EFEBagdad

Un año después de las multitudinarias protestas que forzaron la dimisión del anterior Gobierno del primer ministro iraquí, Adel Abdelmahdi, la plaza Tahrir de Bagdad, el epicentro de las movilizaciones en Irak, ha sido desalojada hoy por las autoridades, que han retirado las tiendas bajo las que acampaban los congregados.

Después de un año cerrada por las multitudinarias protestas, donde los manifestantes colocaron carpas para acampar, la icónica plaza Tahrir ha reabierto hoy al tráfico y a los transeúntes, cambiando los gritos con consignas antigubernamentales por el sonido de centenares de bocinas.

Con el consentimiento de los manifestantes, una decena de excavadoras de las fuerzas de seguridad han retirado las tiendas de campaña de Tahrir, donde miles de iraquíes llevan exigiendo desde hace un año una mejora de los servicios básicos y el fin de la corrupción endémica en el país árabe.

Del mismo modo, las autoridades han quitado las barricadas y los muros de hormigón de la plaza, así como los del puente de Yumhurriya que conecta con la fortificada Zona Verde y que fue escenario de violentos choques entre las fuerzas de seguridad y los manifestantes, causando decenas de muertos.

Sin embargo, todavía perduran algunas pancartas y pinturas en los muros, donde se lee "Libertad" y algunos de los nombres de los más de 600 manifestantes que perdieron la vida en todo el país durante las multitudinarias protestas que comenzaron el 1 de octubre de 2019.

Husein al Naser, un iraquí de 28 años, dijo a Efe desde la plaza Tahrir que su reapertura es "algo positivo" porque considera que las "protestas tuvieron éxito" al forzar la dimisión del anterior Gobierno de Abdelmahdi y consiguieron que el nuevo primer ministro, Mustafa al Kazemi, convocara elecciones anticipadas para el próximo 6 de junio.

La convocatoria de elecciones anticipadas fue una de las principales demandas de los manifestantes, que este último mes también se han concentrado en Tahrir para pedir justicia para los muertos durante las protestas, así como una mejora de las condiciones de vida en un país que atraviesa una profunda crisis agravada por la pandemia.

Para Al Naser, la última oleada de protestas de este mes de octubre "no fue positiva" porque "un gran número de infiltrados entre los manifestantes lanzaron piedras y cócteles molotov contra las fuerzas de seguridad", algo que va en contra de la pacificidad de las movilizaciones, asegura.

"Estos actos perjudican a los manifestantes, que piden sus derechos. Por eso han permitido que levanten las tiendas de acampada, para no dar paso a infiltrados que quieren robar su revolución", dice el joven.

Como Al Naser, otros transeúntes vieron hoy como los establecimientos comerciales de la plaza reabrían entre el ruído de las excavadoras y el primer atasco de vehículos turismo en Tahrir en un año.

Por su parte, el primer ministro iraquí, que desde un primer momento se mostró favorable a los manifestantes y que, desde que llegó al poder en mayo ordenó a las fuerzas de seguridad no reprimir con violencia las movilizaciones populares, agradeció en Twitter la labor de los participantes en las protestas.

"Nuestros jóvenes en la plaza Tahrir han dado el mejor ejemplo durante un año entero y hoy confirman su alteza patriótica mostrando máxima colaboración para reabrir la plaza para que vuelva a la normalidad", dijo Al Kazemi.

Nawar Alrikabi