EFEParís

El alemán Alexander Zverev, tercero del mundo, selló este domingo su pase a los cuartos de final de Roland Garros después de lidiar con otro tortuoso partido ante el ruso Karen Khachanov (38), al que venció por 4-6, 7-6 (4), 2-6, 6-3 y 6-3 en tres horas y 29 minutos.

Zverev, de 21 años, hace su mejor marca en un "Grand Slam" -supera los octavos de Wimbledon en 2017- y espera ahora al austríaco Dominic Thiem, octavo del mundo que acabó de derrotar al japonés Kei Nishikori (28).

Como le sucedió en las dos rondas anteriores ante el bosnio Damir Dzumhur y el serbio Dusan Lajovic, el prodigio alemán volvió a ir por detrás en el tanteo (2-1), pero su derroche de energía y un demoledor saque acabaron con el martirio de golpes de derecha de su rival ruso.

"¿Otro partido a cinco mangas? Así es mejor. Entretengo a los espectadores. Sin vosotros no creo que lo hubiese conseguido muchas gracias por vuestro apoyo. Soy un tipo que siente las vibraciones", manifestó al término del partido ante el graderío de la Suzanne Lenglen.

El jugador alemán, llamado a ser el próximo número uno mundial, tiene mucho que agradecerle a su tremendo saque -anotó 17 "aces"- y a un despliegue físico fuera de lo común. Khachanov y sus misiles al fondo de la pista se lo habían puesto muy complicado.

Zverev estuvo desquiciado por momentos, sobre todo en las dos primeras mangas. Aspavientos, gritos al aire, el espigado tenista se notó acosado por la artillería rusa. Los golpes de derecha de su rival lo atenazaban.

Después de ceder la primera manga e igualar la segunda en el desempate, el joven jugador se marchó del partido. Perdió el tercer set por 6-2 y de nuevo se puso al borde del precipicio.

Su talento volvió a reflotar cuando era necesario y, aunque la cuarta manga la dominó, se le podía haber ido de las manos si no hubiese salvado dos bolas de quiebre en la quinta manga. Lo consiguió y se puso en el siguiente juego 4-2 gracias a una ruptura a su oponente.

Zverev se entonó entonces completamente y encadenó unos poderosos servicios con un fiable resto, mientras que el ruso, seguramente fruto del cansancio, empezó a fallar más.