EFEBarcelona

A pesar de la dureza de la historia que narra la novela "Vista Chinesa", la violación de una mujer en el Parque de la Tijuca de Río de Janeiro, su autora, la brasileña Tatiana Salem Levy, considera que ha escrito una carta de amor con la que intenta, de alguna manera, "interrumpir una violencia que siempre se intenta silenciar".

Publicado en castellano por Libros del Asteroide, en este relato en forma de misiva de una madre violada, Júlia, a sus dos hijos, Salem Levy parte de un hecho real, ocurrido a una de sus mejores amigas, para reflexionar sobre la violencia contra la mujer y todo lo que comporta a quien la sufre, además de reflejar la actuación de la administración en busca del culpable, a las puertas del Mundial de Fútbol y de los Juegos Olímpicos de Río de 2014.

En una entrevista con Efe, la novelista, que reside en Lisboa desde hace unos años, rememora que quedó muy afectada cuando supo que una de sus mejores amigas, Joana Jabace, una realizadora de televisión a quien conoce desde la adolescencia, había sido violada una tarde en la que, justamente, habían quedado para hablar por teléfono de su novela "Paraíso".

Tras extrañarse porque no respondía a sus llamadas, al día siguiente su hermana le hizo saber que tenía el móvil apagado porque había sufrido esa experiencia traumática en el bosque que hay, camino a Vista Chinesa.

No se sentó inmediatamente ante el ordenador para ficcionar un acontecimiento del que se sentía "más implicada de lo que habitualmente" se hubiera sentido, sino que dejó pasar un tiempo, que coincidió con una investigación en busca del criminal. "Todo rodeado de mucha angustia y yo que estaba a miles de kilómetros, porque ya vivía en Lisboa", recuerda.

Sin embargo, la voluntad y las ganas de escribir sobre todo ello fue en aumento, especialmente después de ver una exposición de la fotógrafa estadounidense Taryn Simon, que documentaba casos de condenas erróneas en Estados Unidos, y que la llevó a pensar en lo que le contaba Joana sobre su dificultad para decir a la policía, cuando le mostraban imágenes de posibles sospechosos, si era el culpable o no.

Cuatro años después del suceso, empezó a entrevistar a su amiga, con quien hay mucha confianza, sin preguntas prohibidas.

"Durante ese proceso ya me di cuenta del peso del trauma en Joana, de que esa violación para ella seguía ocurriendo todos los días, estaba muy presente para ella, aunque ya nadie le hablaba del tema, porque, además, la investigación ya estaba acabada, pero ella seguía viviéndola, lo que acabó teniendo mucho peso en la escritura", descubre Salem Levy.

Como escritora se metió en la cabeza y el cuerpo de esa mujer y encaró la novela "como si fuera Joana escribiendo una ficción de lo que le pasó".

Con una prosa que se pega al lector durante horas, con olores de yaca que no se van, cree Tatiana Salem que una vez estás escribiendo sobre una violación, "es como que estuvieras dando sentido a lo que ha pasado, estás creando una narrativa, escogiendo las palabras justas".

En uno de los muchos momentos que impactan del relato, la protagonista, Júlia, asevera que después de la violación "morí, él se fue y yo me quedé muerta".

Preguntada al respecto, la novelista brasileña señala que "en cierto sentido, todas las mujeres violadas, mueren".

"En ese momento, ocurre una muerte, del cuerpo, de la subjetividad, algo acaba y ya no volverá. Algunas mujeres, con trabajo, con apoyo de terapeutas y recursos, pueden irlo superando, pero si no cuentas con nada de todo eso, incluso vas a verte culpabilizada y, sí, hay algunos casos de mujeres que se sienten muertas para siempre".

Durante la entrevista da a conocer que el tiempo de escritura coincidió con el embarazo de su hija -también tiene un niño- y con la fuerza que eso comporta, y deja caer que su madre también fue violada cuando ella contaba con cuatro años, pero no lo supo hasta los dieciocho.

En ese momento, su madre estaba enferma de cáncer y, en una conversación informal, "hablábamos de otra cosa, pero acabó saliendo lo de su violación y ya nunca más lo volvimos a comentar, porque murió al poco tiempo. Pero ¿qué hubiera pasado si no me lo hubiera contado?", apunta.

Esta novela, que presenta al lector en forma de carta a los hijos de Júlia, quiere servir para "intentar interrumpir de alguna manera este tipo de violencia que siempre se intenta silenciar, con lo que se perpetúa si no se nombra".

Irene Dalmases