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Ha vuelto a pasar el fin de año sin sus dos hijos, presuntamente torturados y detenidos injustamente por policías federales mexicanos en 2011. Tras siete años de infructuosa odisea para liberarlos, Austreberta Casales se siente "encarcelada".

Los hechos se remontan a junio de 2011, cuando su hija Verónica Razo fue detenida por cuatro hombres vestidos de civil que la trasladaron a un almacén de la Policía Federal. Allí fue golpeada, asfixiada y violada para que firmara una confesión que la inculpaba de un delito de secuestro que no cometió.

Austreberta, que vio impotente cómo se la llevaron, descubrió al día siguiente que su hijo Erick también había corrido la misma suerte que su hermana, y, desde entonces, ha movido cielo y tierra para liberarlos con la ayuda de organizaciones como Amnistía Internacional.

"No puedo más. Son siete años ya. Aunque vivo en libertad, he estado encarcelada porque me he visto con la necesidad de vender para mandarles dinero", cuenta a Efe la madre desolada.

"Todo eso me ha generado problemas de salud, económicos y morales. No tengo alivio", señala.

Se le quiebra la voz cuando habla de sus nietos, uno de 20 años y otro de 13, que llevan más de un lustro viviendo con su abuela lejos de su madre: "les han robado siete años de su niñez", recalca.

A veces los hijos de Verónica le recriminan que siempre les ha dicho que su madre pronto saldría de la cárcel, pero ella confiesa que no puede darles una fecha porque desconoce cuándo van a salir.

Cada 15 días visita a su hija, encarcelada en el central estado de Morelos. Para verla, tarda tres horas en transporte público desde Ciudad de México hasta el penal, donde puede estar cuatro horas.

Erick está encarcelado algo más lejos, en el oriental estado de Veracruz.

"Gracias a Dios, mis hijos han tenido atención psicológica dentro de los penales. Están desesperados, pero creo que reaccionan bien y tienen presente que estamos luchando para que salgan. Tienen muchas ganas", dice su madre.

Ni Verónica ni Erick disponen de sentencia firme y llevan siete años en prisión preventiva porque la Procuraduría General de la República (PGR, Fiscalía) mantiene la acusación de secuestro contra ellos con base en la confesión que firmaron de manera forzosa.

"(A Verónica) le hicieron firmar una confesión de algo que no había hecho. Le dijeron que me harían lo mismo a mí si no firmaba", dijo la madre, quien sostuvo que a sus dos hijos les obligaron a leer su confesión ante una cámara y, si no leían, apagaban el aparato y les golpeaban.

La misma Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), organismo público mexicano dedicado a velar por los derechos de los ciudadanos, acreditó ante la Fiscalía que los hermanos Razo habían sido víctimas de tortura, detención arbitraria y retención ilegal.

Sobre el delito que se les imputa, Austreberta supone que sí hubo un secuestro, pero que unos policías federales "armaron un truco" para inculpar a sus hijos y, aunque sostiene que no hay pruebas para incriminarlos, las autoridades "no han querido escuchar".

En diciembre, Amnistía Internacional presentó ante la Fiscalía 135.000 firmas exigiendo la liberación de Verónica, pero "ni tan siquiera nos salieron a recibir", recriminó Austreberta.

Por contra, sí se ha sentido arropada por organizaciones sociales nacionales e internacionales, así como por la discográfica en la que trabaja, lugar al que tuvo que regresar pese a haberse jubilado para pagar los costos judiciales y ayudar a sus hijos.

El mes pasado pudo retratarse junto a sus dos hijos durante las fiestas de Navidad celebradas en sendos penales, siendo las primeras fotos que tiene de ellos desde el 11 de mayo de 2011.

Desconoce por completo cuándo podrá volver a fotografiarse con ellos, ya que mientras permanezcan encarcelados, la incertidumbre mantendrá a Austreberta en la "cárcel sin celdas" en la que lleva siete años.