EFEBruselas/Pekín

La Unión Europea (UE) y China llegaron este miércoles a un principio de Acuerdo de Inversiones que, una vez en vigor, mejorará el acceso de los inversores europeos al mercado chino y les dará más garantías de competir en igualdad de condiciones con las empresas locales.

Bruselas y Pekín pusieron fin así a siete años de negociaciones que se han acelerado en la recta final de 2020, después de que China se haya comprometido a trabajar para ratificar las convenciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en particular las relativas al trabajo forzado, que eran de crucial importancia para la UE.

El acuerdo político fue sellado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, y el presidente chino, Xi Jinping, en una reunión por videoconferencia a la que se han sumado posteriormente la canciller alemana, Angela Merkel, y el jefe de Estado francés, Emmanuel Macron.

"El Acuerdo tiene una gran importancia económica y vincula a las partes en una relación de inversiones basada en valores y principios de desarrollo sostenible. Cuando esté en vigor, ayudará a reequilibrar la relación comercial y de inversiones entre la UE y China", dijeron los líderes comunitarios en un comunicado tras el encuentro.

El presidente chino afirmó, por su parte, que el pacto supondrá una "importante contribución" para la construcción de una "economía mundial abierta" y para impulsar la recuperación tras la pandemia, según la agencia oficial de noticias Xinhua.

Sin embargo, aún pasarán varios meses hasta que el Acuerdo Integral de Inversión (CAI) pueda entrar en vigor, ya que el texto aún tiene que ser finalizado, traducido y revisado por los expertos legales, antes de poder ser aprobado y firmado.

MÁS ACCESO AL MERCADO CHINO

El Acuerdo ofrece ante todo mayores oportunidades de inversión para las firmas europeas en el mercado chino, ya que el objetivo del pacto era precisamente reequilibrar la situación actual, en la que el mercado de la UE está mucho más abierto para las inversiones chinas que el del gigante asiático para las europeas.

China se ha comprometido en concreto a dar acceso a las empresas europeas a su sector manufacturero, destino de más de la mitad de la inversión comunitaria en el país, incluyendo los automóviles tradicionales y con nuevas energías, la producción de equipamiento sanitario y de transporte o la de químicos, entre otros.

También facilitará las inversiones en su sector servicios, en particular en los servicios financieros, dónde se eliminan requisitos para las firmas europeas, así como medioambientales, de construcción, informáticos, de transporte aéreo o sanidad privada.

Un aspecto clave es que China eliminará el requisito que imponía hasta ahora a las empresas europeas de formar una empresa conjunta con una china para entrar en su mercado en ciertos sectores -los hospitales privados, los servicios financieros o la computación en la nube- lo que les permitirá operar de forma independiente.

UNA COMPETENCIA MÁS JUSTA

El acuerdo busca también conseguir mayor igualdad de condiciones para los inversores europeos a la hora de competir con las empresas locales en China, algo que ahora no se da sobre todo por los subsidios estatales que reciben estas.

Para ello, requiere a las empresas estatales chinas a no discriminar a las europeas y actuar conforme a "consideraciones comerciales", aumenta la transparencia sobre los subsidios y prohíbe obligar a los inversores europeos a transferir sus tecnologías, entre otras medidas.

DESARROLLO SOSTENIBLE

China ha asumido además compromisos en materia de desarrollo sostenible, en particular, implementar el Acuerdo de París por el Clima, no rebajar sus estándares medioambientales y laborales, y avanzar hacia la ratificación de las convenciones de la OIT que aún no ha suscrito.

Este último punto, aceptado por Pekín a última hora, ha sido decisivo para que Bruselas pudiese dar el sí al acuerdo, ya que los países estaban preocupados por los bajos estándares laborales chinos y especialmente por la falta de compromiso en cuanto al trabajo infantil y forzado.

SIN CONSENSO PARA PROTEGER LAS INVERSIONES

El pacto, sin embargo, no incluye finalmente la protección de las inversiones, ya que China no ha aceptado establecer un sistema de tribunales de inversión para resolver las disputas entre Estados e inversores, como el utilizado por la UE en sus acuerdos con otros países.

Así pues, las disputas en materia de acceso al mercado o competencia se resolverán entre estados con un sistema de paneles de arbitraje, que permitirá tomar represalias si una parte incumple.

No obstante, Bruselas y Pekín se han propuesto concluir las negociaciones sobre la protección de inversiones en un plazo de dos años a partir de la firma del Acuerdo de Inversiones.

En 2019, la inversión extranjera directa de la UE hacia China fue de 12.000 millones de dólares (unos 9.800 millones de euros), mientras que la inversión china en la UE fue de 13.000 millones de dólares (10.600 millones de euros), según datos de la Comisión Europea.

UN ACUERDO LIMITADO

Aunque supone un hito en su relación, el acuerdo no aborda todos los desafíos que encuentra la UE en su relación con China, como la cuestión de los subsidios públicos a la industria, el exceso de capacidad en el sector del acero y el aluminio, o las licitaciones públicas, temas que tendrán que seguir abordando por canales diferentes.

"Tenemos que ser realistas: el acuerdo no resolverá todos los retos ligados a China que afrontamos, que son muchos. Pero vincula a China con importantes compromisos en la buena dirección. Más de los que nunca antes había aceptado", dijo el vicepresidente de la CE responsable de Comercio, Valdis Dombrovskis.

En todo caso, el pacto entre dos de las grandes potencias mundiales llega en un momento geopolítico crucial, justo antes de que Joe Biden tome las riendas del Gobierno de EEUU tras un mandato de Donald Trump que propició un acercamiento entre China y la UE.