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Son las 18.00 horas del sábado y la marea humana que abarrota el centro de Madrid asiste al encendido diario de las luces de Navidad. Tonos azulados y verdosos dominan la Puerta del Sol y sus calles aledañas, pero hoy, entre ellos, se han colado dos invitados excepcionales: el rojo y el blanco de la hinchada de River Plate.

La capital de España alberga mañana el partido de vuelta de la final de la Copa Libertadores entre River Plate y Boca Juniors, y los seguidores de ambos equipos han dotado de un colorido especial a la ciudad en un fin de semana que, ya de por sí, es uno de los más concurridos del año en las calles madrileñas.

Y si a los 'xeneize' de Boca Juniors les tocó armar ruido esta mañana, cuando se reunieron para alentar a sus jugadores en el hotel donde se alojan, el Eurostars Suites Mirasierra, a los 'millonarios' de River les ha llegado el turno esta tarde en la Puerta del Sol.

Congregados alrededor de una de las fuentes de la plaza y cargados con banderas, paraguas rojiblancos y alguna que otra bengala, los hinchas de River han encadenado cánticos de apoyo a su equipo, contra Boca Juniors y contra la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), mientras paseantes y periodistas grababan la escena.

Ninguno de los aficionados desplazados a Madrid para la ocasión quería perderse este 'banderazo', ni siquiera Gastón, que maleta en mano y recién aterrizado desde Chicago explicaba a Efe que, si bien discrepaba de la decisión de celebrar el partido en España, "tenía que venir" y sacó su entrada "en caliente y sin medir las consecuencias".

Y es que a pesar de la multitudinaria afluencia de hinchas argentinos a Madrid con motivo de la final, su disputa en territorio europeo no parece satisfacer a casi nadie. "Una mierda, un desastre", respondía Leandro, vestido con una camiseta de Boca, al preguntársele su opinión al respecto.

"Nos hubiera gustado que el partido se jugara en Argentina", ha coincidido Claudio, también seguidor 'xeneize', que ha asegurado que "lo que pasó en el Monumental" de River Plate el pasado 24 de noviembre "no pasa habitualmente".

"Lo que pasó en el Monumental", huelga recordar, fue un asalto de los ultras de River contra el autobús de Boca que se saldó con varios futbolistas heridos, decenas de detenidos, la suspensión del encuentro y su ulterior desplazamiento al estadio Santiago Bernabéu.

No lo olvida un joven madrileño llamado Manuel, que esta tarde lamentaba que "han cogido a todos los violentos de un país de donde les han echado y los han metido en la Puerta del Sol", y criticaba el coste que tendrá el dispositivo de seguridad para el evento (sólo el despliegue de la Policía Nacional costará al menos 650.000 euros).

Sin embargo, los hinchas argentinos están seguros de que el ambiente en España será de tranquilidad y concordia. "Ahí hay uno de River y no pasa nada", comentaba Leandro mientras veía pasar por su lado a un aficionado rival.

De momento, los futboleros no interfieren en el trasiego de la marabunta que atesta estos días el centro de Madrid, repleto de turistas y locales que acuden a hacer compras, contemplar el alumbrado navideño o comerse un bocadillo de calamares o un trozo de roscón de Reyes.

La previsión de ocupación de la Asociación Empresarial Hotelera de Madrid para el puente de la Constitución rondaba el 80 %, y dicha cifra se deja notar en puntos como la Plaza Mayor, cuyo mercadillo de Navidad bullía esta tarde con el alboroto de los más pequeños y el restallar de las típicas 'bombetas'.

Es tal el tráfico humano que este mes se han estrenado en las calles Preciados y Carmen sendos semáforos peatonales para descongestionar la zona. Velan por su efectiva aplicación sucesivos cordones de agentes de Policía Municipal, que hacen lo que pueden por explicar la novedad a los más desprevenidos.

Acudir al centro de la ciudad en estas fechas es una tradición para muchos madrileños, pero también para gente de otras regiones. Salvador, por ejemplo, aprovecha cada año este puente para viajar a la capital desde Málaga con toda su progenie.

¿Su misión? A muchos les sonará: comprar lotería de Navidad en el despacho de Doña Manolita. Salvador ha tenido que esperar casi cinco horas de cola antes de salir del local, triunfante, con once décimos en el bolsillo. "Nunca nos toca pero venimos siempre con la misma ilusión", decía.

La ilusión, precisamente, es el denominador común de los miles de personas que abarrotan Madrid. La ilusión de los niños que ven por primera vez las luces de Navidad, de los que empiezan a tachar cosas de la lista de los Reyes Magos, de los que sueñan con el 'Gordo'. Y también, este año, la ilusión de los hinchas de Boca y River que han cruzado un océano para ver 'campeonar' a su equipo.

Juan Vargas