EFEParís

Altercados limitados protagonizados por la facción más radical y una baja movilización marcaron esta sábado la jornada de protestas de los "chalecos amarillos", cuando se cumple un año de este movimiento que, entre otras cosas, llevó al presidente francés, Emmanuel Macron, a dar un giro social a su política.

París, y más en concreto la plaza de Italia al sureste de la ciudad, fue durante horas el centro de las tensiones entre grupos de manifestantes que, con el rostro cubierto para ocultar su identidad, se dedicaron a levantar barricadas, incendiarlas y quemar también coches y motos.

Armados de adoquines y de todo lo que encontraban a su paso, destrozaron paradas de autobús, mobiliario urbano, quioscos o escaparates de comercios.

Las fuerzas del orden actuaron con cargas y gases lacrimógenos para dispersarlos.

Ante la situación, la prefectura de Policía impidió una manifestación que debía salir de la plaza de Italia para evitar que los disturbios se extendieran a su paso.

Además de la plaza de Italia, hubo de destrucciones y choques con las fuerzas del orden en otros puntos de París.

Por la mañana decenas de "chalecos amarillos" cortaron a la altura de la Puerta de Champerret la circulación en el periférico, la autopista de circunvalación de la capital, pero fueron desalojados en unos minutos por los antidisturbios.

Dos marchas convocadas que reunieron en total a apenas unos pocos miles de personas recorrieron la ciudad, fuera de los barrios donde la prefectura de Policía ha prohibido cualquier acto de protesta durante el fin de semana.

Eso incluye los Campos Elíseos, la catedral de Notre Dame, la Asamblea Nacional, la torre Eiffel, el Trocadero, el palacio de Matignon -residencia oficial del primer ministro- o la zona de los grandes almacenes en torno a la estación ferroviaria de Saint Lazare.

Decenas de personas que trataron de saltarse esa prohibición fueron multadas. Algunos grupos de manifestantes, jugando al gato y al ratón con la policía, se dispersaron y causaron desperfectos a su paso, por ejemplo en el centro comercial de Les Halles a última hora de la tarde.

Hasta las 18.30 hora local (17.30 GMT), 120 personas habían sido detenidas, indicó a Efe un portavoz de la Policía.

Fuera de París, hubo decenas de convocatorias por toda Francia, en este 53 sábado consecutivo de movilizaciones desde que empezó el movimiento de los "chalecos amarillos" el 17 de noviembre de 2018, y se registraron incidentes en ciudades como Lyon, Nantes o Burdeos.

Como ha ocurrido últimamente, los extremistas violentos se hicieron con el protagonismo de una protesta muy minoritaria desde hace meses, pero que ha dejado huellas profundas Francia.

Las protestas supusieron un parón en el ritmo de reformas de Macron, que se han reanudado en particular con la de las pensiones, que en menos de tres semanas se va a ver confrontada con las huelgas y manifestaciones que amenazan con paralizar el país a partir del 5 de diciembre.

Cuando ahora hace un año estalló el movimiento con la subida de los impuestos a los carburantes como desencadenante y cientos de miles de personas salieron a la calle, el presidente trató de dar una primera respuesta el 10 de diciembre, con un paquete de medidas sociales y fiscales evaluadas en 11.000 millones de euros.

A ese paquete, en el que destacaba la subida del salario mínimo y la exoneración de cotizaciones para las horas extraordinarias, se sumaron a finales de abril la rebaja del impuesto sobre la renta centrada en las clases medias y la indexación de las pensiones más bajas con la inflación.

En total, unos 17.000 millones de euros de gasto público que, según el Instituto Nacional francés de Estadística (INSEE), aumentaron el poder adquisitivo en un 2,3 %, el mayor incremento desde 2007. Un giro con respecto a la línea mantenida hasta entonces por el que era tildado como el "presidente de los ricos".

Otra de las consecuencias ha sido el impacto de las protestas de los "chalecos amarillos" en la actividad económica, pues el INSEE ha calculado que restó una décima al producto interior bruto (PIB).

Ángel Calvo