistas, y ello se convirtió en algo personal, pero ver a Nelson Mandela como nuevo presidente fue el evento más inspirador del que he podido ser testigo", añadió.

Fue una época en la que también le tocó cubrir el genocidio de Ruanda, y lo describe así: "Un rápido descenso desde lo mejor que puede ofrecer la humanidad a lo peor que se pueda imaginar".

Entre las situaciones más peligrosas que le ha tocado vivir, Nachtwey recuerda "algunas pocas heridas" y muchas veces que se ha "escapado por los pelos" en lugares como Chechenia y, más cerca, cuando el 11 de septiembre de 2001 estaba justo debajo de una de las torres gemelas que se derrumbó por los atentados terroristas.

En situaciones como esas ha salido libre gracias a la suerte o al heroísmo de algunos colegas, como le ocurrió en 2003 en Bagdad, cuando en el vehículo en el que se desplazaba arrojaron una granada.

"Fue gracias a la valentía de mi colega Michael Weisskopf, quien intentó lanzar la granada afuera, perdiendo la mano en la explosión, que todos dentro del vehículo pudimos sobrevivir", recuerda ahora.

Agustín de Gracia