EFEParís

Entre mística y oriental, la colección primavera-verano 2021 de Dior, presentada este martes en la pasarela de París, estuvo cargada de capas bordadas, vestidos fluidos y chaquetas tipo kimono con los que la diseñadora italiana Maria Grazia Chiuri sigue explorando los límites de la feminidad.

Tras casi cinco años al frente de la marca, Chiuri ha dejado claro que su voluntad en Dior es utilizar su influencia para trasladar un mensaje de cambio, que ha quedado estrechamente vinculado al feminismo y la lucha contra el sexismo.

En este desfile, marcado por el contexto sanitario de la pandemia que obligó a reducir el aforo drásticamente, Dior acogió a unos 200 invitados en un pabellón instalado en el jardín de las Tullerías.

En Francia el uso de mascarillas en espacios públicos es obligatorio y Dior ofrecía las suyas propias a la entrada, en tela blanca y con una pequeña etiqueta de la firma. El lujo también ha sabido adaptarse al coronavirus.

EXPRESIÓN ARTÍSTICA

Dentro de la sala, un enorme espacio rectangular y oscuro, destacaron las vidrieras de siete metros de altura concebidas por la artista italiana Lucia Marcucci en el proyecto "Vetrata di poesia visiva": una referencia a las vidrieras de la catedrales góticas creadas en este caso a base de recortes de prensa e ilustraciones laicas, y combinadas con pinturas de Piero della Francesca, Claude Monet o Giotto.

Entre ellas, y al ritmo de un coro compuesto exclusivamente por mujeres -lo que acentuó aún más el carácter casi sacro que Chiuri trató de darle a la colección-, las modelos de Dior lucieron una silueta a medio camino entre vírgenes orientales y feministas de los años 70.

Vestidos largos de corte recto y mangas abultadas, marcadas en la cintura, y kimonos en tejido vaquero o en estampados de cachemira se combinan con románticas camisas de encaje y vestidos de ganchillo a media pierna.

La silueta del "New Look", creada por Christian Dior en 1947, se renueva en tejidos de algodón, mucho más fluidos, o bien con faldas largas de aire folclórico. Incluso en su versión más formal, con chaqueta cruzada sobre camisa y falda a media pierna, el estilismo tiene un aire místico.

En paralelo, Chiuri reinventa la camisa masculina convertida ahora en túnica o vestido o bien combinada con pantalones largos a rayas o "shorts".

Además, recurrió a sus ya conocidos vestidos princesa en tul y telas traslúcidas, que hoy adquirieron un toque bohemio con estampados florales, en "patchwork" o en encaje.

"Estos tejidos, decididamente fluidos, no paralizan las formas sino que se adaptan íntimamente a cada cuerpo, en una alquimia de técnicas y materiales: muselina de seda para los vestidos largos en tonos azules claros y mates, ocre oscuro, naranja claro; muselinas decoradas con brocados de perlas", describió la diseñadora en una nota a los invitados.

FEMINISMO, LITERATURA Y MODA

En términos estilísticos, Chiuri trata de transformar la silueta de Dior a la vez que busca respetar la herencia recibida: marcar forma cuidando el corte de las prendas, pero sin renunciar a la comodidad, una tarea significativa para la que es la primera mujer en dirigir la marca desde su creación en 1946.

Chiuri citó entre sus influencias para esta colección a la escritora Susan Sontag, de quien retomó su afición por las camisas masculinas, y las prendas superpuestas que solía vestir Virginia Woolf. Ambas sirven a la vez de ejemplo estilístico e intelectual.

También se apreció un guiño a uno de los principales rostros del feminismo francés, Simone de Beauvoir, y a los turbantes que solía vestir, pues todas las modelos de Dior llevaron hoy turbantes.

Aunque entre mascarillas y restricciones de viajes internacionales, el desfile no tuvo el carácter de encuentro de celebridades de otras ocasiones, algunos actores internacionales se colaron en las primeras filas como la británica Maisie Williams, conocida por su papel de Arya Stark de "Juego de Tronos", o la colombiana Juana Acosta.

Por María D. Valderrama