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A sus 85 años la artista ecofeminista estadounidense Mira Lehr, protagonista de la exposición de uno de los museos de Miami para la próxima Art Basel, cree más que nunca en que si "vives lo suficiente y trabajas duro, suceden cosas" y no teme jugar con fuego si el resultado es una obra de arte.

En el jardín de su preciosa casa de 1929 en Miami Beach, que antes fue de sus padres, Mirabelle, su nombre verdadero, enciende con un cigarrillo que le entrega uno de sus asistentes los regueros de pólvora que surcan una de sus últimas obras.

Rodeada de humo y de los pequeños incendios que provoca el cigarrillo, concienzuda y reflexiva en su tarea, Lehr parece una sacerdotisa de un antiguo ritual ajena a quienes presencian la demostración de algo que es "relativamente nuevo" en su arte.

También lo es, dice en una entrevista con Efe, el haber introducido la escritura en algunas de sus obras, las que tienen que ver con su preocupación por el planeta, por la destrucción de la naturaleza que ella tanto ama.

"Es bastante aterrador lo que está sucediendo" con la naturaleza, dice la artista, solo un par de días después de haber inaugurado en el Museo Judío de Miami Beach "A Walk in the Garden", una exposición que reúne pinturas de gran formato y una instalación hecha con casi 200 piezas de resina coloreada colgadas del techo.

Es la principal oferta del Museo Judío para la Semana de Arte de Miami, que tiene lugar en diciembre con Art Basel como buque insignia, y a Lehr le parece "un milagro", aunque ya está preparando otra exposición para Orlando (centro de Florida) para enero.

Lehr no nació en Miami. Llegó con su familia desde Nueva York a fines de los años 40 cuando aun era una adolescente que camino de la escuela leía cada día un cartel que equiparaba a los judíos con los perros. "No Jews, no Dogs", recuerda.

Ahora expone en lo que fue la primera sinagoga de Miami Beach y está feliz de la oportunidad de airear su trabajo y su mensaje.

Aunque en los años 50 regresó a la ciudad de los rascacielos, donde empezó su carrera artística y se relacionó con muchos pintores y escultores que llegaron a alcanzar reconocimiento de parte del gran público, ella no logró lo mismo.

Cuando se le pregunta si fue por ser mujer, responde que "parcialmente". También influyó que en 1960 se instaló de nuevo en Miami y que no era alguien a quien le gustaba salir a promocionarse, sino que se encerraba en su taller para trabajar "tranquila"

En cualquier caso, dice, era "muy duro" ser artista y mujer en los años 50. "No te tomaban en serio ni siquiera en Nueva York", pensaban que el arte era para nosotras "un 'hobby' (un pasatiempo), pues se suponía que debíamos casarnos y cuidar de nuestros hijos".

En Miami "era aún peor", pero además no fue una "ventaja" para darse a conocer al gran público vivir alejada de las grandes galerías y de los coleccionistas.

La ciudad no tenía "vida artística", pero, sin embargo, a ella le sirvió, porque aquí podía tener a alguien que le cuidara a sus hijos -tiene cuatro y siete nietos- y dedicarse a lo que le gustaba.

En sus inicios se apreciaban claramente en sus obras las formas de flores y hojas, pero con el paso de los años viró paulatinamente hacia la abstracción, hacia "la esencia" de la naturaleza, a sus estructuras, explica con paciencia.

En los últimos tiempos su obra se ha hecho "política", debido a la necesidad que siente de expresar su preocupación por lo que está sucediendo con el clima y porque cree que el arte puede ayudar a que otros comprendan que el planeta "hay que protegerlo y preservarlo".

"Mi patio trasero se ha inundado, el nivel de mar está subiendo, el clima se está calentando", asegura señalando el canal marino que hay a espaldas de la casa donde tiene su hogar y también su taller.

En una de sus últimas obras, por debajo de las formas abstractas que tienen una textura característica lograda mediante capas de papel fino pegadas sobre el lienzo, se leen palabras como "Antártida" o "glaciares" escritas en inglés con una bonita caligrafía.

Están ahí no solo porque transmiten un mensaje, sino porque le gusta "como se ven", explica Lehr, quien subraya a continuación: "No soy una artista conceptual".

De sus juegos artísticos con fuego dice que le interesa ese elemento de la naturaleza porque es "muy espectacular", algo vivo que ocurre instantáneamente y crea formas bonitas y vanguardistas.

Sus obras con pólvora juegan con las ideas de construcción, creación y destrucción, presentes en la naturaleza.

A Mira Lehr le gustaría morirse en su estudio con un pincel en la mano y después de "haber descubierto algo fascinante".

Ana Mengotti