EFEParís

La Unión Europea prepara para la semana próxima un dispositivo para reducir su dependencia del gas ruso, que al suponer cerca del 40 % de su consumo constituye una espada de Damocles, y se servirá del plan que le presentó este jueves la Agencia Internacional de la Energía (AIE).

El plan, con el que se podrían disminuir en un tercio las compras de gas ruso en un año, contempla en primer lugar no firmar ningún nuevo contrato de abastecimiento con Rusia, lo que pasa por no renovar ninguno de los que van a expirar.

"A corto plazo no hay riesgo para el aprovisionamiento de gas" en Europa pero "tenemos que reducir drásticamente nuestra dependencia" de Rusia, afirmó la ministra francesa de la Transición Ecológica, Barbara Pompili, cuyo país ejerce este semestre la presidencia de la Unión Europea (UE).

En una conferencia en línea junto al director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, y a la comisaria europea de Energía, Kadri Simson, Pompili insistió en que hay que tomar decisiones "en los próximos días", y fijó como horizonte la cumbre informal de jefes de Estado y/o Gobierno del 10 y el 11 de marzo en Versalles, a las afueras de París.

Simson anunció que el martes la Comisión Europea presentará una comunicación con propuestas para reducir esa dependencia de Rusia, particularmente delicada en el contexto de la invasión de Ucrania, y dijo que el trabajo de la AIE es una contribución que llega en un buen momento.

RUSIA HA REDUCIDO LOS ENVÍOS DE GAS A LA UE

La UE utilizó el pasado año 155.000 millones de metros cúbicos de gas ruso, un 45 % de sus importaciones, pero las compañías suministradoras han reducido muy significativamente en los últimos meses (un 25 % en el cuarto trimestre de 2021) los flujos hacia Europa, algo que ha ocurrido mientras crecían las tensiones políticas con Moscú.

La consecuencia es que, pese a que se ha intentado compensar con envíos de gas por barco desde otros países productores, el nivel de reservas en Europa está a un nivel históricamente bajo, casi un 30 % inferior a la media de los cinco últimos años.

La AIE, que reúne a grandes países consumidores miembros de la OCDE, propone precisamente aumentar las importaciones de países que pueden vender más gas, en particular Estados Unidos, Argelia, Catar y Azerbaiyán, con lo que calcula que se podría prescindir de 30.000 millones de metros cúbicos de gas ruso cada año.

Otra de sus medidas estrella, que supondría un recorte adicional de 13.000 millones de metros cúbicos de gas, es aprovechar más el potencial de las centrales de bioenergía y las nucleares para generar electricidad.

APLAZAR EL CIERRE DE CENTRALES NUCLEARES

Birol sugirió, en particular, que se replantee el calendario de cierre programado de algunas centrales nucleares para prolongar su actividad.

También pidió una aceleración en la puesta en marcha de proyectos solares y eólicos mediante una simplificación de los procedimientos, y calculó que en un año eso equivaldría a un ahorro de 6.000 millones de metros cúbicos de gas.

Pompili hizo hincapié en que "cada aerogenerador y cada panel solar que entra en servicio en Europa es fundamental para la independencia energética" del viejo continente.

En Francia, donde la energía nuclear supone el 70 % de la producción de electricidad, el presidente, Emmanuel Macron, quiere construir al menos seis nuevos reactores atómicos para reemplazar los que ahora están en servicio.

Pero la ministra reconoció que esos nuevos reactores tardarán en llegar (el primero empezaría a funcionar en el horizonte de 2035) de forma que en su país la energía nuclear "no puede resultar de mucha ayuda" para sustituir al gas ruso, de forma que insistió en las renovables.

Tanto ella como Birol pusieron el acento igualmente en otro de los puntos del plan que podría representar una contribución más que relevante en términos de ahorro (unos 10.000 millones de metros cúbicos cada año) pero que necesita la implicación directa de los ciudadanos: reducir en un grado centígrado la temperatura de la calefacción.