EFERío de Janeiro

Mientras decenas de cariocas madrugaron este martes a disfrutar las playas de Río de Janeiro tras dos meses de encierro por la pandemia, otros se privaron del placer de salir por culpa de las autoridades, cuyas contradictorias órdenes causaron confusión en el primer día de desescalada.

La "cidade maravilhosa", una de las más afectadas por el COVID-19 en Brasil, comenzó este martes un gradual proceso de regreso a la "nueva normalidad", con una primera fase que, además de abrir la puerta de algunos negocios, relajó las medidas de confinamiento social.

No obstante, mientras a nivel local la Alcaldía autorizó a los cariocas a acudir a sus famosas playas para hacer surf y realizar deporte al aire libre, la Gobernación de Río de Janeiro prorrogó las medidas restrictivas de circulación que rigen desde marzo.

Esto porque la tasa de contagios en la región continúa creciendo y el número de óbitos también, lo que ha llevado a Río de Janeiro a ser la segunda región de Brasil más golpeada por el coronavirus, con 5.462 muertes y 54.530 casos confirmados, siendo la capital homónima el principal epicentro, con 3.671 fallecidos y más de 30.000 infectados.

"NORMALIDAD" EN LAS PLAYAS

Un decreto emitido este martes por el Gobernador Wilson Witzel recomendó a la población no ir a las playas, lagunas, ríos y piscinas públicas de Río.

Hoy, sin embargo, desde tempranas horas, las aguas circundadas por las icónicas playas de Ipanema se vieron copadas de surfistas que intentaban mantener la distancia igualmente dentro del mar, pero también de bañistas que hicieron caso omiso a las normas, pues aún no están permitidas actividades de ocio en las arenas en esta primera fase del proceso.

Lo mismo ocurrió en la turística Copacabana y en las playas de Barra de Tijuca, al oeste de la ciudad, donde predominaron los cariocas tomando el sol y no los permitidos deportistas.

La Justicia también impidió que cientos de feligreses pudieran regresar a los templos religiosos de Río.

Aunque el alcalde de la ciudad, Marcelo Crivella, un pastor evangélico que aspira a la reelección, ordenó la apertura de iglesias y templos hace una semana, la Justicia revocó la medida y las puertas tendrán que permanecer cerradas hasta nueva orden.

PRIMERA DE SEIS FASES

El plan de reactivación gradual de las actividades económicas anunciado el lunes por el alcalde de Río prevé un proceso en seis fases, cada una de 15 días, para dejar todo normalizado en agosto.

En la primera, que comenzó hoy, volvieron a funcionar las tiendas de muebles, decoración y vehículos, continuaron funcionando los servicios esenciales en la ciudad y la gente pudo comenzar a realizar actividades deportivas en las playas.

Los centros comerciales podrán abrir en la segunda fase, en la que competiciones deportivas -como el anhelado fútbol- serán liberadas pero sin público; los restaurantes y bares volverán a funcionar en la tercera fase y los colegios y universidades en la sexta.

CIENTÍFICOS, EN DESACUERDO

Expertos científicos no concuerdan con las medidas adoptadas con Crivella.

En un informe técnico que envió al Ministerio Público al ser cuestionada sobre la conveniencia de la desescalada en Río de Janeiro, la Fiocruz, el principal centro de investigación de salud de América Latina, afirmó que, por el contrario, la ciudad tiene que adoptar medidas de distanciamiento social de forma más rigurosa.

Según la entidad, la pandemia "no está bajo control" en Río de Janeiro y su sistema de salud "no tienen condiciones para responder ni a los niveles actuales de contagio y menos a un aumento del número de casos".

Brasil ha registrado ya cerca de 30.000 óbitos, que lo sitúan como el cuarto país con más fallecidos en el mundo, y casi 530.000 infectados, segundo apenas por detrás de Estados Unidos, según el último balance del Ministerio de Salud.

REACTIVACIÓN A FALTA DEL PICO DE LA ENFERMEDAD

A pesar de que el pico aún no ha llegado y que, según los expertos, solo se espera para las próximas semanas, varios estados de Brasil ya han empezado a reactivar sus economías, entre ellos Sao Paulo, el motor económico del país y el más azotado por la pandemia.

También han empezado la desescalada algunas ciudades de Ceará (noreste), Amazonas y Pará (norte), que igualmente se encuentran entre los estados brasileños con más números de muertes y casos de coronavirus.

La vuelta a la normalidad ha sido exigida por el presidente brasileño, el ultraderechista Jair Bolsonaro, desde que en marzo pasado los estados y municipios empezaron a adoptar medidas de distanciamiento social para frenar la crisis sanitaria.

El líder ultraderechista ha calificado al COVID-19 como una "gripita" y llegó a afirmar que las cuarentenas, adoptadas por gobernadores y alcaldes según sus atribuciones constitucionales, son un "crimen".

María Angélica Troncoso