EFEMadrid

Hace casi veinte años, los padres de la joven Maryam Touzani acogieron en su casa de Tánger a una muchacha embarazada que, avergonzada y sin pareja, iba a dar en adopción a su bebé. Por tradición, explica la hoy directora de cine Touzani en una entrevista con Efe, ese niño iba a nacer marcado y sin derechos.

"Es un recuerdo que se me quedó dentro sin yo saberlo y cuando me quedé embarazada de mi primer hijo, que ahora tiene 3 años, empecé a entender lo que debió sentir esa madre y comprendí la suerte que yo tenía de poder esperar a mi bebé con los brazos abiertos", señala en perfecto castellano la directora y guionista, también actriz, conocida en España por su papel protagonista en "Razzia" (2017).

Escritora instintiva e intuitiva, Touzani cuenta que "Adam", el título de la cinta que es el nombre del bebé que va a nacer y que en árabe designa al "ser humano", apunta, iba evolucionando con su embarazo; al final, dice, se encontró "con el guion escrito y no hubo que cambiarlo tanto al rodar".

"Quería contar una historia simple e ir a lo esencial, sin señalar a nadie con el dedo. No creo que las cosas sean buenas o malas, verdad o mentira. Es una cuestión de percepción de las cosas y lo que me interesaba, sobre todo -enfatiza-, era dar voz a la interioridad de estas mujeres".

Unas mujeres que existen y que mantienen una lucha, pero a las que muestra ancladas a una sociedad como la marroquí, "muy rica pero muy complicada", para poder explorar su interioridad: "Dar tiempo al tiempo y ver sus limitaciones, sus miedos, sus esperanzas y confrontarlas a ellas mismas desde ellas mismas", explica.

"Adam" lleva al espectador a la Medina de Casablanca, donde Samia (Nisrin Erradi), una joven embarazada y sin más equipaje que una bolsa, llama a todas las puertas para conseguir trabajo. Una de ellas es la panadería tradicional de Abla (Lubna Azabal), una viuda que vive con su hija de ocho años, Warda (Douae Belkhaouda), que interviene para que la madre la acepte en su casa esa noche.

Abla se da cuenta enseguida de que se trata de un hijo natural y que ese niño va a ser dado en adopción después del parto, lo "normal" en esos casos, para que Samia no sea rechazada en todas partes.

Este personaje, aclara la directora, está basado en aquella joven que fue a su casa, pero Abla se nutre también de su propia experiencia. "Cuando perdí a mi padre vi cosas bastante duras de observar por cómo se vivía el luto y la relación con la muerte en mi sociedad".

Así, sin darse cuenta -porque nada de lo que escribe es premeditado, su escritura es visceral, dice-, fue dando a ese personaje cosas que sentía y que se expresaban en Abla; fue mucho después cuando entendió por qué estaban ahí.

"Me gustaría decir que las cosas han cambiado y que los niños que nacen sin padre tienen las mismas ventajas; aunque ha habido muchos avances y hay ONG que luchan por dar derechos a madres e hijos -porque hace 20 años los niños no tenían identidad, hoy sí-, pero por su documento se sabe que no tiene padre. Así es difícil de asumir. Querría decir que hemos avanzado, pero en realidad, no tanto", considera.

Y lo mismo con las viudas, que "siguen en esa encrucijada", otra vez sometidas a la tradición y las costumbres.

"Es difícil para una mujer decidir que prefiere quedarse sola, ser independiente y que no necesita casarse si no quiere, como hace Abla, pero no es simple".

Touzani, que pasó la infancia en su Tánger natal antes de mudarse a Londres para cursar sus estudios, habla árabe y francés además del español que le enseñó su madre andaluza.

Opina que "es importante" mostrar en el cine imágenes de mujeres fuertes y emancipadas a las que no les paren los obstáculos de la vida. "Sobre todo ahora -señala-, que vivimos tiempos complicados, es necesario el ejemplo".

Tras hacer hincapié en que ni el machismo ni el patriarcado existen solo en Marruecos, sino que lo vemos en todo el mundo, como el caso de Donald Trump, advierte de que poco a poco se están revirtiendo derechos que han costado mucho de conseguir a las mujeres.

Quizá por eso confía en la importancia del cine para ir cambiando mentalidades, algo imprescindible mientras cambian las leyes, que suelen ir lentas.

"En eso el cine tiene un papel importante porque es algo que si te toca en tu interior, si sientes una emoción, conecta directamente con tu intelecto, y puede hacer que te preguntes cosas o haga que cambies tu manera de ver las cosas, crear un debate productivo: cambiar cosas que la política no cambia", afirma.

Alicia G. Arribas.