EFEBuenos Aires

"Soy nena" es la primera obra de danza contemporánea argentina que aborda el conflicto de la identidad de género en la infancia y, tras un exitoso estreno, vuelve a los teatros de Buenos Aires para "visibilizar" su realidad y romper con los prejuicios.

"Querer al otro como es, entenderlo, ponerse en su lugar", es el mensaje que quiere transmitir la coreógrafa y directora argentina, Lucila Sanles, en "Soy nena", que tras una exitosa primera temporada retorna en octubre a las tablas de la sala porteña Hasta Trilce.

Un grito por la libertad que le valió a su creadora el premio de la Sociedad General de Autores de Argentina a Mejor Coreografía y le ha permitido visibilizar que la identidad de género no comienza en la época adulta.

El espectáculo es fruto de una investigación realizada por la bailarina a raíz del caso de Luana, una niña transgénero argentina que en 2013 fue la primera del mundo en obtener su documento nacional de identidad sin hacerle juicio al Estado. Su historia inspira la obra.

"Me di cuenta de que, independientemente del país y las costumbres, había un montón de ejes que atravesaban a estos niños y que siempre se reiteraban", explicó Sanles a Efe.

La coreógrafa tomó ese "común denominador" y lo dotó de una "estructura dramática convencional" para contar la transformación de estos pequeños y sus familias, desde el nacimiento a la adultez.

"Soy nena" dice mucho pero sin utilizar ni una sola palabra.

La danza y una impactante puesta en escena, donde la música es "troncal" para transmitir los estados de ánimo por los que transita cada personaje, son las únicas herramientas de la representación.

"Elegí el lenguaje de la danza porque (...) me parecía como que había un paralelismo en esto del enfoque de la niñez, porque justamente los niños no nacen hablando y dependen mucho de sus familias y de lo que sus padres decodifican", señaló la directora.

La función comienza con el nacimiento del bebé y los primeros pasos de ese menor que se mira al espejo y se refleja con el sexo opuesto al que evidencian sus genitales.

Además, pone de manifiesto el impacto inicial que esto supone para muchas familias que deben romper drásticamente con las convenciones sociales.

Uno de los momentos más dramáticos de la trama llega, precisamente, cuando el padre de la niña trans pretende que juegue con pelotas y coches, su hija le enseña una muñeca y él se la rompe.

Con su trabajo, la autora aspira a romper prejuicios sobre un colectivo que todavía sufre una expulsión temprana del núcleo familiar, tiene numerosos obstáculos para acceder a un empleo formal y su expectativa de vida no supera los 40 años.

Sanles remarcó que aunque Argentina es un país "evolucionado" desde lo legal, con algunas de las políticas sociales más progresistas de la región en materia de matrimonio igualitario o identidad de género, "en lo cotidiano todavía hay mucha resistencia".

"Fue una lucha muy ardua para que surgieran las dos leyes pero después, cuando de repente los niños se encuentran en el sistema de salud o educativo como miembros de una sociedad, hay un montón de dificultades", explicó.

La artista remarca la realidad de las provincias, generalmente más conservadoras, y recuerda lo sucedido recientemente con la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que tras obtener media sanción en la Cámara de Diputados en medio de una gran movilización social, fue rechazada en Senadores con el voto determinante de los distritos más conservadores.

Que el relato fuese comprensible para todos los públicos era otro de los retos de su creadora.

"A veces la danza es tan elitista que no llega a la gente, es como un gueto. Por eso, para nosotros era muy importante que cualquier persona, con o sin experiencia en danza, pudiese venir a ver la obra y entender lo que se estaba contando", explicó.

Sanles asegura que han sido muchas las familias con niños y niñas transgénero que se han acercado a verla.

"Los niños trans no tienen modelos de referencia en sus juegos o en sus personajes de heroínas", lamenta la bailarina, por lo que para muchos de ellos ir a ver una obra sobre un tema que les toca tan de cerca y "contado de una manera tan estética" hace que estén "felices".

Para el público trans adolescente el análisis es otro. Según la coreógrafa, ellos se ven más reflejados en "la tensión con los padres" y la "suerte" de tener familias que les acompañan en el proceso.

Sanles ya prepara una versión a la inversa: "Soy nene", porque vivimos en una sociedad "muy machista" y "las diferencias lamentablemente existen", concluyó.

Cristina Terceiro