EFEParís

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) considera que hay que crear mercados diferenciados que ofrezcan garantías para una producción en la industria pesada que se haga con niveles de emisiones de dióxido de carbono (CO2) próximos a cero, a la que habrá que atribuir una cuota creciente.

Se trata de establecer en los próximos tres a cuatro años unas garantías de apoyo a largo plazo para que se puedan poner en pie plantas siderúrgicas o de producción de cemento que cumplan esos requisitos de generar emisiones "próximas a cero", según la AIE.

Esta es una de las recomendaciones de la organización en un informe publicado este jueves que había encargado la presidencia alemana del G7, que reúne a los siete países más ricos del mundo (Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Canadá).

La condición para que la existencia de esos mercados diferenciados no perturbe el sistema económico es que se asienten en definiciones "claras y ampliamente aceptadas" que permitan precisar cuáles son las producciones que pueden beneficiarse de dispositivos de ayuda.

La agencia estima que el G7 tiene la responsabilidad, pero también la oportunidad, de ejercer el liderazgo en este proceso que debe incluir también un impulso a proyectos tecnológicos innovadores en esas industrias pesadas que generen emisiones de carbono próximas a cero.

En términos generales, los autores del estudio insisten en que hacen falta marcos políticos "ambiciosos, estables y bien diseñados" para crear las condiciones para que los diferentes sectores de la industria pesada -en particular la siderúrgica, la del cemento y la química- lleven a cabo una transición rápida a tecnologías de reducción drástica de emisiones.

Porque con la dinámica actual esta industria no alcanzará los objetivos que la propia AIE le ha marcado para conseguir el escenario de cero emisiones netas en el mundo a mediados de siglo.

CUATRO GRANDES OBSTÁCULOS

Hay cuatro obstáculos principales para lograrlo, el primero que muchas de las tecnologías que se necesitarían están solo en un estadio de prototipo y por tanto no están preparadas para su desarrollo a gran escala.

Además, la AIE asume que los procesos de producción con un nivel de emisiones sustancialmente inferior al actual tendrá unos costes más elevados, al menos inicialmente.

Y eso plantea problemas de competitividad, dado que muchos de los productos de la industria pesada se negocian a escala internacional, en mercados abiertos y con unos márgenes tan pequeños que no permiten absorber los costes más elevados que tendrían que aceptar las empresas que se lancen a aplicar tecnologías más limpias.

Por último, la industria pesada utiliza unos equipamientos de larga duración que requieren una fuerte inversión en capital, de forma que solo se pueden rentabilizar a largo plazo y no se pueden renovar en cortos espacios de tiempo.

El director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, subrayó que cumplir con la ambición de cero emisiones netas para mediados de siglo no será posible sin "reducciones radicales en las emisiones de la industria pesada", algo en lo que los miembros del G7 tienen que ser pioneros.

En esa línea, el ministro alemán de Asuntos Económicos y Acción Climática, Robert Habeck, indicó que limitar el calentamiento global a 1,5 grados centigrados exige descarbonizar la industria, y para eso esta década es clave, sobre todo en sectores donde resulta difícil bajar las emisiones, como el del cemento y el acero.

Los miembros del G7 con la Unión Europea representan en torno al 40 % de la economía mundial, el 30 % de la demanda energética y el 25 % de las emisiones de CO2 generadas por la energía.

La industria pesada de todo el mundo supone en torno a 6.000 millones de toneladas de CO2 anuales, que representan más de la sexta parte del total de las emisiones asociadas con la energía.