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Trabajadores informales y autónomos de Brasil comenzaron a recibir este jueves un subsidio de 600 reales (unos 120 dólares) aprobado por el Gobierno del presidente Jair Bolsonaro para paliar los efectos económicos de la crisis del coronavirus.

El dinero será entregado mensualmente entre abril y junio a todos los trabajadores informales y, según cálculos del Gobierno, podría beneficiar a más de 50 millones de brasileños -una cuarta parte de la población- cuyos ingresos se verán mermados por las restricciones impuestas por el COVID-19.

El ministro de la Casa Civil (Presidencia), Onyx Lorenzoni, afirmó que en las primeras horas de este jueves 2,6 millones de brasileños ya habían recibido la ayuda, tras solicitarla a través de una aplicación móvil o en la página puesta a disposición por el Ejecutivo en internet.

No obstante, miles de personas se han visto obligadas a realizar largas filas en las sedes de la administración tributaria para regularizar su identidad fiscal, conocida como CPF, la cual muchas veces es bloqueada por la falta de información, entre otros motivos.

Las aglomeraciones se produjeron este jueves en varias ciudades, especialmente en las regiones norte y nordeste, pese a las recomendaciones de las autoridades sanitarias para evitar la propagación de la pandemia, la cual empieza a acelerar en el país.

Según el último balance del Ministerio de Salud, el número de muertos en Brasil por causa del COVID-19 llegó el miércoles a 800, con 133 nuevos fallecidos en 24 horas, mientras que la cifra de casos confirmados también dio un salto exponencial hasta los 15.927.

El subsidio de 120 dólares forma parte de un paquete de medidas lanzado por el Gobierno para combatir las consecuencias del frenazo económico entre millones de brasileños, especialmente los de las clases más pobres, que buena parte viven del trabajo informal.

De acuerdo con el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, los trabajadores informales representan el 40,6 % (38 millones de personas) del total de empleados del país, castigado por unos elevados índices de desempleo.

Bolsonaro se ha respaldado en las estadísticas de paro para justificar su insistencia en la apertura de los comercios y pedir la vuelta de los brasileños a sus puestos de trabajo, desoyendo las orientaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de su propio Ministerio de la Salud.

"Las consecuencias del tratamiento no pueden ser más perjudiciales que la propia enfermedad (...) El desempleo lleva a la pobreza, el hambre, la miseria y a la propia muerte", aseveró este miércoles el jefe de Estado en un nuevo pronunciamiento en cadena nacional de radio y televisión, el quinto que realiza en apenas un mes sobre la pandemia.