EFESan Sebastián

Louis Garrel acaba de presentar en el Festival de Cine de San Sebastián su tercer largometraje, "Un pequeño plan... como salvar el planeta", una fábula ecologista, divertida y amable para llamar la atención sobre el cambio climático.

"Con el covid, como nos vimos enfrentados a nuestra desaparición, colaboró el mundo entero para frenarlo, pero el problema climático no entraña nuestra desaparición, sino la de las generaciones siguientes, así que la respuesta, optimista y pesimista a la vez, es que nuestra generación es nula, no vamos a hacer nada", se lamenta en francés en una entrevista con Efe.

"Pero (lo harán) los críos, o los militantes que ya están muy estructurados, como Greta Thumberg, que fue la primera en mostrar esa fuerza y esa determinación. Creo que los próximos jefes de Estado tendrán que hacer con el cambio climático lo mismo que han hecho con el covid, y ojalá que empezasen ya", resume.

El actor francés, que empezó su carrera a los seis años y ha trabajado en más de medio centenar de cintas, dirige esta película ecologista que escribió a medias con el carismático guionista Jean-Claude Carrière, fallecido en febrero pasado y al que Garrel dedica la película.

"Yo no me sentía ecologista, pero Jean Claude sí; de hecho -apunta Garrel- en los años sesenta escribió un libro y le obsesionaba, tenía una hija de 20 años y le angustiaba enormemente todo esto. Y le molestaba que nadie se lo tomase en serio, que nadie escuchase a los científicos que lo venían advirtiendo 30 ó 40 años, él no entendía que no fuésemos conscientes de algo tan evidente".

Fue idea del veterano guionista que la cinta fuera "satírica y cómica" para que la quieran ver los espectadores, porque "no quiere dar lecciones. Tiene mensaje sí, pero no damos lecciones de moral", asegura Garrel, también protagonista junto a Laetitia Casta, de la película.

Y con ellos, el pequeño Joseph Engel, un actor de 12 años con el que empieza la historia: Abel (Garrel) y Marianne (Casta) descubren por casualidad que su hijo lleva meses vendiendo los objetos más caros y preciados de su casa, empezando por su propio patinete, hasta las perlas y el Channel que más ama su madre.

Pero también las carísimas botellas que guardaba el padre en su bodega y los cuadros en los que había invertido su dinero.

"Qué ocurriría si cogiésemos todos los objetos que no usamos y los escondiésemos, sería un tesoro de guerra, enorme, todos esos objetos inútiles juntos... equivaldría al PIB de España", señala Garrel.

En la película hay una lógica primera reacción violenta de los padres contra ese niño, pero el motivo por el que lo hace es tan impresionante que hace que la mujer se alíe con él. Él, y otros miles de niños en todo el mundo, están "desplumando" a sus familias para financiar un proyecto ecológico que salvaría a África de la desertización.

Pero la película también habla de una mujer que empieza a admirar más a su hijo que a su marido; "y eso debe ser difícil de soportar, ojalá no me pase", se ríe el actor que trabaja con su propia esposa en la cinta.

A pesar de lo fantástico del plan que desarrollan los niños, Garrel asegura a Efe que un geógrafo con el que habló le dijo que era posible hacerlo; "claro -añade el actor y director-, con acuerdos entre los países: fíjate en el Canal de Suez, faltan proyectos faraónicos como ese.

"Pero para sacarlo adelante haría falta una conciencia mundial", agrega, y en ese sentido, recuerda las palabras de un filósofo francés que sostiene que al covid "hay que mirarlo con optimismo, como si fuese un ensayo general de la crisis climática que tendremos que enfrentar".

Esta teoría supone que "todos los estado colaboren y que se reúnan los científicos: juntar millones y millones de personas inteligentes y millones también en términos de dinero, para arreglarlo porque si no -bromea con un terrible humor negro- acabaremos todos suicidándonos aquí, en el hotel María Cristina.