EFEMéxico

Ya suman 103 defensores ambientales asesinados en México desde 1995. Además de las muertes, hay agresiones y conductas que ahogan un discurso que genera interferencias a "un sistema basado en la explotación del capital natural", aseguró la especialista Lucía Velázquez.

"Detenciones ilegales, agresiones físicas, criminalización y amenazas verbales" se suman a los asesinatos a sangre fría perpetrados por actores que van desde el Estado y organizaciones criminales a grandes corporaciones internacionales, dijo esta experta en ciencias ambientales en entrevista con Efe.

"La principal causa de la crisis ecológica está en la mercantilización de los procesos naturales", indicó, argumentando que "este proceso de destrucción ambiental ha ido en aumento a partir de la entrada de un modelo neoliberal".

Velázquez, del Instituto de Investigación en Ecología y Sustentabilidad (IIES), realizó en 2015 una amplia investigación que indagó en esta violencia, tal vez no tan prominente como los feminicidios o los crímenes contra periodistas, pero que supone un ataque a "uno de los derechos humanos fundamentales".

"Todos tenemos derecho a un medio ambiente adecuado, sano", afirmó al destacar que más de un centenar de personas han sido asesinados por defenderlo.

Es "una cifra preocupante en México", señaló la investigadora egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Además, de acuerdo con el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda), de 2011 a 2016 se han registrado más de 500 agresiones en el país.

Los blancos suelen ser los líderes, fundadores y voceros de organizaciones ambientales y los jóvenes activistas que trabajan con ellos, todos ellos "atacados fuertemente".

Pero existe otro grupo, los llamados "defensores del territorio" -dedicados a preservar la identidad, la costumbre y la colectividad de las regiones- y que en su mayoría suelen ser campesinos o personas de origen indígena.

En cualquiera de los casos, el fin es el mismo: "los defensores ambientales son agredidos para amedrentar".

El modo de proceder "depende mucho del caso", pero, generalmente, los ambientalistas "suelen ser interceptados cuando van saliendo de una reunión" y las balas atraviesan fugazmente los vidrios de su vehículo.

La experta indicó que los defensores ambientales "están luchando no solo por un recurso, como puede ser el agua o la vegetación, sino (...) por una forma de vida".

En su tesis, "Defensores ambientales y derechos humanos en México 1995-2015", distingue hasta 7 actores involucrados, entre ellos el Estado, el crimen organizado y las corporaciones nacionales e extranjeras.

En el caso del Estado, Velázquez indicó que "mediante un discurso de desarrollo y progreso de políticas públicas se ha favorecido al sector privado sobre los bienes comunes".

No existe una correcta "valorización de la naturaleza como un bien inconmensurable, relacionado con la vida", lamentó.

Añoró una actitud "paternalista" por parte del Estado, algo que se percibe en "su discreción en la aplicación de sus facultades en materia ambiental" y en la impunidad con la que actúa la justicia en las investigaciones.

Hay acciones cuya insidia es poco perceptible, pero que igualmente generan conflicto, "como la privatización de recursos sin una consulta previa".

Los alcaldes también están directamente involucrados y "no tienen ningún inconveniente en utilizar a las fuerzas de seguridad", mientras las empresas velan "por sus intereses económicos" a través de intermediarios o la seguridad privada que tienen contratada.

A estos se le suman los grupos armados, "como el caso de los talamontes", que atemorizan al municipio de Cherán, en el occidental estado de Michoacán -donde nueve ambientalistas han sido asesinados-, cuyos bosques están siendo depredados.

Sus habitantes -quienes tienen una identidad muy ligada a los bosques- ven cómo el grupo pasea armado, exhibiendo los troncos recién talados por todo el pueblo, jugando perversamente "a la intimidación", indicó.

La población se plantea si marcharse lejos de su hogar, ya que resulta imposible permanecer ajeno a la violencia y las amenazas.

Velázquez concluyó con una mezcla de lamento y orgullo por las pobladores de Cherán, por Rodolfo Montiel y Teodoro Cabrera, encarcelados injustamente y luego galardonados con un premio internacional de activismo ambiental y, finalmente, "por todos los pueblos originarios que defienden su territorio".