EFELa Habana

Lienzos aparentemente en blanco pero sometidos a un efímero proceso creativo protagonizan "Noches blancas", la primera exposición en solitario de Marco Castillo tras la ruptura del reconocido colectivo "Los Carpinteros", uno de los principales exponentes del arte contemporáneo cubano.

Durante dos semanas, el artista se encerró con diez lienzos de varios tamaños tratados "a la antigua" un decrépito edificio de La Habana Vieja y allí, entre paredes desconchadas, documentó todo el proceso creativo, algo imprescindible porque los cuadros los pintó con agua.

En la muestra, que se inaugura hoy en la galería Arsenal Habana, junto a cada lienzo estará el video que plasma su creación y que convierte cada obra en una instalación.

Al estar tratada, la superficie "tiene una profundidad muy sutil, y la propia acción del agua genera unas manchas que están presentes", precisa a Efe Castillo sobre estas obras "evaporadas".

La inspiración fue el protagonista de "Noches blancas", de Fiodor Dostoievski, que en un momento "de delirio y exceso de pasión" escribe parte de una novela pero olvida usar tinta.

"Los artistas siempre estamos pensando en qué respuesta darle al arte, un medio saturado donde somos muchos. Este es mi gesto en este momento en que están mi vida, mi carrera, la cultura cubana, mi país. Pintar con agua lo siento el gesto correcto para el momento", refiere.

Un momento en Cuba, según este artista, de "contexto social, político y de debate cansado" sobre un sistema que "no ha funcionado nunca y carece de toda fuerza".

Por ello, estos cuadros pintados con agua son "un gesto de cambio de mirada, aparentemente vacío, que pudiera ser un comienzo, un ritual de iniciación hacia una vida nueva" en un país cuyos habitantes "no piensan que Cuba está en transición, piensan que está en lo mismo".

Aún así, Castillo, quien tras una década en España ha regresado a su isla, quiere "estar presente y participar de este momento" en que "Cuba tiene que ser reconstruida", y por ello esta primera exposición individual tras 26 años en el colectivo Los Carpinteros.

Con innumerables exposiciones internacionales y obras en las colecciones de instituciones como el Pompidou de París, el Centro de Arte Contemporáneo de México DF; el Reina Sofía de Madrid, la Tate Modern de Londres o los museos Guggenheim y de Arte Moderno de Nueva York, Castillo y Dagoberto Rodríguez anunciaban su separación en agosto pasado.

Ahora, exponer en solitario "en principio es acojonante" para Marco, quien quiere restarle dramatismo al asunto e invitar al público a hacer lo mismo.

"Fuimos un grupo de importantes decisiones y cambios, siempre disfruté ese rol dentro del grupo y es a lo que le doy seguimiento en esta nueva etapa. Hemos tenido muchas 'faces' a lo largo de estos años y nos hemos despojado de herramientas muy exitosas porque no nos encajaban en la mecánica evolutiva en que nos encontrábamos", sostiene.

Por eso, quiere ver "el presente y el futuro, siempre, como una nueva etapa del grupo, una nueva etapa del individuo", aunque aclara que el legado de Los Carpinteros sigue en pie y hay muchas obras inéditas que irán viendo la luz en el futuro.

"Noches blancas" es, además, un alegato contra una nueva normativa que prepara el Gobierno cubano para regular la actividad artística, un decreto que se ha topado con la resistencia de creadores de primera línea porque su planteamiento para algunos roza el peligroso límite de la censura.

"Ese decreto tiene una cantidad de puntos delicados muy tristes, que no deberían pasar. El decreto quiere blindar al Gobierno de la posibilidad de que haya un contenido que lo vaya a criticar y esto es horrible porque lo único que tenemos nosotros es lenguaje", lamenta el artista.

Por eso, estos lienzos en blanco son también un gesto: "Como pinto con agua, no se ve, y toda esta estructura que se quiere crear para vigilar al artista no podrá nunca atraparme", ironiza.

Ante el riesgo de que el público no entienda esta arriesgada propuesta "en blanco", el creador argumenta que "el arte es un tren en el que uno invita al público a montarse, y si se monta uno va a viajar y conocer lugares nuevos".

"El riesgo es muy bonito, es la única manera de desarrollarse en el arte. Los Carpinteros crecieron tomando riesgos, cosas que nunca se habían hecho en el arte cubano. Para muchos será una sorpresa porque el arte del colectivo era muy materialista y trabajado y este es más etéreo, aunque la belleza de un lienzo en blanco es infinita", concluye.