EFESídney (Australia)

El gobierno laborista de Nueva Zelanda publicó hoy su primer Presupuesto del Bienestar, que se centra en gastos sociales para ayudar a la población más vulnerable, si bien fue tachado de insustancial por la oposición.

"En nuestro primer Presupuesto del Bienestar estamos midiendo y prestando atención a lo que valoran los neozelandeses: la salud de nuestra gente y nuestro medio ambiente, los puntos fuertes de nuestras comunidades y la prosperidad de nuestra nación", dijo el ministro de Finanzas, Grant Robertson, ante el Parlamento.

"El éxito consiste en hacer que Nueva Zelanda sea un gran lugar para ganar dinero y para vivir", agregó el ministro al anunciar este presupuesto que acaparó la atención mundial desde que su primera ministra, Jacinda Ardern, lo anunciara en enero pasado durante el Foro Económico Mundial de Davos.

El experimento presupuestario se produce en un buen momento para Nueva Zelanda, ya que se prevé que su economía crezca un 2,5 por ciento en 2019 y un 2,9 en 2020, a pesar del ralentización de la economía global.

Los ciudadanos que sólo perciben el salario mínimo, de 708 dólares neozelandeses (NZD, 462 dólares estadounidenses-USD-, o 445 euros) brutos semanales, tienen problemas para sobrevivir, especialmente en las capitales, donde el precio de las viviendas es elevado.

Una de ellas es Vicky Freeman, madre soltera que aparece junto a su hija Ruby en la portada del Presupuesto del Bienestar, a quien le faltaba dinero para pagar el alquiler de su vivienda en Auckland y tuvo que emigrar a Australia en diciembre pasado, según el diario New Zealand Herald.

El presupuesto de Ardern busca beneficiar a los sectores más vulnerables de la población, por lo que introduce nuevos gastos en salud mental, la lucha contra la pobreza infantil y la violencia doméstica.

Las arcas públicas también destinarán fondos a proyectos que impulsen el desarrollo de las poblaciones maoríes y del Pacífico y para mitigar los efectos del cambio climático con el objetivo de alcanzar una emisión de carbono cero, excepto la del metano, para el 2050.

En total, el Presupuesto contempla nuevas partidas de unos 25.600 millones de NZD (16.678 millones de USD, 14.981 millones de euros) en los próximos cuatro años, de las cuales unos 1.500 millones de NZD (997 millones de USD o 878 millones de euros) irán destinados a programas para cuidar la salud mental y combatir las adicciones en el país.

El énfasis en la salud mental se da después de que Nueva Zelanda sufriera en marzo pasado un ataque terrorista contra dos mezquitas en el que murieron 51 personas y que fue atribuido al supremacista blanco australiano Brenton Tarrant, por lo que la partida incluye el apoyo a los supervivientes y los familiares de las víctimas.

Tras esa tragedia, el gobierno de Nueva Zelanda introdujo una reforma de la ley de tenencia de armas, que incluía la compra de armas entregadas mediante una amnistía y que le costará al erario unos 168 millones de NZD (109 millones de USD o 98 millones de euros), de acuerdo al presupuesto.

El Presupuesto contempla un superávit de 3.500 millones de NZD (2.280 millones de USD o 2.048 millones de euros) para el año fiscal 2018-19, el cual se contraerá a 1.400 millones de NZD ( 912 millones de USD o 819 millones de euros) para el siguiente año fiscal, mientras que pronostica una deuda del 19,9 % del PIB para el ejercicio de 2021-22.

Por su parte, el líder de la oposición, Simon Bridges del Partido Nacional de Nueva Zelanda, ha declarado que el presupuesto le ha dejado sumamente "decepcionado" porque privilegia "la forma sobre la sustancia", pero la colíder del Partido Verde, Marama Davidson, enfatizó que es "el primer paso para cambiar la manera en que miramos la economía y el lugar que ocupamos en ella".

La iniciativa neozelandesa sigue a la de Bután, que en 2008 introdujo el índice de felicidad nacional para que sirviera como guía de la política de su gobierno, y a declaraciones como las del ex primer ministro británico David Cameron o del expresidente francés Nicolás Sarkozy, que en su momento abogaron por priorizar como criterio el bienestar frente al PIB.

Rocío Otoya