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Armenia es Europa, pero Rusia es nuestro aliado, asegura a Efe el ministro de Exteriores de Armenia, Zohrab Mnatsakanián, quien reconoce que para cualquier país ese es un equilibrio "muy difícil", pero vital para garantizar la seguridad de un país enfrentado a Azerbaiyán y enemistado con Turquía.

"Dicen que cabalgamos dos caballos. No. Montamos sólo un caballo, el de Armenia", afirmó el ministro durante una entrevista por videconferencia.

EQUILIBRIO ENTRE RUSIA Y LA UE

Mnatsakanián subrayó que el principio clave de la política exterior de Armenia es "no forjar relaciones con un socio a expensas de otro", ya que esa "irresponsable" actitud únicamente fomentaría la "inestabilidad" en la región.

"Tenemos unas relaciones muy importantes con Rusia, una relación de aliados (...) con muchos intereses comunes", señaló y mencionó la seguridad, ya que Moscú tiene una base militar en territorio del país caucasiano.

Pero resaltó que Ereván tiene relaciones especiales con numerosos países miembros de la Unión Europea (UE), desde Francia a Grecia, y que Bruselas contribuye al desarrollo de los valores democráticos y el Estado de derecho en un país que vivió una revolución pacífica en 2018.

"La UE es un socio extremadamente importante. Es economía, es comercio, son instituciones democráticas", explicó.

Insiste en que Armenia "es parte de Europa" o, para ser más específicos, "el flanco oriental de Europa".

"Algunos dicen que es una contradicción. Por supuesto, es un equilibrio muy difícil. ¿Cómo encontrar un equilibrio? Pero es algo que está en el interés de Armenia", aseveró el ministro armenio.

PARALELISMOS CON BIELORRUSIA

Mnatsakanián no admite comparaciones entre la revolución que aupó al poder al primer ministro, Nikol Pashinián, en 2018 y las multitudinarias protestas antigubernamentales en otra antigua república soviética, Bielorrusia, pero el paralelismo es inevitable.

En su opinión, al ser preguntado sobre Bielorrusia, la lección que hay que extraer de la revolución armenia es que "fue un proceso que concernió sólo y exclusivamente a los armenios, a nadie más".

"La mejor lección es que nosotros denegamos la geopolítica en Armenia. Logramos lo que logramos y estamos satisfechos", subrayó.

Y es que el principal aliado de Ereván, Moscú, se mantuvo al margen de las protestas en Armenia, postura de no interferencia que al principio confundió a los analistas.

"Esperemos que se encuentre una solución en Bielorrusia. Pero la clave es que la solución esté en manos de la sociedad bielorrusa, de los ciudadanos bielorrusos", indicó.

Recordó que Armenia y Bielorrusia tienen una "muy buena relación", tanto en el plano bilateral como en el multilateral.

COMBATES CON AZERBAIYÁN

Mientras, las tensiones con la vecina Azerbaiyán sobre el enclave de Nagorno Karabaj no cesan.

El ministro consideró "muy peligroso" lo ocurrido a mediados de julio, cuando estallaron combates en la frontera entre ambos países en la región de Tavush, donde murieron casi una veintena de personas entre militares y civiles.

"Fueron atacadas nuestras posiciones, pero también fue atacada la población civil. En cuatro días repelimos el ataque y rechazamos la agresión", denunció.

Cree que la motivación tras los ataques es el deseo de los dirigentes azerbaiyanos de promover los "ánimos antiarmenios" entre su población y la insistencia en imponer "una solución militar".

"Quizás estaban probando nuestras defensas militares en esas posiciones. Nosotros no estamos interesados en una escalada militar", apuntó.

Al respecto, Mnatsakanián insiste en que el Gobierno armenio ha sido siempre "muy claro".

"No hay solución militar al conflicto. La opción militar significa la conflagración y el incendio de la región, la total desestabilización. Y esa no es una opción", aseguró.

Y advierte que tanto Armenia como Nagorno Karabaj, cuya soberanía enfrenta a ambos países, tienen "suficiente capacidad" para defenderse.

"Todos hemos apoyado el cese del fuego durante la pandemia (...), también Nagorno Karabaj. Azerbaiyán no lo ha hecho. Armenia sigue siendo el único garante de la seguridad de Nagorno Karabaj. Armenia tiene suficiente capacidad de defender e infligir daños a Azerbaiyán", apuntó.

PAZ Y ARREGLO EN NAGORNO KARABAJ

Ereván cree que lo mejor para la estabilidad regional sería fortalecer el régimen de cese del fuego vigente desde 1994 con "mecanismos de control" que eviten escaladas y que "señalen" a la parte responsable de la violación de la tregua.

"Pero Bakú ha estado evitándolo. Harían bien en aceptar. Ahora la prioridad es la desescalada. Eso es lo más importante", subrayó.

Criticó la postura de Azerbaiyán de que parece estar haciéndole un "favor" a Armenia al no reanudar las acciones militares.

"Y que por ello nosotros deberíamos hacer concesiones durante las negociaciones. De lo contrario, es la guerra. Nosotros hemos rechazado esa postura. Nosotros no negociaremos bajo ninguna condición o amenaza", dijo.

Consideró, no obstante, que la reanudación de las negociaciones de paz no sólo es algo "posible", sino "necesario".

"No hay alternativa al arreglo pacífico. Estamos totalmente preparados para continuar lo antes posible", dijo, y recordó que el último contacto fue en enero, proceso interrumpido por la COVID-19.

Desde que asumiera el poder, Pashinián apuesta por un "compromiso" que sea "aceptable" para los pueblos de Armenia, Azerbaiyán y Nagorno Karabaj". “Nadie puede esperar una solución a expensas de Armenia o de Nagorno Karabaj", señaló.

Al respecto, Ereván tiene dos prioridades: el reconocimiento del derecho de autodeterminación "sin limitaciones" de Nagorno Karabaj y unos acuerdos de seguridad que impidan la reanudación de las hostilidades.

"Para nosotros todo empieza con la seguridad. La seguridad física y existencial de Nagorno Karabaj. Pero la seguridad es una cuestión y el estatus de Nagorno Karabaj otra", subrayó.

Y defendió la participación en el proceso de paz de las autoridades de Nagorno Karabaj, ya que recibieron el mandato de su pueblo para negociar.

TURQUÍA, EXPORTADOR DE INESTABILIDAD

Admite que Turquía es un país clave para la seguridad de Armenia y de toda la región del Cáucaso Sur, pero se muestra pesimista sobre una posible normalización de sus relaciones, ya que Ankara insiste en no reconocer el genocidio cometido por el Imperio Otomano y en negarle el derecho a la justicia a millones de armenios.

Acusa al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, de desaprovechar la oportunidad que surgió en 2009 con la diplomacia del fútbol.

"La política de apaciguamiento de Turquía ha demostrado hoy sus limitaciones", señala.

Armenia ve que Turquía fomenta "políticas de inestabilidad y agresión" y, mientras todos los países llaman a frenar la escalada con Azerbaiyán, Ankara hizo "todo lo contrario" al instigar el conflicto y aprobar maniobras militares conjuntas con Bakú.

Mnatsakanián denuncia que la negación del genocidio, las amenazas, el bloqueo económico y el apoyo total a Bakú representan una "amenaza para la seguridad de Armenia".

"Mientras Turquía dice que no quiere problemas con sus vecinos, en realidad es un exportador de inestabilidad y agresividad para todo su vecindario y esa política es exportada al Cáucaso Sur. Nosotros no podemos permanecer indiferentes", señaló.

Ignacio Ortega