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El máximo responsable de Toshiba, Nobuaki Kurumatani, dimitió hoy en medio de una lucha de poder dentro del conglomerado tecnológico nipón, que deja en el aire la oferta multimillonaria presentada por un fondo para hacerse con el control de la compañía

Kurumatani, de 63 años y al frente de Toshiba desde 2018, presentó este miércoles su renuncia ante la junta directiva, que aceptó su decisión y nombró para sucederle con efecto inmediato a Satoshi Tsunakawa, quien había dirigido anteriormente la empresa.

El hasta ahora CEO y presidente de la corporación japonesa es la primera víctima del conflicto entre diferentes facciones dentro de la empresa sobre su futuro, después de que el fondo de inversión británico CVC Capital Partners presentara la semana pasada una propuesta para comprarlo.

OFERTA INSUFICIENTE

CVC puso sobre la mesa más de 2 billones de yenes (unos 17.700 millones de euros o 21.000 millones de dólares), un precio que por ahora no ha bastado para convencer a la cúpula de la empresa.

"Hemos recibido una propuesta inicial de CVC para comprar todas las acciones de nuestra empresa. Carece de contenido, no es lo que habíamos pedido y nos ha pillado por sorpresa", dijo Osamu Nagayama, presidente de la junta directiva de Toshiba, en una rueda de prensa telemática ofrecida este miércoles.

Nagayama añadió que la evaluación de la oferta "es imposible por ahora" y que se espera que CVC presente más detalles.

A estas dudas se añaden las sospechas sobre un posible conflicto de intereses, ya que el presidente saliente dirigió anteriormente la rama nipona de ese fondo y veía su liderazgo en Toshiba cuestionado por ejecutivos y accionistas debido a su forma de gestión y a varios escándalos de contabilidad en subsidiarias de la empresa.

INVERSORES ACTIVISTAS

El nombramiento de Tsunakawa es considerado un gesto de acercamiento al accionariado de la empresa, y de alejamiento con la oferta de CVC a Toshiba, que según los medios locales manejaría el interés de otros fondos para hacerse con su control.

El nuevo presidente y CEO afirmó que su misión "más urgente" es "fijar una dirección" para la empresa de cara a su próxima junta de accionistas, prevista para junio, analizar la propuesta de CVC y "construir confianza" con los inversores de Toshiba.

Y es que el liderazgo del CEO saliente sufrió un duro golpe a mediados del mes pasado debido a la victoria lograda por un inversor activista en una junta extraordinaria de accionistas para investigar la legitimidad de la reelección de Kurumatani para el cargo en 2020.

El fondo Effissimo Capital Management, el principal accionista minoritario de la corporación japonesa con un 9,9 % en su poder, logró el respaldo de la junta para indagar en las supuestas presiones ejercidas por la cúpula de la empresa para que Kurumatani siguiera en el poder.

Se trató de un triunfo sin precedentes entre los grandes conglomerados nipones y que, según los analistas, podría abrir la veda para que la gobernanza de esas empresas sea más transparente y receptiva con los inversores activistas.

El cambio al frente de Toshiba, en cualquier caso, ha sido bien acogido en la Bolsa de Tokio, donde sus valores terminaron como los más cotizados de la jornada con un avance del 5,76 %.

UN GIGANTE EN DECLIVE

Toshiba, en su día una de las mayores corporaciones tecnológicas de Japón y que fabricaba desde ordenadores portátiles y lavadoras hasta reactores nucleares, atraviesa graves problemas económicos que se remontan a su desafortunada apuesta por la energía atómica.

El comienzo de su caída se sitúa en la compra en 2006 de Westinghouse, empresa estadounidense constructora de plantas atómicas que terminó quebrando por el frenazo que sufrió el mercado global de este tipo de energía a raíz del desastre nuclear de Fukushima en 2011.

Además, al igual que otros fabricantes nipones de dispositivos electrónicos como Sharp, Olympus o Hitachi, Toshiba ha sido incapaz de reinventarse frente a la competitividad creciente de rivales chinos, surcoreanos o taiwaneses.

En este contexto la corporación nipona ha protagonizado una sucesión de escándalos de contabilidad en los últimos años y se ha visto obligada a desprenderse de su filial de semiconductores, la más rentable del antaño gigante nipón, así como de sus unidades de sensores de imagen y de ordenadores, entre otras.