EFENueva York

"El cielo lloraba fuego, jamás había visto nada parecido", cuenta el artista español Santi Moix sobre el Hanabi, el festival tradicional de fuegos artificiales de Japón que le ha servido de inspiración para su última serie de obras, inaugurada este jueves en la galería Pace Prints de Nueva York.

Se trata de la cuarta muestra del barcelonés, de 59 años, con el prestigioso espacio artístico, que en esta ocasión exhibe alrededor de una docena de coloridos monotipos, tres de los cuales ocupan toda una pared y tienen más de dos metros de altura.

"Hanabi", como se titula el grupo de obras, surgió de una propuesta de un grupo de japoneses dedicados al arte contemporáneo que invitaron a Moix, conocido por sus obras florales, a que fuera testigo de la tradicional fiesta estival nipona en la que los fuegos artificiales son los protagonistas.

El artista cuenta que viajó a Japón "con cierta pereza", puesto que se encontraba inmerso en otro proyecto, y sin grandes expectativas, dada la importante cultura pirotécnica que existe en su país natal.

"Pero vaya, no podía estar más equivocado. Cuando vi lo que vi nunca me lo pude imaginar", dice en una entrevista con Efe poco antes de la inauguración de la muestra.

Haciendo uso de la fluidez natural de la acuarela, Moix creó cada monotipo pintando sobre una placa, componiendo detallados caleidoscopios con la intersección de colores en la que el fondo blanco del papel, que refleja la explosión de luz, también tiene un papel protagonista.

Moix quedo sobre todo impactado con los fuegos artificiales por la "capacidad que tiene de juntar a la gente": "Desde un niño pequeño a un hombre mayor, da igual la clase social que sean, tiene la capacidad de maravillar a las personas cuando ven fuego".

Trazó en ese sentido un paralelismo con las flores, el objeto que está acostumbrado a pintar, que también maravillan a personas de cualquier edad y posición, además de su capacidad de representar el ciclo de la vida.

"Tiene lo mismo. Es una forma de ver la muerte tridimensional: una cosa que explota, nace y muere", aseveró.

De esta exhibición, sin embargo, Moix no espera ninguna reacción concreta de los visitantes: "Al público hay que dejarlo tranquilo. Una vez hago una cosa ya no soy propietario de ella. Que cada uno haga sus conclusiones".

"Si logro que se ilusionen y que tengan una actitud refrescante, de entusiasmo, pues ya está", concluye.

La exhibición tiene lugar cuando Moix lleva ya más de 30 años establecido en Nueva York, conocido como el centro mundial del arte, y donde muchos artistas luchan por alcanzar el éxito en un ambiente sumamente competitivo.

Él ha logrado desarrollar ahí una exitosa carrera profesional, que reflejan sus muestras individuales no sólo en la Gran Manzana, sino también en ciudades como Shangai o Milán, y por supuesto, su Barcelona natal.

Ahí, en Cataluña, fue donde desarrolló uno de sus proyectos más conocidos de los últimos años, sus frescos de una iglesia del pequeño paraje de Saurí, en el Pirineo catalán, que se ganó la atención de medios como el New York Times al cubrir las paredes de una iglesia con coloridas representaciones de la flora y la fauna de la zona.

En un futuro próximo, el artista descarta volver a llevar a cabo un proyecto similar, en el que asegura que invirtió innumerables horas y que sólo ahora está empezando a asimilar.

"Cada día que pasa me doy cuenta de lo que he hecho, cada vez soy mas consciente. Me están pidiendo que haga otras, pero ostras, es que...tengo que pensarlo, ¿eh?", admite.

Señaló, sin embargo, que desde que empezó con la idea dijo que no quería que fuera el último, y que su intención es "volver a reabrir todas las iglesias que tenemos en las montañas del Pirineo".

Helen Cook