EFEUSALos Ángeles

Las mujeres transgénero de origen latino sufren vulnerabilidad, discriminación y abuso sistemático en todos los ámbitos de su vida, por lo que exigen el fin de la actual ola de violencia física dirigida hacia este colectivo, denuncian a Efe un grupo de expertos y víctimas.

"Han incrementado un poco los crímenes de odio hacia la comunidad transgénero y, aunque no sabemos el porqué, quizá se deba a los movimientos y denuncias del LGBT (lesbianas, gais, bisexuales y transgéneros) que lucha por nuestros derechos", aseguró Leslie Frías, una mujer transgénero mexicana que trabaja como educadora para la organización Bienestar en Los Ángeles.

La activista hizo así referencia a las estadísticas difundidas hace unos días por el "Proyecto Contra la Violencia de la Ciudad de Nueva York" (NCAVP).

Según esta organización, se han registrado 22 homicidios en la comunidad transgénero en lo que va de año, lo que convertiría al 2015 en el año más sangriento para este grupo en Estados Unidos. Dentro de este grupo diecinueve de las víctimas eran mujeres afroamericanas.

A pesar de los fatídicos datos, la educadora señaló el 2015 como "el año de la comunidad transgénero, ya que pusieron el tema en la conciencia de la comunidad".

Frías, que emigró a Estados Unidos tras estudiar turismo en la Universidad de Guadalajara en México, explicó que cada año cientos de mujeres transgénero acuden a Bienestar para pedir apoyo educativo, social, médico y ayuda psicológica.

"Tendremos unas 300 chicas latinas que vienen con distintas necesidades, como ayuda de tipo legal o las hormonas, que son tan importantes en el proceso de transición", aseveró la educadora.

"El problema es que hay muchas chicas que no saben cómo navegar el sistema y dónde conseguir ayuda", agregó.

La experta también advirtió que, debido a la discriminación, más del 90 por ciento de las mujeres transgénero malvive de la prostitución, lo que agudiza el estigma sobre el colectivo y las expone a más violencia.

"Hacen trabajo sexual porque no tienen recursos y gente que las ayude", aseguró Frías, quien matizó que "además de la falta de oportunidades, la problemática empieza en los centros de trabajo. Los compañeros rechazan a la persona, empiezan con las bromas o no hay un protocolo para decidir a qué baño deben ir".

En California, la ley permite que un individuo transgénero cambie de nombre y sexo en su documento de identidad.

Para hacerlo, debería presentar ante un juez pruebas médicas que certifiquen que está recibiendo tratamiento para realizar la transición de hombre a mujer o viceversa.

La activista también explicó que, aunque los avances en Estados Unidos en favor de la igualdad han sido tímidos, este país sigue siendo un ejemplo para Latinoamérica, donde la situación es mucho más preocupante.

"En América Latina, la dinámica es más fuerte porque allá no hay tanta ley ni recursos", aseguró la activista.

"El machismo y la religión influyen para que la comunidad tenga menos oportunidades, sea marginalizada, y todo esto genera violencia entre las parejas transgénero", recalcó.

Esta mañana, cuatro activistas transgénero de la organización no lucrativa ASPIDH Arcoiris de El Salvador desembarcaron en el Centro de Recursos Centroamericanos (CARECEN) en Los Ángeles para pedir ayuda y denunciar los 19 asesinatos cometidos contra este colectivo este año.

Una de las víctimas, Francela Méndez, era activista de derechos humanos en el país centroamericano.

"Estamos haciendo esta visita para buscar alianzas con grupos LGBT y financiamiento para poder tener un albergue para las personas trans que tienen problemas con su familia o la sociedad", aseguró a Efe Maybelline Rivas, directora de la ONG.

"Hemos recibido amenazas de muerte y todas tenemos temor y, cuando salimos de casa, no sabemos si vamos a regresar", denunció.

Rivas comenzó a expresar su identidad femenina a los diez años, vistiéndose y comportándose como una niña. Sus padres la expulsaron de casa y, durante años, vivió en la calle abandonada a su propia suerte.

"En El Salvador, cualquier persona que decide expresar su identidad, toda la gente te discrimina, te sacan de tu escuela, te niegan el derecho al trabajo, el derecho a la vivienda. Por eso las personas trans no terminan sus estudios y acaban haciendo trabajo sexual", explicó la activista.

De su parte, a sus 17 años, la salvadoreña Camila Portillo se animó a contarle a su madre que se sentía como una mujer.

"Mi madre me dijo que lo sabía, que era muy evidente porque me encargaba de cuidar a mis hermanas menores y les peinaba, les cuidaba mucho, les hacía de comer", explicó.

"Pero me dijo que no se lo contara a mi papá, que era muy machista", agregó. A los 19 años, Portillo decidió expresar abiertamente su identidad femenina y su padre la expulsó del hogar.

La activista comentó que tampoco encontró el amparo médico para realizar la transición a mujer.

"Todo es artesanal. No hay tratamiento hormonal. Introducimos las sustancias de manera clandestina, nos automedicamos", explicó esta mujer transgénero que se encontró con enormes dificultades para seguir adelante.

Debido a la falta de ayudas y a la enorme presión que sufre este colectivo en El Salvador, Maybelline Rivas advirtió que muchas de las mujeres transgénero, y especialmente las adolescentes, acaban suicidándose.