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Las interacciones con aspectos sociales y ambientales afectan, para bien o para mal, el desarrollo del lenguaje en los niños, aseguró hoy la lingüista Alejandra Auza Benavides.

Durante la inauguración de la semana de Lingüística en la Universidad Autónoma Metropolitana de Ciudad de México, la experta explicó que el desarrollo cognitivo del infante se ve influido por factores socioambientales y biológicos.

"Estos pueden ser distales, como la economía de su país; intermedios, como la educación, familia o comunidad; o por la propia biología individual, el crecimiento y la psicología", señaló Auza Benavides.

La especialista del Servicio de Foniatría del Hospital General Dr. Manuel Gea González declaró que el trastorno específico del lenguaje puede ser un problema genético, ya que hay factores biológicos que repercuten en el desarrollo del lenguaje de una persona en formación cognitiva.

Pero en el progreso del lenguaje de un pequeño también influye el nivel educativo de los padres, mientras más elevado, mayor entendimiento y buenas percepciones, además de transmitir mejores competencias, estrategias sociales e interacciones familiares.

En tanto que las desventajas sociales y económicas en una familia pueden afectar su formación, pues están en mayor riesgo de desarrollar alteraciones físicas o psicológicas, de salud mental o cognitivas, entre las que destaca el lenguaje.

"Los niños puede presentar además desajustes en las habilidades sociales y escolares que podrían derivar en trastornos internalizados, como la ansiedad, o externalizados, como la violencia", aseguró la experta.

Auza Benavides dijo que los niños pueden presentar un retraso en la aparición de las primeras palabras y a continuación desarrollar un daño cognitivo mucho más severo que tiene que ver con la gramática, aunque no están exentos de presentar dificultades léxicas, pragmáticas y fonológicas.

Explicó que la difusión de información sobre el trastorno específico del lenguaje es relevante pues puede tratarse de un padecimiento invisible.

"Hay niños que lo sufren y sí hablan, pero hablan mal; pueden escribir oraciones, pero las construyen mal, o pueden tener dificultades articulatorias que ocultan en cierta manera el daño", señaló.

En México, dijo, hay muy pocos especialistas en la materia, por ejemplo, en el Hospital Psiquiátrico Infantil sólo hay dos terapeutas y en el Gea González ocho.

"Las escuelas deberían tener por lo menos un terapeuta del lenguaje, como lo hacen otros países, porque es un asunto que debiera atenderse ahí y no en los hospitales. Por eso es preciso que haya mayor vinculación entre los sectores de salud y educativo para atender estos problemas", concluyó la investigadora.