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La primera "it girl" fue la reina Victoria de Inglaterra, una mujer que en el siglo XIX se convirtió en un "referente de estilo", como demuestra la exposición "La moda romántica" que se puede ver desde hoy en el Museo del Romanticismo de Madrid.

Así lo explica Eloy Martínez de la Pera, comisario de una exposición que permanecerá abierta hasta el 5 de marzo de 2017 y que es una manera de acercar un siglo aparentemente lejano a la actualidad en la moda.

"Ahora los diseñadores sacan colecciones cápsula y entonces nació la moda estacional", comenta Eloy Martínez.

La reina Victoria de Inglaterra es, en su opinión, la "Olivia Palermo de nuestros días". Ella puso de moda los cuadros escoceses que, hasta entonces, solo lucían los caballeros, una tendencia que las señoras copiaron en el resto de Europa.

Prueba de la influencia de la reina británica en la moda es la utilización del negro en señal de duelo. "Ella estableció el luto", pues fue la primera que se vistió de negro, durante tres años, tras el fallecimiento de su esposo, Alberto de Sajonia, en 1861.

Y el diseño de un vestido de novia de la exposición es un claro espejo del que ella lució el día de su boda.

El palacete que alberga el museo, en pleno corazón de Madrid, transporta al visitante a la vida cotidiana de la alta burguesía del XIX, donde techos altos, delicadas vajillas y lámparas de araña conviven con trajes de novia, vestidos de baile, que pertenecieron a las mujeres que marcaron tendencia en su época.

Un momento que vive el nacimiento del dandi con levitas y chalecos exquisitos. "Lo que hoy vemos en las pasarelas de Milán en el XIX se veía en los salones de una burguesía interesada por la moda" y dispuesta a pagar por ella, señala.

Fue el origen de la moda tal y como la conocemos ahora, en un siglo en el que confluye la revolución textil, la industria química evoluciona para conseguir mayor número de colores en las telas y las revistas muestran diseños que pasaban de mano en mano.

El Museo del Traje ha cedido la mayoría de los vestidos que se pueden contemplar en la exposición, y su asesora científica, Elvira González, desvela que así como el vestuario de la mujer sufre modificaciones a lo largo del siglo, "el masculino casi permanece invariable".

Ellos quieren diferenciarse del "antiguo régimen" y tras la Revolución Francesa optan por colores como el gris, el azul marino y el marrón.

"El pantalón aparece para quedarse", cuenta el comisario de la exposición, y el elemento creativo de su vestuario se concentra en el chaleco, "razón por la que llevan la levita abierta para lucirlo".

Los vestidos de las damas descubren su lujo y esplendor en los diseños de baile donde los "escotes se abren, la cintura cae y la mujer se empieza a exhibir piel", apunta González.

Profusión de detalles, riqueza de adornos, ricos encajes hacen de los vestidos femeninos una manifestación de clase social, que sin embargo, sabe cómo aprovechar sus posibilidades haciendo trajes, con cuerpo y falda, de manera que se pudieran intercambiar con otras piezas y así adaptarlo a un traje de día.

Diseños de carácter escultórico "por el uso del corsé y las crinolinas", que hacían de la falda una campana que impedía la cercanía y requerían mucho cuidado para tomar asiento.

Veintidós vestidos que permiten un paseo por la historia de la moda, por la vidas en las que imaginamos a mujeres "ligeras" y tempestuosas que se pavonean en el salón de baile y otras que sueñan con el día de su boda, con un vestido de novia para la "historia", concluye Eloy Martínez de la Pera.

Por Inmaculada Tapia