EFEBarcelona (España)

La escritora francesa Marie NDiaye tuvo claro durante meses que la primera escena de su nueva novela, "Mía es la venganza", debía tener como protagonistas a un hombre que llegaba a una oficina y allí se encontraba con una mujer que, nada más verlo, quedaba absolutamente transtornada.

"La letrada Susane supo enseguida que el hombre que el 5 de enero de 2019 entró tímidamente, casi temerosamente en su despacho, ya lo había conocido mucho tiempo antes y en un lugar cuyo recuerdo se le apareció con tanta precisión, con tanta brutalidad, que fue como si le dieran un golpetazo en la frente", escribe en el primer párrafo de su último libro, publicado en español por Gatopardo Ediciones.

La ganadora del Premio Goncourt en 2009 por "Tres mujeres fuertes", explica en una entrevista con Efe que esa escena la tenía clavada en su cerebro y es la que la llevó a sentarse ante el ordenador para crear su nuevo artefacto literario, una suerte de "thriller" psicológico, con una abogada que irá dándole vueltas a un recuerdo de infancia, aunque no tiene claro si está basado en un hecho real.

"¿Qué pasó en la vida de la letrada Susane -se pregunta la novelista- para que la visita de ese hombre, Gilles Principaux, la dejara tan transtornada?".

A la vez, en esta inquietante historia, que ubica en Burdeos, tiene su peso la relación que establece la abogada, que es de perfil bajo, con su nueva clienta, Marlyne, esposa de Principaux, una infanticida que ha ahogado a sus tres hijos en la bañera.

"La gran pregunta de la novela -prosigue NDiaye- es ¿quién es realmente Gilles Principaux para la abogada Susane? ¿Es el mismo hombre que ella recuerda del momento más feliz de su existencia? ¿O no lo es?".

Como es habitual en las novelas de esta autora, que hace 35 años vivió en Sitges (Barcelona) durante un tiempo y que también ha residido durante más de una década en Berlín, no entra a juzgar a sus personajes "incluso a los que no resultan simpáticos, incluso a los que son criminales". "De hecho, intento no tener en mis obras ningún punto de vista moral", apostilla.

En cuanto a ubicar el relato en un fantasmal Burdeos, desvela que justo cuando estaba escribiéndolo vivía cerca de esta ciudad -ahora está en París- pero no rehuye que si hubiera tenido casa cerca de Marsella o de Lyon hubiera escogido estas otras capitales.

Preguntada sobre si contar con reconocimientos como el Femina, el Ulysse o el Marguerite Yourcenar le supone una presión cada vez que inicia un nuevo proyecto literario, la escritora afirma que no y, en el caso del Goncourt, "fue una gran suerte en mi vida, no me aportó nada negativo, sino solo ventajas y muchas traducciones".

Además, agrega, "ya contaba con 42 años, no era una chica joven, y, al contrario, no fue nada duro de vivir".

Sobre su retorno a Francia, después de años en Alemania, aunque sigue en contacto con este país, no esconde que pudo haber un punto de nostalgia, de "echar en falta las librerías con libros en francés, mi idioma o la comida".

"Con todo, a menudo, estando en Francia, tengo nostalgia de Berlín y también lo echo en falta, aunque es un sentimiento agradable, que me gusta", confiesa.

En cuanto a sobre cómo ve a su país, a pocos meses de las elecciones presidenciales, muestra su preocupación, "no tanto porque la extrema derecha alcance el poder, que espero que no pase, si no porque sus ideas están cada vez más presentes y se trivializan, lo que también pasa en Alemania con la neonazi Alternativa Alemana, que tiene mucho peso".

Irene Dalmases