EFEPekín

Más transparentes, menos agresivas con el medio ambiente y con garantías de que la financiación no lleva al endeudamiento excesivo: esas son las asignaturas pendientes, o al menos las que reconoce China, de su colosal proyecto de la Franja y la Ruta, cuyo segundo Foro comenzó hoy en Pekín.

En un discurso con más promesas que autocrítica, el presidente chino, Xi Jinping, defendió a capa y espada la viabilidad de su proyecto estrella ante la presencia de sus suscriptores y seguramente ante los ojos de detractores y escépticos, a los que trató de seducir dibujando una China más abierta y un plan en el que todos cuenten por igual y consigan "los mismos beneficios".

Un total de 37 jefes de Estado y Gobierno y representantes de 150 países y organizaciones internacionales asistieron a la ceremonia inaugural, en la que un -como de costumbre- hierático Xi no ofreció datos concretos de la inversión planeada para los próximos años.

"Debemos insistir en los conceptos de apertura, desarrollo verde e integridad moral", decretó Xi, quien apostó también por "combatir la corrupción con tolerancia cero" y por que todas las empresas participantes "cumplan con los estándares internacionales".

El máximo mandatario chino quiso así rebajar las dudas que ha creado su plan por la ausencia de estudios de impacto ambiental o problemas como la incapacidad de ciertos países a la hora de hacer frente al pago de los créditos que concede el gigante asiático para construir grandes obras de infraestructura.

Xi garantizó unas Nuevas Rutas de la Seda -nombre no oficial de la iniciativa- "limpias", "honestas" y "verdes" en las que se harán prevalecer "criterios ecológicos en la construcción de infraestructuras, inversión y financiación".

Asimismo, el líder de la segunda potencia económica mundial esgrimió, una vez más, que el gran objetivo de las Rutas no es otro que "ofrecer oportunidades de desarrollo" y "el beneficio mutuo".

"De cara al futuro, debemos dibujar con meticulosos pinceles este gran cuadro", poetizó Xi, quien presumió de la aceptación internacional de la iniciativa.

En ella participan ya en diferentes grados países latinoamericanos como Panamá, Bolivia, Uruguay, Venezuela, Ecuador o Chile, cuyo presidente, Sebastián Piñera, destacó hoy los "frutos muy fecundos" que el plan ha logrado en apenas cinco años de vida.

"China está haciendo un esfuerzo por promover un clima de mayor entendimiento y colaboración entre países", acotó, y mostró su esperanza de que "las cosas se hagan mejor y más claras".

Sin embargo, críticos de Estados Unidos y otras naciones occidentales -cuyos máximos líderes se han ausentado en este foro- arguyen que el proyecto puede convertirse en una suerte de "trampa de la deuda" para los países menos desarrollados que conlleve su dependencia de China, acusación que Pekín volvió hoy a rebatir.

En respuesta, Xi garantizó la "sostenibilidad" de su proyecto, de la financiación que ofrece y del endeudamiento que genera, incidiendo en que su "enfoque especial" solamente busca "reducir la pobreza, aumentar el empleo e incrementar el bienestar".

De hecho, Xi -flanqueado por aliados como el ruso Vladímir Putin o el paquistaní Imran Khan-, presumió de que las Rutas "ofrecen nuevos espacios y plataformas para el crecimiento económico, el comercio y la inversión internacional", y aportan "nuevas experiencias y contribuciones" en pro de una renovada gobernanza económica global y del multilateralismo.

El mandatario también aprovechó el escaparate internacional para hacer frente a algunas de las demandas a las que se enfrenta su país en el marco de la guerra comercial que libra contra Estados Unidos, y anunció mecanismos para garantizar el cumplimiento de acuerdos internacionales, una mayor protección a la propiedad intelectual y más facilidades para la llegada de capitales extranjeros a China.

"Los chinos siempre cumplimos lo que prometemos", avaló con su palabra el líder comunista, quien anunció "una serie de importantes medidas" en el terreno económico, algunas de ellas ya esbozadas anteriormente como la prohibición de la transferencia forzada de tecnología y la protección de los secretos comerciales.

No obstante, y a pesar de que en su discurso atendió varias de las exigencias estadounidenses en la guerra comercial, Xi se afanó en proyectar una imagen de independencia y de proactividad: al referirse a la propiedad intelectual, indicó que "no es una demanda sino un requerimiento inherente para crear un país innovador", y afirmó que China toma estas medidas por "voluntad propia".

Un Pekín tomado por fuertes medidas de seguridad y coloridas decoraciones del Foro será testigo mañana de su jornada de clausura, que contará con una mesa redonda de líderes en la que se debatirán los términos de un posible comunicado conjunto.

Víctor Escribano y Jesús Centeno