EFECannes (Francia)

El actor español Javier Bardem demostró este viernes sentirse como en casa en el Festival de Cannes. Llegó entre ovaciones y se despidió entre el mismo entusiasmo después de casi dos horas de charla en las que el público le agradeció sus confesiones y sinceridad.

El certamen lo había invitado para hablar de su trabajo y el intérprete, de 53 años, no decepcionó: "Tener tus propias opiniones hoy es arriesgado, pero debemos tenerlas porque si solo decimos lo que la gente espera que digamos no hay discusión. Tener enemigos y una opinión está bien. De lo contrario es imposible crecer", apuntó.

En Cannes, con premio de interpretación en 2010 por "Biutiful", había presentado en el pasado también en competición "No country for old men" (2007), "The last face" (2016) y "Todos lo saben" (2018), y "Vicky Cristina Barcelona" (2008) fuera de concurso, pero en esta 75 edición, que se clausura el sábado, su presencia fue un mero paseo por los recuerdos.

Empezó como "un trozo de carne", bromeó. En "Las edades de Lulú" (1990), su primera película, había acompañado a su hermana Mónica a un cásting, le invitaron a hacer una prueba y solo tuvo que quitarse la camiseta. "Me dije ¿esto es actuar? Ok, supongo que puedo ser actor".

Esos primeros papeles fueron "muy físicos" y dijo afrontarlos con las ansias propias de la edad: "Cuando tienes 20 años quieres ser el mejor, demostrar lo que eres, pero ya no tengo esa presión y ahora disfruto de lo que hago por lo que es".

En esos inicios coincidió en "Jamón jamón" (1992) con Penélope Cruz, con quien rodar juntos de nuevo en "Vicky Cristina Barcelona" supuso el inicio de su relación.

"Cada vez que Penélope y yo estábamos trabajando nos mirábamos como cuando estás en clase y no hablas con la persona que te gusta. El ultimo día de rodaje pensé 'mierda, no le he dicho nada'. Y luego fue un 'hola', 'hola', y ahora estamos casados y tenemos dos hijos".

Woody Allen, el director, les dio como regalo de boda la grabación de uno de sus besos. "Teníamos una escena en la que nos dábamos un beso. Estábamos encima de la cama, nos estábamos besando, seguíamos besándonos y yo pensé esto está bien, está siendo largo, pero está bien. Me giré y ya no había cámaras, se habían ido".

Con anécdotas como esa se ganó a un público que ya había llegado entregado y ante el que admitió ser "un tipo con suerte".

SORPRENDIDO CON SU SUERTE

"Cuando empecé nunca pensé que iba a ganarme la vida con esto y haber trabajado dentro y fuera de España con los mejores directores es algo que ni me hubiera atrevido a soñar. Cada vez que consigo un papel respiro y digo gracias porque no sé cuando va a llegar el momento en que dejen de ofrecerme uno".

Nominado al Óscar cuatro veces en total, y ganador del mismo en 2008 por "No country for old men", el actor señaló que la mayor diferencia entre una producción grande y una pequeña son los tiempos de espera, tan largos en las grandes que te pueden hacer perder el hilo.

El intérprete hizo una doble defensa de las plataformas y de las salas de cine. Las primeras, dijo, están dando mucho trabajo y oportunidades para hacer películas arriesgadas, "pero es triste que no pasen el tiempo que necesitan en pantalla".

Bardem admitió no obstante que cada vez resulta más complicado apreciar las películas: "Lo veo con mis propios hijos. Les cuesta decidir qué ver y me preocupa, porque para ellos, para todos nosotros, es difícil estar concentrados en una cosa".

En una conversación en la que las preguntas del público le hicieron pasar de lo profesional a lo personal, señaló también que educa a sus hijos para que sepan que está bien mostrar sus sentimientos: "Cuando veo a un hombre que se emociona y se permite ser sensible lo veo como un hombre fuerte, en lugar de lo contrario, y quiero asegurarme de que lo entienden".

Bardem confesó igualmente que si no lo tiene todo controlado no sabe actuar, aunque con directores como Julian Schnabel, con quien trabajó en "Antes de que anochezca", solo es posible dejarse llevar, y aunque el delegado general del certamen, Thierry Frémaux, aseguró que él encarna España, dijo no representar a nadie más que a sí mismo.

Marta Garde