EFEBogotá

La paz con las FARC ya ha llegado a Colombia, pero sus esperados efectos sobre la economía todavía no se sienten en un país en que el crecimiento se desacelera ostensiblemente y se acerca el estancamiento y la inflación.

Tanto es así que el propio Gobierno ha reducido al 2 % la meta de crecimiento económico para 2017 y al 3 % para 2018, unas previsiones que, consideran, coinciden con las del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Incluso por debajo sitúa sus vaticinios el banco BBVA, que considera que la economía colombiana se expandirá un 1,5 % este año y un 2 % en 2018.

Entre medias están las previsiones de los gremios, ya que el presidente de la Asociación Nacional de Empresarios (ANDI), Bruce Mac Master, explicó en una entrevista reciente que espera que el crecimiento ronde el 1,8 %.

En caso de que se cumplan esos dos últimos pronósticos, el crecimiento sería el más bajo en lo que va de esta década, un período dorado que comenzó en 2010, cuando la expansión fue del 4 %.

Desde entonces, el crecimiento ha variado entre el 6,6 % de 2011 y el 3,1 % de 2015.

Además, podría consolidar una tendencia a la baja, ya que en 2016 la cifra quedó fijada en el 2 %.

Es evidente que pesa sobre la economía colombiana el precio del petróleo, en un momento en que el valor del crudo intermedio de Texas (WTI) está ligeramente por encima de los 49,5 dólares.

Eso implica que las exportaciones minero-energéticas se ven todavía ancladas por ese precio.

También tiene un peso notable sobre la economía el incremento de las actividades terroristas contra los oleoductos, un elemento que debía concluir con el fin de las FARC, pero que la última guerrilla activa del país, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) ha recrudecido.

En julio, Ecopetrol denunció que el oleoducto Caño Limón-Coveñas, el principal del país, completó dos meses sin operar como consecuencia de 38 atentados terroristas registrados en lo que va de este año.

Los atentados no solo los comete el ELN, sino también las bandas narcotraficantes que colocan válvulas para retirar petróleo y así hacer funcionar sus laboratorios.

De hecho, el último dato facilitado de la producción de barriles de petróleo es el de mayo, cuando extrajeron 851.000 por día, lo que representó una disminución de un 0,59 % con respecto del mes anterior.

Sin embargo y teniendo en cuenta esos atentados es previsible que el dato sea incluso menor para junio y julio.

En el primer trimestre de 2017, la economía colombiana creció un 1,1 % favorecida esencialmente por la expansión de la agricultura, establecimientos financieros y servicios sociales.

Los mayores descensos fueron los de construcción, con un 1,4 %, y la explotación de minas y canteras (-9,4 %).

Entre lo que debe mejorar Colombia para incrementar su desempeño está mejorar su balanza comercial, ya que en entre enero y mayo de 2017 arrojó un déficit de 3.528,9 millones de dólares.

El dato es malo, pero es mejor que el que se registró en el mismo periodo del año anterior, cuando el déficit fue de 5.298,6 millones de dólares.

El último dato de exportaciones de junio, que sumaron 2.777,4 millones de dólares, es ligeramente mejor que el del mismo mes de 2016, que fue de 2.754,4 millones de dólares.

Tal y como se ve en el crecimiento del PIB, las manufacturas y productos agropecuarios fueron clave en el aumento de las exportaciones, mientras que las de combustibles y productos de las industrias extractivas cayó un 9,4 %.

Ese último dato, por el peso que tiene la exportación minero-energética, tiene gran importancia sobre las posibilidades de futuro, si bien Colombia también debe mejorar en otros ámbitos para equilibrar la balanza.

También será fundamental el precio del café, un producto que tiene una importancia limitada en las exportaciones agropecuarias, fuerte peso anímico en el país.

En este momento el café está a 1,41 dólares por libra, un precio que no es malo, pero que tampoco es extraordinario como para que las proyecciones sean muy boyantes.

Otro elemento fundamental para la economía de Colombia es el control de la inflación, un elemento que habitualmente ha estado bajo unos rangos razonables pero que en 2015 se disparó hasta el 6,77 %.

En 2016 comenzó a retroceder y se ubicó en el 5,75 % y para 2017 el Gobierno espera que quede alrededor del 4 %.

En un país donde el salario mínimo es de 737.717 pesos (unos 247 dólares) y los salarios de profesionales limitan el florecimiento de la clase media, esos crecimientos del IPC tienen un fuerte impacto sobre la economía de las familias y por tanto sobre su capacidad de consumo.

Eso sí, todos esos elementos se han dado en una coyuntura internacional, y especialmente regional, notablemente peor que la de Colombia, un país que no debe mecerse en esa idea para evitar la autocrítica y no mejorar sus números.