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La escritora puertorriqueña Jaquira Díaz, a la que los libros le "salvaron la vida", busca con su premiada novela "Ordinary Girls" que todas las mujeres y niñas que "se criaron pobres" vean cómo "una persona puede superarse".

"Lo que yo quería decirle a las mujeres, a las niñas, a las adolescentes es que mi historia no era única, sino que todas tenemos historias similares, que todas en realidad valemos y que nuestras vidas significan algo en el mundo", señaló Díaz a Efe.

La escritora, que ha sido galardonada con el Premio Whiting 2019 dotado con 50.000 dólares en la categoría de novela de no ficción, aseguró en una entrevista telefónica que este galardón le ha "dado ánimos para seguir adelante", tanto económica como anímicamente.

Al anunciar el premio, la semana pasada, la Fundación Whiting destacó que "la literatura de Díaz está cargada de imágenes indelebles de violencia y ternura. Sus demoledores recuerdos están construidos sobre la estructura helicoidal de la memoria misma".

Las mujeres comunes de Díaz, "abusada, adicta, de dos razas y 'queer'" (LGTB), tienen "vidas extraordinarias", escribió un crítico literario estadounidense cuando se publicó el libro en otoño pasado.

Por culpa de la pandemia de coronavirus Díaz canceló gran parte de la gira con la que iba a dar a conocer "Ordinary Girls".

Díaz ya había visitado una treintena de ciudades, pero al no tener seguro médico y después de que su madre sufriera varias pulmonías decidió cancelar la gira hasta nuevo aviso como precaución.

En su novela, Díaz narra su infancia en Puerto Rico, donde vivía en los conocidos como "caseríos", apartamentos del estado para las personas más desfavorecidas, y cómo ella y su familia se mudaron a Miami Beach en la década de los ochenta en busca de una vida mejor.

Sin embargo, los problemas dentro de su familia disfuncional continuaron y pese a que su padre, que alguna vez tuvo que traficar con droga para dar de comer a la familia, tuvo algunos trabajos legales, volvieron a caer en la espiral de la pobreza.

Además, su madre fue diagnosticada con esquizofrenia.

Durante su adolescencia entró y salió de correccionales juveniles, pero Díaz sabía desde los ocho años que quería ser escritora.

Sin embargo, no fue hasta que vivió el huracán Andrew (1992) a los trece años cuando escribió su primera historia, que fue publicada en el diario Miami Herald.

"Fue la primera vez que yo vi que podía ser escritora. No sabía cómo lo iba a hacer ni qué tenía que hacer, pero fue el primer momento en el que vi que era posible", explicó Díaz.

Después de la escuela pública alternó hasta tres trabajos mientras acudía al Miami-Dade College y consiguió reunir el dinero para estudiar en la Universidad Central de Florida (Orlando) y la Universidad Sur de Florida (Tampa).

"Empecé a escribir, por la mañana, por la noche, todos los días. A veces 15 minutos diarios, otras horas y horas seguidas. Me di cuenta que para ser escritora tenía que considerar esta carrera lo más importante de mi vida y no darme por vencida", cuenta Díaz.

Tardó doce años en terminar "Ordinary Girls", que no es otra cosa que su historia y la de su familia y que empezó a redactar porque había recuerdos que era "incapaz de olvidar".

La novela le ha servido para "reconciliarse con su pasado".

"Hubo muchas personas a las que yo herí y que me perdonaron y me siguen perdonando. Yo tenía que ser la persona que perdonara a los demás también, perdonar a mi mamá, a mi papá, a mi familia, porque ellos se lo merecen", dijo.

Liberada del pasado, Díaz se adentra en una nueva aventura y ya está trabajando en su nueva novela, en la que narra la historia de una joven puertorriqueña que viaja a una universidad estadounidense en el momento de la elección de Donald Trump como presidente (2016) y a la que ven "como a una enemiga por ser latina".

También está dedicada a promover a los escritores latinos afrodescendientes, "cuyas voces todavía no están presentes" en la industria editorial, según dice en un mensaje de Twitter.

La también finalista del premio literario Lambda comentó que la población migrante de Puerto Rico que vive en los Estados Unidos "muchas veces se siente como si estuviera en un país extranjero", y lo mismo ocurre al volver a casa ya que "parece que nunca vamos a ser completamente estadounidenses o puertorriqueños".

"Uno pierde la conexión con su país, con su idioma, con su cultura, y se hace muy difícil cuando es hijo de segunda generación volver a tener esa conexión con tu país".

Díaz ha aprendido que "nunca es tarde para tratar de regresar". "Para mi ha sido muy importante tener un libro, los libros a mi me salvaron la vida", concluye.

Alberto Domingo Carreiro