EFELima

La covid-19 no sólo se ha llevado millones de vidas a su paso, también ha dejado multitud de planes rotos, sueños incumplidos y deseos truncados que se han comenzado a plasmar en Perú en "El muro de la esperanza", una pared colmada con todo lo que los habitantes de Lima anhelan hacer cuando acabe la pandemia.

Viajar, casarse, estudiar en el extranjero, jugar al fútbol o simplemente visitar a la familia y abrazarla son algunos de los anhelos más comunes que se han visto frustrados por la irrupción del coronavirus, que tiene a Perú como uno de los epicentros de la pandemia con casi 900.000 casos confirmados y más de 34.000 muertos.

"Cuando todo esto termine, yo quiero..." es la frase que abre esta pizarra negra de más de 20 metros cuadrados para que la gente que pase por delante la complete, le ponga color con tizas donde escriben lo que más esperan hacer una vez que el mundo recupere la normalidad arrebatada por el covid-19.

"Yo quiero volver a abrazar sin temor", dice uno los mensajes anónimos situados en uno de los dos murales habilitados hasta ahora en el distrito limeño de Miraflores, uno de los más transitados de la capital peruana.

"Yo quiero regresar al colegio", se lee en otro rincón por parte aparentemente de uno de los millones de escolares peruanos que no han vuelto a las aulas desde diciembre, cuando terminó el curso lectivo de 2019.

UNA PERSONA, UN ANHELO

"Yo quiero jugar libremente con mis nietos", dejó grabado otra persona, probablemente de la tercera edad, que ha vivido el duro, extenso y estricto confinamiento que las autoridades peruanas impusieron a los mayores de 65 años, pues prácticamente dos tercios de los fallecidos por la covid-19 corresponden a ese rango de edad.

"Yo quiero jugar a fútbol", manifiesta otro autor anónimo de este muro, que lleva casi ocho meses sin poder juntarse con sus amigos para practicar deporte, mientras que por otro lado del mural hay quien quiere "ir al estadio", pues el fútbol profesional, que reanudó su marcha, se sigue jugando sin público.

"Yo quiero ir a España a estudiar", anhela otra persona que todavía ve cómo siguen suspendidos los vuelos comerciales con buena parte del mundo, entre ellos todas las conexiones aéreas con Europa.

La idea de este "muro de la esperanza" parte del colectivo Suyai, que se inspiró en la propuesta de la artista estadounidense de origen taiwanés Candy Chang, que en 2013 puso por primera vez un muro similar para que la gente completase de manera anónima la frase "Antes de que yo muera, quiero...".

"Decidimos adaptar la idea de Candy al entorno pandémico para elevar el ánimo colectivo", comenta Alejandro Delgado, del colectivo Suyai.

OBJETIVO: "CONTAGIAR" ESPERANZA

"Es un buen momento para cambiar la mentalidad y refrescar la mente, porque pensamos firmemente que la esperanza es igual de contagiosa que el virus", añade.

Delgado anima a que muros como estos se instalen en todo el mundo para así poder "contagiar" de esperanza a más personas que se encuentren invadidas por la incertidumbre e incluso el miedo que puede generar la vorágine del virus.

Son miles los mensajes que han colmado este mural y que también han llegado al colectivo Suyai, que también los han plasmado en camisetas.

Las dos grandes pizarras habilitadas hasta ahora apenas tienen espacio ya para más mensajes, pues todos tienen algo de lo que de momento les aparta la pandemia.

"Está lleno, ya no hay más espacio para que poner mi mensaje", lamentó a Efe Kathy Gamarra, mientras observaba la cascada de mensajes que fluye por este pizarra en letras de distintos tamaños, formas y colores.

"En realidad todos tenemos miedo a abrazarnos y estar con la familia. Ojalá que termine pronto esta pandemia para poder estar tranquilos. Duele mucho ver tanta muerte", deseó Gamarra.

RECLAMAN MÁS MUROS

También se maravilló de la iniciativa Natalia Bruno, que la consideró "un gran ejemplo, digno de imitar en otros barrios y ciudades, porque es algo positivo que nos lleva a reflexionar", según manifestó a Efe.

"Yo lo que quiero es salud y paz para todos. Esto nos ha servido para reafirmar nuestros lazos de familia y unirnos. Todo esto va a pasar. No perdamos la fe", añadió la mujer.

Por su parte, Verónica, otra viandante que pasaba frente al tablón, se sintió identificada con muchos mensajes como "casarse, compartir con la familia, y poder salir y respirar tranquilos sin usar la mascarilla".

También hay escritos mensajes más idealistas, como los que desean "más tolerancia en el mundo" o "que nos dejemos de prejuicios, clasismo y racismo porque todos somos iguales".

No faltó espacio para la picaresca, como quien desea "pegar en la radio y ganar mi primer millón", igual que la popular canción de la banda Bacilos, ni tampoco para los que desean directamente "sexo" o "caricias reales", muestra de lo difícil que puede hacerse la cuarentena sin contacto humano.

"QUE NO SE REPITA" LA PANDEMIA

"Yo quiero que no se repita", sentencia otro mensaje que resume el anhelo de gran parte del mundo, y especialmente de América, donde muchos países están superando la primera ola de contagios y lidian con evitar una segunda ola más contagiosa incluso que la primera, a similitud de lo que ahora sufren varios países de Europa.

La fuerza de estos deseos cobra mayor intensidad a medida que se percibe la luz al final del túnel de esta oscura primera ola que ha dejado a Perú como el país con la tasa de mortalidad por la covid-19 más alta del mundo, al registrar 105 fallecidos por cada 100.000 habitantes.

El impacto es aún mayor si se tiene en cuenta que desde el inicio de pandemia han fallecido más de 84.000 personas por encima de los registros habituales de defunciones de años anteriores, un embate del que Perú está saliendo a duras penas con muchos anhelos por alcanzar "cuando todo esto termine".

Fernando Gimeno