EFEMedellín (Colombia)

Vivir entre plantaciones bananeras del Urabá, en el noroeste de Colombia, no definió el futuro de Manuel Cuero, pues el “bichito” del reciclaje lo picó a temprana edad para darle sentido a su existir y bases a su economía con un emprendimiento que aporta en la conservación del medioambiente.

La falta de oportunidades y la escasez de recursos lo llevaron a “meter las manos” en la basura, y se encontró con un mundo de posibilidades al darle valor a elementos que otros desechaban.

“Ahí hay dinero”, decía.

Con tan solo 21 años, Cuero fundó en el municipio de Turbo “Reciclando por un mejor futuro”, una empresa comprometida con el medioambiente que actualmente da empleo a cinco personas y probó en el corregimiento (caserío) de Riogrande que la agricultura no es la única opción laboral.

“Siendo un niño conocí el reciclaje, algo tan hermoso que cambió mi vida. Fue algo que me nació de corazón”, cuenta a Efe el joven, que en 2021 fue nominado al premio Famiempresario Interactuar del Año, en la categoría “Empresa Joven”.

Ese ciclo transitando por las calles sirvió para sumar experiencia y optar por “el lado bueno”, rescatando elementos contaminantes para otorgarles una nueva vida.

“La gente pensaba que yo no iba a ser nadie en la vida”, dice Cuero, el gerente de su propia microempresa.

Hoy pasa horas en su bodega organizando el material que recolecta en la región, especialmente en las fincas bananeras aledañas, a las que llega en un pequeño camión y usando un megáfono para anunciarse.

Botas de caucho, cartón, envases plásticos, hierro, vidrio y nylon hacen parte del botín que recoge en esas plantaciones, una mezcla de residuos recuperados que son clasificados, prensados y vendidos para finalmente ser transformados en Medellín.

RECICLAR PARA PROGRESAR

En un negocio tan incierto y casi que desconocido en su región, donde tuvo que hacer pedagogía y enseñar el impacto del reciclaje en la salud del planeta, no le han sido esquivas las crisis.

“Partir cobijas” con su socio y quedar con 140.000 pesos (unos 35 dólares) en el bolsillo, por poco liquida el sueño.

“Me estaba yendo muy mal y mandé una hoja de vida a una finca bananera, pero gracias a Dios nunca me llamaron”, recuerda.

Se reafirmó como motor de esa empresa, rebuscando opciones, hablando con posibles clientes e invitando a la gente a seguir reciclando, mientras la Corporación Interactuar surgió como un salvavidas con sus créditos y asesorías.

Contar con los recursos para comprar un camión y adecuar un bodega, marcó el crecimiento de “Reciclando por un mejor futuro”, un emprendimiento que ha servido de inspiración en Riogrande, un caserío “alegre y de gente buena”, pese a la violencia que persiste en Urabá.

Para el emprendedor de 27 años, urge ofrecer otras alternativas de progreso para esta zona, ubicada en el departamento de Antioquia.

Cuenta que los jóvenes ya no quieren trabajar en fincas bananeras por las extenuantes jornadas: “son muy matadoras”. Se ilusiona con poder ofrecerles una oportunidad.

“Con mi propia recicladora, con la que estoy descontaminando el medioambiente, mi sueño es convertirnos en una empresa grande, crecer demasiado para darle empleo a todos en el pueblo”, afirma Cuero, quien no olvida su otra misión: “Enseñar a los niños el amor por el reciclaje y tener las calles limpias”.