EFEMiami (EE.UU.)

La imagen de dos carritos de supermercado abandonados en una inusual plaza de estacionamiento en mitad del campo sorprende a los miles de automovilistas que pasan a diario por una transitada vía del sur de Florida sin saber que son el público de una bienal de arte.

La Commuter Biennial, algo así como la bienal de los que transitan a diario entre dos puntos para trabajar, es una iniciativa que se propone "democratizar el acceso al arte contemporáneo" mediante la colocación de instalaciones, esculturas y fotografías en lugares totalmente alejados de los circuitos artísticos de Miami, no solo geográficamente.

Una de esas obras lleva la firma de Juan Landaverde, un artista estadounidense de padres mexicanos que nació y se crió en Homestead, una zona rural al sur de Miami en la que los campos de tomates y habichuelas están siendo reemplazados por casas y negocios.

En un lugar a las afueras del centro de esa localidad situada unas 32 millas (40 kms) de distancia de Miami y cerca de una carretera muy transitada es donde está colocada desde esta semana la instalación con los carritos de supermercado, realizada por el artista de 28 años.

"Lo que busco es que los que pasen y vean mi obra piensen acerca de cómo se podría ver ese lugar en 10 ó 15 años", "cómo afectará a la vida de las personas" el desarrollo urbanístico, afirma Landaverde en unas declaraciones por teléfono a Efe.

El joven artista, que es profesor de arte en una escuela de su localidad, cree que todavía es pronto para saber cómo van a reaccionar los "commuters" ante una imagen habitual en los centros comerciales y supermercados: la de los carritos abandonados de cualquier manera en las plazas de los estacionamientos una vez que la gente deja de necesitarlos.

Puestos en mitad del campo sobre superficies de cemento con las rayas blancas laterales y el tope de cemento en la parte superior que indican que allí estacionará un automóvil desconciertan a quien los ve y cobran otro significado.

"La confusión es parte de la obra de arte", dice a Efe Laura Randall, curadora de la Commuter Biennial junto a Coutney Levine.

Randall y Levine lograron el apoyo de diversas instituciones del condado de Miami-Dade y una concesión de fondos de parte de la Knight Foundation para desarrollar varias actividades artísticas entre julio y octubre de este año.

La bienal se inauguró con una artista que no reside en Miami, Marie Lorenz, de Brooklyn, Nueva York, que desarrolló su proyecto en la vasta red de canales del condado de Miami-Dade.

Lorenz diseñó y construyó unos botes para poner en marcha un servicio de taxis en los que transportó a la gente por esas vías acuáticas con el fin de ampliar la percepción que se tiene de lo que es el área metropolitana de la ciudad.

La artista pudo exponer sus puntos de vista al público en una charla que tuvo lugar a comienzos de julio, algo que Landaverde también podrá hacer en una reunión que se realizará por estos días en un lugar de degustación de vinos de Homestead, según dijo a Efe Randall.

El artista de origen mexicano subraya que la agricultura es una seña de identidad de Homestead y de su propia familia y está en riesgo de perderse con el desarrollo urbanístico del área, pero matiza que no es ese el mensaje que quiere transmitir con su obra a los que circulan por la carretera vecina.

Su miedo es que acabe siendo una ciudad dormitorio de Miami, un lugar por donde solo se pasa para ir a los Cayos de Florida, pero sus opiniones -dice- quedan al margen de su proyecto para la bienal, con el que solo busca provocar la reflexión.

Otros artistas que van a ir sorprendiendo y entreteniendo a los que van y vienen de casa al trabajo y del trabajo a casa son Lily Martina Lee, Michelle Lisa Polissaint, Terence Price II, David Brooks, Nice'n Easy, T. Wheeler Castillo, Virginia Overton y Magnus Sodamin.

Fotografías en las marquesinas de las paradas de autobús y esculturas con el lema "Memento mori" ("Recuerda que morirás") en lugares apartados donde fue hallada sin vida una persona anónima también forman parte de una bienal que quiere cambiar el paisaje de los suburbios de una ciudad que es sede de Art Basel y cuenta con una nutrida oferta de museos de arte y galerías.

Ana Mengotti