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Las acciones de las aerolíneas surcoreanas han caído más de un 20 % desde julio, después de que se pusiera en marcha en su país una campaña civil de boicot a los productos y viajes a Japón en respuesta al endurecimiento de sus restricciones comerciales.

El valor de mercado combinado de las seis aerolíneas nacionales que cotizan en el principal mercado de Corea del Sur, el Kospi, era el viernes último de unos 4,8 billones de wones (unos 3.600 millones de euros ó 4.000 millones de dólares), un 21 % menos que a finales de junio, según datos del operador bursátil surcoreano, Korea Exchange.

Sólo las acciones de la principal aerolínea del país, Korean Air, cayeron un 31,1 % en el período, mientras que las aerolíneas de bajo coste, entre ellas Jin Air y Jeju Air, cayeron por encima del 30 %.

Las aerolíneas se están viendo resentidas por la campaña de boicot a Japón que llama a no usar sus productos y no viajar al país vecino, y que fue emprendida a raíz de la imposición en julio de restricciones a las exportaciones de Tokio de materiales clave para la industria tecnológica de Seúl, uno de sus motores económicos.

Desde entonces varias aerolíneas surcoreanas han suspendido rutas o disminuido la frecuencia de sus vuelos al país vecino.

Las rutas a Japón representaron más de una cuarta parte (26 %) de los vuelos internacionales de Corea del Sur en 2018, siendo las aerolíneas de bajo coste, con trayectos cortos y mayor dependencia en Japón, las que se han visto más afectadas, según analistas locales consultados este domingo por la agencia de noticias Yonhap.

Las relaciones entre Japón y Corea del Sur atraviesan uno de sus peores momentos en las últimas décadas debido a un litigio relacionado con las compensaciones a trabajadores surcoreanos esclavizados durante la colonización nipona de la península coreana.

En aparente respuesta a una decisión judicial surcoreana que ordenaba a compañías japonesas indemnizar a los trabajadores afectados y a sus familiares, Japón comenzó a aplicar en julio restricciones sobre materiales químicos básicos que adquieren compañías surcoreanas para fabricar pantallas y chips de memoria.

La disputa alcanzó un nuevo nivel cuando a principios de agosto Tokio sacó a Seúl de su lista de socios comerciales preferentes, a lo que Corea del Sur respondió días después con la misma moneda.